Plaza Pública

La política de la patada en el culo

Vista parcial de la concentración convocada por PP, Ciudadanos y Vox en la plaza madrileña de Colón.

Félix Población

Pasen y vean y lean y escuchen, estamos ya en vísperas de asistir a la enésima algarada montada por la derecha trina y dura para tratar de acabar con el Gobierno de coalición al que desde el minuto uno, sin que se hubiera estrenado en su gestión, se le calificó por parte de la oposición de gobierno ilegítimo, social-comunista y otras lindezas retroactivas. 

Sabemos de lo que capaz esa derecha desde que el terrorismo golpeó Madrid con aquella masacre del 11 de marzo de 2004. Nos lo acaba de volver a demostrar con la epidemia más grave sufrida por este país desde hace un siglo y que con carácter pandémico se extendió por el mundo. Posiblemente no se haya dado en Europa un peor y más insolidario comportamiento que el ofrecido por la oposición política en nuestro país. 

Echo de menos, al respecto, un libro que analice el deplorable modo con el que la derecha española, aliada de la ultraderecha, se ha servido para atacar al Gobierno en estas circunstancias desde el inicio de tan grave crisis sanitaria, sobre todo teniendo en cuenta que si en parte no se pudo ofrecer mayor cobertura hospitalaria se debió a los recortes presupuestarios en sanidad llevados a cabo por los gobiernos del Partido Popular. 

Aliviada esa crisis, gracias a la vacunación masiva que con magnífica diligencia se está llevando a cabo, ha asomado al horizonte político otra vez el asunto que hizo posible el nacimiento y crecimiento hasta más allá del medio centenar de diputados de la ultraderecha en España, así como el frente común de la derecha trina en la Plaza de Colón: Cataluña. 

Ante la posibilidad de unos indultos a los presos del Procés por parte del Gobierno, sobre los que no debía caber debate si se quiere tratar de reencauzar mediante el diálogo el problema territorial, volverá a las portadas la foto de Colón  y la filosofía cerril del nacionalismo español como mejor caldo de cultivo para incrementar a su vez y otra vez el cerrilismo del nacionalismo independentista catalán. 

Nada ha cambiado en la derecha española desde que se opuso al Estatut, buscó firmas en contra de la adquisición de productos catalanes o desplegó porrazos ante las urnas, pero sí debemos anotar una diferencia. Si antes tenía a la ultraderecha dentro, ahora la tiene como competidora e instigadora de una mayor proclividad reaccionaria. 

Estamos, por lo tanto, mucho peor que hace tres o cuatro años, y esto debería tenerlo muy en cuenta el único partido en Cataluña con el que el Gobierno central ha contado para llevar adelante hasta el momento su gestión. Tiene ante sí Esquerra Republicana una gran responsabilidad que esperamos no desaproveche. Para ello le ha de bastar como termómetro ambiental lo ocurrido en las últimas elecciones autonómicas en la comunidad de Madrid.

Los patrioteros de pulserilla rojigüalda vuelven a las andadas y los patrioteros de pulserilla senyera les hacen el juego, amenazando con retornar a las suyas. Por lo riesgos y costes que comporta la aplicación de los indultos para el Gobierno, es de pensar que en la otra parte se pueda encontrar en las próximas semanas un mínimo del seny perdido para que, en palabras de Luis García Montero, España tenga derecho a que las actitudes políticas no se utilicen para provocar odios y obsesiones. Deberíamos estar muy hartos, escarmentados y asqueados de lo que comportaron esos usos y abusos.

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Félix Población es periodista y escritor.

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