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Los olores perdidos

Araceli, una mujer de 96 años, residente en el centro de mayores Los Olmos de Guadalajara capital, ha recibido a las 9.00 horas la primera dosis de la vacuna en España.

Después de tantos días en los que casi no había diferencia entre un lunes y un domingo, en los que una se arrepentía de no tener unos cuantos pijamas más por eso de ir variando el repertorio o se sorprendía de haber dado uso a todo tipo de camisetas con mensajes publicitarios de lo más variopinto, llegó ella para decirnos que por fin los domingos van a empezar a ser domingos. De verdad. Y que la ropa de andar por casa está muy bien, pero que todo tiene un límite. "Ella" es Araceli, la primera mujer en recibir la vacuna contra el covid-19 en España. Residente en un centro de mayores de Guadalajara, el domingo 27 de diciembre se despertó y se preparó con mimo para la ocasión. Iba a ser portada de periódicos y a abrir todos los telediarios. Ropa inmaculada, anillos, pendientes azules a juego con un collarcito, un pañuelo al cuello, peinado y zapatos impecables… Uno de mis grupos de WhatsApp más activos busca a menudo una vía de escape de la política —somos todos periodistas, sorpresa— y nos pasamos a la crítica de moda, por eso de variar. Ninguno de nosotros se habría atrevido a poner un pero a Araceli. Portada del Hola, que nos quiten a Isabel Preysler.

Porque Araceli es todos nuestros padres o todos nuestros abuelos, que tras una noche en la que seguro que lo que le esperaba al día siguiente le rondó unas cuantas veces la cabeza, se levantó, se puso lo más bonito que guardaba en el armario y se plantó en la silla a decirnos que no duele, que es un pinchacito de nada, que está todo bien. Que apenas se siente un ligero picorcillo cuando la dosis de la vacuna entra en el cuerpo. Que si ella ha podido, podemos todos.

Araceli, y todas las Aracelis que la siguieron inaugurando la campaña de vacunación en todas las comunidades autónomas son la señal de que llega ese “principio del fin” del que tanto habla el Gobierno, sí. Pero también están ahí para recordarnos que siempre les hemos tenido a nuestro lado para decirnos que el pinchacito no va a doler, que el Domingo de Ramos hay que estrenar algo, que hay que creer en Dios –o no–. O que no les gustan nuestros novios o novias. Cada uno tenemos o hemos tenido nuestra Araceli. 

Si estos recuerdos no van acompañados de una reflexión sobre lo que ha ocurrido en las residencias de mayores durante esta pandemia, habremos aprendido muy poco. En la primera ola del covid-19, Araceli perdió a 13 compañeros del centro de mayores en el que reside. En España, más de 20.000 ancianos que vivían en residencias perdieron la vida entre marzo y junio a causa del virus o con síntomas compatibles. 

Muchos de ellos, a los que la salud y la cabeza todavía se lo permiten, han puesto estos meses sus mejores caras, sus mejores sonrisas y han escondido sus miedos en videollamadas para decir a los suyos que, como el pinchacito, todo estaba bien. Que la situación era soportable pese a tanta muerte a su alrededor.

Que no se nos olvide ni a nosotros, ni a los que tienen que legislar para que nuestro patrimonio, nuestras verdaderas banderas, nuestra memoria histórica novuelvan a verse golpeadas de forma tan violenta por una crisis sanitaria.

Hay mil veces que me imagino una situación de mi futuro próximo. Las dibujo a la perfección. También pongo el olor, la banda sonora y hasta el menú. Luego siempre algo se tuerce por el camino —o lo tuerzo yo— y adiós. Como aquella vez que pensé que iba a hacer un fiestón por mi 40 cumpleaños. Esto va a cambiar. Está decidido. No sé cuándo me llamarán para la vacuna. Quedan bastantes meses, intuyo. Pero tengo claro que voy a plantarme en mi centro de vacunación con taconazo y con la ropa con la que mejor me vea de mi armario. Por todas las Aracelis. Oleré a Heno de Pravia o a Álvarez Gómez. Por mis abuelas. Sonará a dos voces el Tengo un trato de Mala Rodríguez que tantas veces canté con lady Madrid ady MadridPaseo de la Florida arriba y Paseo de la Florida abajo en coche. Hasta que nos cansábamos. Y de menú, unas bravas en el Berlanga de Carabanchel

Amable bisturí para 2021

Amable bisturí para 2021

Nota final: estas líneas fueron escritas el domingo 27 de diciembre. Un día después, mi madre me hizo un retrato mucho más conciso de la escena de Araceli y la vacuna que el que yo he esbozado aquí: "Estas mujeres pueden con todo". También reparé en que el titular es una variación sensorial de 'Los sabores perdidos' de mi amiga (y admirada) Raquel Martos. Me lo tomo prestado porque soy "muy fan".

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Yolanda González, redactora jefa de infoLibre.

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