Andalucía votará el próximo 17 de mayo con la batalla de las derechas en uno de sus momentos más álgidos. Vox ha elegido a Manuel Gavira (Cádiz, 1969) como su candidato. Fue el portavoz en el Parlamento andaluz antes del desembarco de Macarena Olona y volvió a serlo tras la prematura marcha de la exdirigente ultra. Gavira se ha definido como un "soldado" del líder nacional de Vox. "Salvo Abascal, todos los demás somos prescindibles", llegó a afirmar hace solo unos meses. El suyo es un perfil completamente opuesto al de Olona: discreto, poco contestatario y con arraigo al territorio, pero menor proyección mediática que su predecesora. En estos momentos, Vox necesita en Andalucía un candidato que no eclipse al partido, que no abra otro frente interno a los que ya tiene y que acepte su rol secundario frente a un Abascal omnipresente y que recorrerá la comunidad de punta a punta.
Tras el frenazo en Castilla y León, donde la formación ultra no alcanzó el objetivo que se había marcado de alcanzar el 20% de los votos, Abascal se conformaría con mejorar por la mínima los resultados de Olona, que alcanzó más de 493.932 votos y 14 diputados en 2022. O, por lo menos, no empeorarlos. Hace cuatro años, obtuvo dos escaños más y creció en escaños —de 12 a 14—, en votos —de 396.607 a 493.932, casi 100.000 más— y en porcentaje —de 10,96% a 13,46%— respecto a los comicios autonómicos de 2018. Esas fueron las primeras elecciones en las que Vox obtuvo representación institucional. Gracias a ese resultado, un Juanma Moreno en el que ni su propio partido confiaba pudo alcanzar la Junta de Andalucía con el apoyo también de Ciudadanos.
En estas últimas semanas, la formación ultra ha ido bajando posiciones en las encuestas. En diciembre, el barómetro andaluz del Centra situaba a Vox en el 17,5% y le otorgaba una horquilla entre 19 y 22 escaños, por encima de los 14 actuales. La encuesta de Social Data de febrero le daba un resultado casi idéntico, 17,6%, al igual que Sigma Dos, que la colocaba en 20-21 escaños con un 18%, mientras GESOP elevaba su techo hasta 23-27 diputados y el 20%, en el escenario más favorable para los de Abascal. Pero los sondeos publicados en los últimos han rebajado esas expectativas: el de GESOP les 14-15 escaños, NC Report 16 y Sociométrica 18. El techo de Vox se produjo en noviembre de 2019, cuando en las elecciones generales sumó 867.429 papeletas, el 20% de los votos.
La dirección de Abascal no se marca, en ningún caso, alcanzar una cifra concreta tras lo sucedido en los comicios del pasado 15 de marzo en Castilla y León. Su objetivo no es ganar a Moreno en las urnas y tampoco a la candidata del PSOE, María Jesús Montero, aunque según algunos sondeos estarían cerca de superar al PSOE en provincias como Almería y Huelva. Lo que buscan en que Moreno no revalide la mayoría absoluta y tenga que pactar con ellos, al igual que ha ocurrido en el resto de elecciones recientes.Para Vox, otra mayoría del candidato del PP sería el peor escenario posible —al igual que para la izquierda—, porque les dejaría sin capacidad para presentar al PP como una fuerza débil o rehén del sanchismo. Ese es el relato que tratarán de imponer en campaña.
Los comicios andaluces también servirán como prueba para comprobar si la guerra de iniciada por los críticos encabezada por su exportavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, y su exsecretario general, Javier Ortega Smith, está pasando factura a Vox ante sus electores. A pesar de que Vox trata de presentarse como un partido estable y sin líos internos, su inestabilidad es inocultable. A su salida masiva de concejales y sus disputas en múltiples territorios se suma el singular caso andaluz, donde Vox busca ahora rumbo tras perder en las elecciones en 2022 toda su capacidad de influencia por la mayoría absoluta del PP.
