El rapto de Europa Jorge Moruno
PLAZA PÚBLICA
La derecha, tanto económica como política, lleva décadas atacando nuestro sistema público de pensiones. Lo hace ideológicamente, cuestionando su sostenibilidad, porque dicen que tenemos un sistema demasiado generoso, que gastamos mucho en pensiones, poniendo en peligro su viabilidad financiera.
Y lo hacen también cuando gobiernan. Porque en 2012, siendo Rajoy el presidente, impusieron un brutal recorte de las pensiones, a través del denominado factor de sostenibilidad —que reducía la pensión inicial en el momento de jubilarse— y eliminando la actualización anual de las pensiones con el IPC, sustituyéndola por el denominado índice de revalorización, que condenaba a la pérdida de poder adquisitivo porque este índice establecía un pírrico incremento del 0,25 % anual de las pensiones.
Hoy, el ataque al sistema público de pensiones ha incorporado nuevas ocurrencias, en este caso, absolutamente demagógicas, acordes con los tiempos de populismo reaccionario que avanza peligrosamente en todo el mundo.
El nuevo argumento es el de la confrontación generacional entre jóvenes y mayores, propugnando la idea de que los pensionistas le roban a los jóvenes el presente y, sobre todo, su futuro. Según ellos, unos jóvenes empobrecidos son los que pagan las pensiones de unos mayores que viven en la abundancia.
Las redes sociales están llenas de propagandistas de esta nueva reacción que insisten, un día tras otro, en el supuesto conflicto generacional, un discurso que ya contamina a los medios de comunicación tradicionales e incluso se publican líbelos enfrentando a la generación Z con los denominados boomers.
Y lo que es más preocupante, la derecha política, el PP y VOX, comparten en lo fundamental este falso diagnóstico, lo que supone una amenaza para las pensiones públicas si tienen la responsabilidad de gobernar.
Es un diagnóstico falaz porque nuestro sistema no es generoso ni son los jóvenes los que lo financian.
El sistema público de pensiones en España —como en el resto de la UE— es un sistema de reparto: las personas que trabajan cotizan a la Seguridad Social para pagar las pensiones de los jubilados. A su vez, al cotizar, generan el derecho a cobrar su propia pensión cuando alcancen la edad de jubilación. Una pensión que será financiada por las cuotas de los que estén trabajando en ese momento.
No hay conflicto intergeneracional: los que más aportan para sostener las pensiones públicas son los que están más cerca de la jubilación
Es un sistema solidario, sólido y eficiente, que se nutre de las cotizaciones de todos los que trabajan, con independencia de su edad.
De hecho, un análisis de la distribución de las aportaciones por tramos de edad revela que los menores de 30 años aportan el 14% del total de lo que ingresa la Seguridad Social por cotizaciones y que, por lo tanto, el 86% restante lo aportan los que tienen más de esa edad. Es un dato que no debería sorprender, ya que refleja el distinto peso que tienen las diferentes edades en el empleo. Lo que sí resulta más llamativo es que las personas mayores de 60 años aportan el doble en cotizaciones que los menores de 24 años.
Así que no son las personas jóvenes las que soportan el sistema: es el conjunto de personas activas. De hecho, casi el 50% de las cotizaciones las realizan personas con una edad entre los 45 y los 60 años. No hay por lo tanto conflicto intergeneracional: los que más aportan son los que están más cerca de la jubilación.
También es falsa la afirmación de que en España las pensiones son muy altas. Por desgracia, la realidad es la contraria. Con los datos de noviembre de 2025, en España hay 1,6 millones de pensiones que están por debajo de los 600 € mensuales y casi la mitad —algo más de 5 millones de pensiones— están por debajo de los 1.000 € al mes. Y seis de cada diez pensiones están por debajo de 1.183 €, el salario mínimo interprofesional. En el extremo contrario, el número de pensiones en el tramo más alto —las que están por encima de 3.000 € brutos al mes— son apenas 750.000, el 7% de las casi 10,5 millones de pensiones que se pagan en España cada mes. Esta es la realidad de nuestro sistema: pensiones bajas, especialmente en el caso de las mujeres, que se corresponden con vidas laborales con bajos salarios y precariedad.
Posdata.- Aunque se sale del objeto de este artículo, resulta sintomático que quienes anuncian la quiebra del Estado si el gasto en pensiones aumentara en tres puntos del PIB de aquí a 2050 —del 13% actual al 16% dentro de 25 años— no digan nada sobre la imposición del trumpismo imperialista de incrementar el gasto militar en esos mismos tres puntos del PIB. Nada objetan y acatan la orden. Prefieren recortar las pensiones para destinar esos recursos a comprar armas al complejo militar industrial norteamericano.
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Manuel Lago es diputado por Sumar en el Congreso.
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