Plaza Pública

Iglesias, Errejón: la encrucijada de Podemos frente al debate de las ideas

José María Sánchez Ródenas

A pesar de la lectura simplista, y a menudo interesada, de centrar el debate entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en una lucha de egos por el poder, y de no apreciar entre ambos más que diferencias puramente estratégicas, resulta evidente que las diferencias políticas entre Iglesias y Errejón son claramente ideológicas, y van más allá del marco estratégico.

Pablo Iglesias ahora acusa a Íñigo Errejón de crear un partido político nuevo tras su incorporación a "Más Madrid” como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, formando tándem con la candidata a la alcaldía Manuela Carmena; algo que obviamente no se ajusta a la realidad ya que "Más Madrid" es una plataforma electoral de ámbito exclusivamente madrileño. Pero él, Iglesias, no tuvo, sin embargo, ningún reparo en constituir un nuevo partido político: "Unidos Podemos", que fue registrado en noviembre de 2016, sin efectuar ninguna consulta previa a los inscritos en Podemos, siendo el promotor legal del nuevo partido Pablo Manuel Fernández Alarcón, abogado de Podemos y marido de la diputada por Toledo Gloria Elizo. Y es la constitución de Unidos Podemos el punto de inflexión, y de no retorno, en las diferencias políticas entre Iglesias y Errejón.

Pablo Iglesias, cuyo origen político está en las Juventudes Comunistas del PC, apostó ya en las elecciones del 26J de 2016 por la unidad de acción con IU, a través de la entonces coalición de "Unidos Podemos", aunque eso supusiese que Podemos se posicionase en el ámbito de la izquierda comunista, renunciando a los principios apartidistas y populistas del Movimiento 15M, que habían inspirado su nacimiento. Este cambio de rumbo ideológico lo aborda Iglesias llevando a cabo cambios organizativos, –ya iniciados con el cese de Sergio Pascual como secretario de organización y su sustitución por Pablo Echenique–, lo que se traduce en el hecho de rodearse de un círculo pretoriano de afines que, como él, provenían de las juventudes comunistas, como Rafa Mayoral, Irene Montero, Juanma del Olmo, etc. Con esta apuesta Iglesias optó por un partido de izquierdas que, por un lado, fuera heredero de la tradición comunista de IU y, por otro, superara organizativamente su techo electoral; algo que se materializaría orgánicamente tras la celebración de Vistalegre II, y la purga de cualquier signo de disidencia interna.

Con la pérdida de cerca de un millón de votos en las elecciones del 26J de 2016 y la constatación de que la coalición "Unidos Podemos" no funcionó, se inicia el paulatino declive de Podemos, algo que ya en febrero de 2017, después de celebrada la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II, pronosticó en dos artículos la agencia de noticias Pressenza, uno de los cuales llevaba proféticamente el título de "Podemos, un intento fallido", y que ahora cobra actualidad cuando Pablo Iglesias en su intervención ante el último Consejo Ciudadano alertaba de lo que él llama "Izquierda Amable", término con el que de forma peyorativa intenta identificar la opción política de Errejón, al mismo tiempo que se arroga la coherencia y la pureza de la izquierda.

Es notorio que, hoy por hoy y hasta la fecha, en el discurso de Pablo Iglesias no haya el menor signo de autocrítica, ni la menor asunción de responsabilidades, ya no sólo por el desafecto de los votantes de Podemos hacia un proyecto claramente a la deriva, sino también por su pérdida de popularidad tanto entre la ciudadanía como entre los propios inscritos de Podemos. La actitud de Iglesias refleja una huida hacia adelante, en la que además de asumir que nunca va a alcanzar la presidencia del gobierno, comienza a conformarse con superar los resultados que en las últimas legislaturas obtenía IU.

Para finalizar este pequeño análisis quiero centrarme en lo que hoy representa Pablo Iglesias y su ortodoxia neocomunista en el panorama político nacional; y en lo que quiere representar Íñigo Errejón, después de desprenderse del corsé y la tutela del aparato pablista de Podemos, que le impedía conformar un equipo y perfilar un proyecto atractivo para competir con garantías por la presidencia de la Comunidad de Madrid, para ofrecer así una alternativa política a un partido, Podemos, del que fue fundador, y que agoniza antes de haber alcanzado la mayoría de edad. Y es ahora cuando cabe hacer referencias explícitas al contenido profético de los artículos de Pressenza.

Decía Pressenza, en su artículo "Podemos, un Proyecto Fallido", que la victoria de Pablo Iglesias en el Congreso de Podemos de Vistalegre II había supuesto el triunfo de una izquierda "de puño en alto", tradicional y decimonónica, vieja conocida del poder, que nunca podría aspirar a gobernar, y que había cercenado las esperanzas del inclusivo Movimiento 15M, en cuyo ADN estaba el principio transversal de "no somos de izquierdas ni de derechas", representado en Podemos por Íñigo Errejón.

