La presunción de inocencia no es un derecho fundamental
O eso parece. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por tres delitos acordada por el juez de la Audiencia Nacional, su tocayo José Luis Calama, ha conmocionado a propios y extraños. Y lo que es una imputación por indicios en un auto de 85 páginas (en los autos o sentencias judiciales el número de páginas es importantísimo) ha pasado de inmediato a la certeza delictiva de los hechos. No cabe la contención. Y no cabrá. En estos tiempos de coyuntura política polarizada echar el freno es cosa de mojigatos y de débiles.
Frente a la imputación, el imputado Zapatero ha proclamado, con la misma solidez y contundencia que lo hace el juez en su auto, su inocencia, por lo que hoy por hoy no cabe otra postura, si queremos cumplir y atender a los derechos constitucionales, que amparar su presunción de inocencia. Esta es inalienable y no puede ser privado de ella, aunque sea convicto, hasta que, en su caso, sea juzgado y condenado. E, incluso, en este caso, puede ocurrir que el imputado tenga razón, pero los jueces no se la den. No basta con tener razón, es necesario también que te la den. El ejemplo lo tenemos cercano.
Existe un consenso muy amplio, casi generalizado, de que el exfiscal general del Estado, García Ortiz, no cometió el delito de revelación de secretos del que se le acusó y juzgó, pero los jueces del Supremo no le dieron la razón. Refiere el Tribunal Constitucional en su sentencia 173/1985, de 16 de Diciembre, por la que dio amparo a un acusado de varios robos, en cuyo atestado los policías no acudieron a juicio ni ratificaron la denuncia, “que nuestros jueces y magistrados han adquirido el hábito de dar escasa importancia a las pruebas del plenario, formando su juicio por el resultado de las diligencias sumariales" y “no parando mientes en la ratificación de los testigos…”. De esta afirmación, que fue hecha en 1985, que el Tribunal Constitucional recogía de la vetusta Ley de Enjuiciamiento Criminal (reformada), se puede acusar a los jueces del TS, cuyos testimonios de los periodistas fueron ignorados.
Lo que es una imputación por indicios en un auto de 85 páginas ha pasado de inmediato a la certeza delictiva de los hechos. No cabe la contención. Y no cabrá. En estos tiempos de coyuntura política polarizada echar el freno es cosa de mojigatos y de débiles
“La presunción de inocencia, que el art. 24.2 de nuestra Constitución reconoce a todos, es un derecho fundamental consistente en que cada uno de sus titulares es tenido como inocente salvo que haya pruebas de lo contrario”. "La presunción puede ser destruida por pruebas en contra, pero solo por pruebas, esto es, no por impresiones o apariencias no contrastadas en juicio”. Y si el amparo que el Tribunal Constitucional da a un acusado de unos pequeños hurtos basados solo en un atestado o diligencias sumariales, lo mismo se puede decir de las investigaciones policiales realizadas en las actividades de Zapatero, plasmadas con todo rigor en el auto de 85 páginas del juez Calama.
En la sesión de control al Gobierno, Pedro Sánchez ha dicho lo que tenía que decir: ”Colaboración con la justicia, respeto a la presunción de inocencia y todo mi apoyo a Rodríguez Zapatero”. En cambio, Miguel Tellado (por no mencionar a Feijóo o a Ester Muñoz) ha blandido todos los periódicos en papel en los que se informa de la imputación a Zapatero como si fueran sus titulares las pruebas en juicio de su culpabilidad. El periódico El País, en su editorial, detalla pormenorizadamente el auto del juez Calama, pero no hace mención alguna a la presunción de inocencia de Zapatero. Menos mal que algún articulista, como otro tocayo de Zapatero, José Luis Sastre, pone el acento en averiguar los hechos, y en que basta que el Gobierno apele a la presunción de inocencia sin más añadidos.
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Pero, como lo ha hecho ya Pedro Sánchez, el que tiene que aplicarse el cuento es la oposición. Y los articulistas y los opinadores. Mientras tanto, la única palabra veraz a la que tendríamos que atenernos es la del imputado. Pedir al presidente del Gobierno que comparezca para dar explicaciones de algo que no conoce es alimentar la carnaza y debilitar su liderazgo, que es la única obsesión del Partido Popular y de Vox.
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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre.