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Ancianos desamparados el 26J: “Tengo votos del PP; si quieres otra cosa, ahí abajo”

Dos monjas de la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados acompañan a una anciana.

Sergi Tarín | Valencia

A las 9.00 de la mañana del domingo, la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia es un hervidero de monjas hacia las urnas. Este año, por primera vez, el colegio electoral no está en el mismo convento, sino en la escuela Pío XII, a cinco minutos entre carriles de tranvía. En el primer piso de la residencia, un pasillo con habitaciones dobles conduce hasta la enfermería masculina. Allí se cambian pañales y curan heridas. Hay una treintena de ancianos inmóviles en sillas apoyadas en la pared. Algunos dormitan. Es un salón luminoso con un televisor encendido que nadie ve ni escucha.

“Octavio, ha llegado un voluntario, ¿quiere ir a votar?”. Sor Ana, de hábito, es la encargada de la enfermería. “Yo aquí tengo votos del Partido Popular. ¿Usted quiere votar otra cosa? Si quiere, abajo hay votos de todos”. Abajo es la conserjería. Octavio mira alelado mientras recoge los sobres blanco y color salmón. Un brazo tendido le ayuda a levantarse. “Estoy regular, tengo 62 años”, dice a pesar de que su carnet de identidad revela 78, con fecha de nacimiento en Zorita de la Frontera, Salamanca, en 1938. “Tengo pierna mala. De cabeza, a medias”, prosigue de manera telegráfica.

El camino hasta el ascensor se convierte en una larga marcha con pausa en el hall, bajo las miradas severas de Saturnino López y Santa Teresa Jornet, fundadores, en 1873, de la congregación. Un año más tarde se abrió en Valencia la casa madre de la orden, en la plaza de Santa Mónica, con un imponente huerto urbano que aún sigue amurallado. Según la página web de las Hermanitas, existen 204 hogares en 19 países y se atienden a unos 26.000 ancianos. En el de Valencia conviven alrededor de 250 usuarios entre hombres y mujeres separados en distintas alas del edificio. Hay 38 habitaciones individuales, 93 dobles y 17 triples.

“No sé”, balbucea Octavio sobre el tiempo que lleva en la residencia e incapaz de devolver el saludo a las monjas que se cruza bajo los soportales. Todo mientras arrastra unas zapatillas que se salen a cada paso. En el centro del claustro se alza una estatua muy blanca de Jesucristo sentado en un trono. Detrás, una placa recuerda a los “caídos por Dios y por España”. Y en un lateral aparece otra en la que se lee: “Rota la imagen por los sin Dios, se erige de nuevo y la bendice el mismo Sr. Arzobispo. 11 junio 1939. Año de la Victoria”.

Segundo turno

Para el segundo turno, apenas una hora más tarde, la enfermería se ha llenado de voluntarios. María Ángeles es catequista y ha traído un grupo de adolescentes. Sor Ana se acerca a Ildefonso y repite la pregunta: “¿Tú quieres ir a votar? Ten. Yo tengo aquí votos del PP. Si quieres otra cosa, ahí abajo”. Maite, otra voluntaria, se dirige a los indecisos: “Jaime, ¿no quieres ir a votar? ¿No quieres que vayamos a la calle un rato?”. Y sor Ana se aproxima con los sobres: “Esto es del PP. ¿Usted vota al PP o a quién vota? ¿Usted vota a la derecha o a la izquierda?”. “A la derecha”, murmura Jaime, quien se duele de los ojos: “Estoy mareado”. Acto seguido, Maite pregunta por los ancianos más impedidos y sor Ana rechaza llevarlos: “Los que están con la cabeza así no, que luego te montan allí un pollo y tenemos el lío padre”. Y añade: “Nosotras aquí nos guardamos, pero en otros sitios… Prefiero cuidarme en salud”.

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“Si quieres voto a la derecha, pero soy de la izquierda”, reconoce Jaime. “A la derecha”, resuelve finalmente tras una fulgurante mirada de desconfianza hacia el voluntario. Y abajo, en el portalón de entrada, ya se han juntado más voluntarias con ancianos en carritos. Otra hermana se acerca con el DNI de Jaime y dos sobres más, también del Partido Popular. En esta ocasión ni pregunta si prefiere votar a otros. “Que voten bien”, despide al grupo, que parte en fila india.

Ya en el colegio electoral se reúnen más voluntarias. Carmen ha venido directa de la procesión del rosario de la aurora y reparte octavillas de Radio María: “Don Francisco, el cura, nos ha dicho de venir a ayudar”. “Estas van a ser decisivas y van a depender de ustedes”, se dirige otro de ellos hacia la hilera de ancianos, con los sobres en la mano, que lo miran sin ver. “Paquito, ya te habíamos puesto falta”, replica Maite. “La gente que no hace nada no se puede quejar. ¡Las cosas se demuestran con acciones, con el movimiento!”, culmina el voluntario su lección hacia la colección de rostros vacíos.

De regreso a la residencia el ambiente es animado y se desencadenan loas al cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, quien días antes pidió públicamente no votar al “laicismo excluyente” y sí a quienes “sean más favorables para la vida moral y justa”. Ese mismo domingo, en su carta semanal, volvió a alertar sobre “lo que estamos viviendo en nuestros días, especialmente aquí en Valencia”. Esto es “la persecución y la negación de Dios o caminar de espaldas, en dirección contraria a Dios”. Por su parte, desde el Partido Popular rechazaron consigna alguna de voto a las Hermanitas. “Aquí nadie sabe nada”, manifestaron a preguntas de infoLibre. __________Un colaborador de infoLibre acudió este domingo como voluntario para trasladar a electores a los colegios desde la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Y todo lo que allí vio y escuchó se recoge en esta crónica.

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