Igualmente, en su artículo "Iglesias, Errejón, lo que no se dice en los medios", Pressenza apuntaba que “desde las posiciones clásicas de derecha e izquierda”, Pablo Iglesias podía ser identificado como el revolucionario, con posiciones políticas más radicales, asociadas a una posición "salvacionista" de la población; pero si consideramos la aspiración de una profunda transformación de la sociedad, con nuevos valores y nuevas formas de construir una nueva realidad al servicio del ser humano, Íñigo Errejón es el político innovador y el verdadero revolucionario, cuyo objetivo se centra en conectar y representar a la gran mayoría de la población, que está siendo diariamente estafada por una minoría oligárquica que ejerce el poder, empobreciéndola cada vez más, mientras esa oligarquía se hace cada vez más rica.

En este sentido, resulta evidente que si el estallido del 15M provocó el miedo del sistema, como representante del poder de las clases dominantes, esta inquietud y temor se consiguió con la espontaneidad revolucionaria de un movimiento popular, transversal y apartidista. Por eso, si algo podía venirle bien al sistema era la reconversión de este movimiento en un partido tradicional de la clásica izquierda comunista, con un techo electoral contrastado, fácilmente neutralizable y que por tanto no supondría ningún peligro para ese sistema. Esta es la causa por la que Unidos Podemos ni concitó ni concita los apoyos iniciales de Podemos, ni genera ningún miedo al poder de la oligarquía dominante. En definitiva, Pablo Iglesias se ha convertido en un garante más del statu quo del sistemastatu quo, y su presencia electoral terminará siendo puramente testimonial.

Frente a este modelo, la opción política que representa Íñigo Errejón, si bien no está contrastada y por tanto no puede garantizarse su capacidad para conseguir el cambio transformador que preconiza, sí es cierto que supone la superación de la dialéctica izquierda-derecha, para asumir también la dialéctica arriba-abajo, y la recuperación del carácter apartidista del Movimiento 15M. Lo que para Iglesias es una "izquierda amable", que no da miedo, es en realidad una opción que pretende superar el techo de cristal de la izquierda, recuperando las esencias de un populismo bien articulado que amplíe sus bases, dando voz a una mayoría interclasista de la ciudadanía afectada por la globalización y la oligarquía que la controla y explota. Lo verdaderamente revolucionario del planteamiento político de Errejón radica en el principio de devolverle a la ciudadanía su derecho y capacidad para participar en política, mediante la extensión y consolidación de un movimiento populista transversal, como un instrumento necesario para la consecución de una verdadera democracia popular, y cuya presencia y participación en las instituciones debe servir para facilitar la construcción de amplias alianzas con todas las fuerzas progresistas (colectivos, organizaciones sociales y partidos políticos) que favorezcan el cambio, un cambio transformador que la ciudadanía pueda percibir día a día, y que debe materializarse en cumplimiento de los objetivos programáticos y promesas electorales.

En cuanto al miedo que al sistema le puede generar el proyecto político que hoy representa Íñigo Errejón, será el tiempo el que determine tanto el éxito como el fracaso electoral de su opción, pero de momento las reacciones que en determinados ámbitos ha provocado su decisión de coaligarse con Manuela Carmena para luchar por la presidencia de la Comunidad de Madrid son de rechazo, un rechazo que pone de manifiesto la inquietud por el peligro que su opción supone, para el triunfo de la derecha y para el mantenimiento del statu quo de los poderes del sistema. En este sentido, Pablo Iglesias ha recibido el apoyo explícito de destacadas firmas de la prensa de la derecha, como Francisco Marhuenda o Eduardo Inda, preocupados por la movilización que en la ciudadanía madrileña puede provocar el tándem electoral Carmena & Errejón; o de viejas glorias de la política española como Felipe González, preocupadas porque pueda reaparecer un movimiento heredero del 15M que vuelva a cuestionar y a poner en jaque al sistema al que representan. Todos ellos han terciado en el debate interno de Podemos posicionándose del lado de Pablo Iglesias y acusando a Íñigo Errejón de deslealtad y traición.

En resumen, está claro que el "amable" Íñigo Errejón, por imaginativo, es políticamente un tanto incontrolado, mantiene intactas sus posibilidades de llegar algún día a la presidencia del gobierno y genera el temor de las clases dominantes por un discurso populista bien armado intelectualmente, que está despertando la esperanza en amplios sectores de la ciudadanía tanto en Madrid como en otras partes del país. Por el contrario, el "duro y radical" Pablo Iglesias, por convencional, es políticamente previsible, asume que ha perdido cualquier posibilidad de llegar a la presidencia del gobierno y se ha convertido en el representante parlamentario del comunismo más rancio, lo que facilita la neutralización permanente de su discurso por la derecha de PP y C's y, coyunturalmente, por la izquierda del PSOE.

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José María Sánchez Ródenas (Anonimous Rebellis) es arquitecto e inscrito en Podemos

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