Verso Libre

Nuestro tiempo

Aprender de los errores propios sería la verdadera novedad en la historia de la izquierda española.

Debate, crítica, autocrítica, análisis, discusión, interpretación, valoraciones… Desde la barrera asisto a la resaca electoral y a las respuestas que unos y otras dan al panorama político que han dejado las urnas. Todo está bien y se comprenden los estados de ánimo que acarrean las ilusiones, desilusiones, falsas esperanzas, deseos contrariados y datos imprevistos. Pero las polémicas y los exámenes de la situación deben servir para recordar más que para olvidar, y yo no quiero olvidar una cosa: Unidos Podemos cuenta en este Parlamento con 71 diputados.

Hablo de recordar y de olvidar porque el poder en la sociedad del espectáculo es una cuestión de tiempo, de control de los tiempos, de prisas para el olvido en la definición de los debates. Y creo que hay mucho interés en convertir en noticia vieja el acontecimiento democrático de que a la izquierda del PSOE se haya configurado un espacio político de 71 diputados.

Críticas y autocríticas se pueden hacer muchas, pero no es conveniente que sirvan para acatar el tiempo impuesto por los adversarios. El análisis de la realidad no puede limitarse a una comparación con las expectativas levantadas por las encuestas. La degradación del periodismo deportivo es uno de los síntomas más certeros de la mercadería mediática en la que vivimos. Se sacrifica la información veraz en nombre de la acumulación de audiencias. Las encuestas han jugado un papel semejante a la hora de crear miedos y moderar las pasiones y las compasiones de la gente.

Me niego a comparar el resultado de Unidos Podemos con una encuesta a pie de urna, me niego a sustituir con esa realidad virtual el tiempo de mi historia y de mi vida. Yo me acerqué a la política en los años 70, heredé el orgullo democrático de un PCE que durante décadas había supuesto el eje de la oposición a la dictadura. En las elecciones de 1977, el partido sacó 20 diputados. Al año siguiente, llegó a su máximo histórico con 23 diputados, un resultado pobre que no llegó a superar IU en sus mejores momentos. Antes, cuando en 1982 barrió el PSOE con 202 diputados, el partido se quedó con 3. La alegría que sentí entonces por la victoria de la izquierda estuvo empañada por unos resultados catastróficos para mi opción. Estuve como interventor en una mesa y llevé a la sede un acta con tres votos.

Ya sé que aquel partido no tiene nada que ver con el PCE de hoy. Ya sé que se han hecho muchas cosas mal en la dirección de Izquierda Unida. Ya sé que no todas las estrategias de Podemos han sido un acierto. Ya sé que se han generado muchos rencores innecesarios por falta de fraternidad y sectarismo. Ya sé… Pero los análisis y las autocríticas deberían servir para tomar conciencia de nuestro propio tiempo, no para someterse a un vértigo ajeno. Los creadores de realidades virtuales han favorecido la permanencia de una derecha neoliberal y han evitado una victoria de la izquierda. No se olvide para el futuro. Pero tampoco se olvide de ayer para hoy que han pagado una factura alta:

  1. Hay un grupo parlamentario a la izquierda del PSOE con 71 diputados.
  2. El PP ha pasado de gobernar con una mayoría absoluta de 186 diputados a tener 137. Esta debilidad va a mejorar mucho la vida española.
  3. Casi 3 millones de votos han abandonado al PP desde 2011, avergonzados por los escándalos de corrupción. Es un dato a tener en cuenta en un país sin tradición de virtud pública a causa de la larga herencia franquista y de la hipocresía clerical de los señoritos acostumbrados a bautizar a sus hijos los domingos por la mañana, después de haberse ido de putas los sábados por la noche.
  4. Quedan muchas movilizaciones que realizar en defensa de la educación y la sanidad, en favor de los derechos sindicales, la dignidad laboral, la independencia de los medios de información pública, y en contra de las leyes mordaza, la soberbia de los bancos y el recorte de los derechos civiles. Y eso va a generar espacios de confluencia en la calle, si es que se consigue que las reivindicaciones vuelvan a la calle.

Para aprender de los aciertos y de los errores es conveniente habitar el tiempo propio. Es decir: ser conscientes del tiempo que se vive y no aceptar los tiempos ajenos a la hora de criticar, autocriticar, discutir, decidir… Aprender de los errores propios sería la verdadera novedad en la historia de la izquierda española.

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