La inestabilidad de Vox: el caso andaluz
Andalucía es un territorio de vital importancia para la formación ultraderechista. Es la comunidad más poblada, en la que Vox irrumpió en diciembre de 2018. Su primer portavoz, Francisco Serrano, duró un pleno, el de investidura. Abascal y su entorno se habían dado cuenta, ya durante la campaña, de las limitaciones políticas del juez condenado por prevaricación que habían puesto como candidato, pero decidieron seguir adelante con él. No había alternativa. Serrano, ya sin portavocía y obsesionado con las denuncias falsas por violencia de género, perdió relieve político y acabó dimitiendo por un caso de fraude destapado por infoLibre.
Su sustituto como portavoz fue Alejandro Hernández, un diputado que llegó a golpear el micrófono y soltar un "a tomar por culo" tras una discusión con la presidenta de la Cámara. Duró de febrero de 2019 a mayo de 2021, cuando el citado Manuel Gavira actuaba tan al dictado de Madrid que en las ruedas de prensa no tenía claro qué contestar si no había hablado antes la dirección nacional. A Gavira le tocó el papel de marcar distancias con el PP, al que Vox había apoyado en lo esencial durante la legislatura, con la vista puesta en las elecciones de 2022, donde pretendía mostrarse como alternativa. Tal cantidad de veces amenazaba Vox con romper, para acabar salvando al Gobierno en el último minuto, que en el PP y Ciudadanos los conocían como los "peninultimátus".
Cuando finalmente Juan Manuel Moreno convocó las elecciones, Gavira era una opción a mano para ser candidato. Hubiera sido como seguir el ejemplo de Juan García-Gallardo en Castilla y León, el mismo manual que después replicó Vox en otros territorios en las elecciones de mayo de 2023: un primer espada poco conocido que no se saliera un milímetro del guión y aprovechara el tirón de la marca. En la ultraderecha saben que, más allá del cabeza de cartel en cuestión, cuanto más polaricen la campaña más pueden ganar. Se trata de un fenómeno bien documentado, ya que su gran éxito es imponer su agenda.
El fracaso de Macarena Olona
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En la dirección de Vox todavía no han olvidado el fracaso de Macarena Olona, que se presentaba como la candidata estrella de la formación ultra y acabó fuera de la política entre duras críticas a la dirección estatal de Vox tras una sonora decepción electoral. Bambú podría haber repetido la misma operación con su portavoz parlamentaria, la cordobesa Pepa Millán, pero finalmente apostó por Gavira. Olona fue la primera de una larga lista en denunciar la opacidad económica en las relaciones del partido con Disenso o en empresas como Tizona Comunicación, propiedad de los principales asesores de Abascal, Kiko Méndez-Monasterio y de Gabriel Ariza.
En la dirección de Vox creyeron encontrar en Olona a una candidata "con cara de presidenta", como dijo Abascal. La campaña de la exdirigente ultra, sin embargo, dejó boquiabiertos a los especialistas en estrategia electoral. Pero no por su calidad. En primer lugar, tuvo que dar explicaciones por su empadronamiento irregular en Salobreña (Granada) para ser candidata. La batalla legal la ganó y pudo presentarse, pero en ningún momento logró marcar la agenda, tampoco tras unos debates electorales en los que llegó a acusar al presidente Moreno de permitir la exposición a pervertidos a "niños de diez años" en los colegios andaluces.
La candidata aseguró que se quedaría en Andalucía, pero solo duró dos semanas. Se había quedado anclada y sin margen de influencia en una ciudad nueva para ella, en una plaza política en la que tenía que aprender a moverse, con su capacidad de generar repercusión más que mermada, al frente de un grupo que no controlaba y con miembros que, en muchos casos, ni conocía. Sus principales colaboradores, Jacobo Robatto y el periodista Álvaro Zancajo, quedaron bajo sospecha tras el fracaso de la campaña. Ahora ambos cuentan con el apoyo de Abascal, especialmente el segundo, que compatibiliza su sueldo como consejero de Canal Sur a razón de 60.000 euros anuales con el de director de comunicación de Vox, según reveló recientemente El Confidencial. Vox no revela si volverá a estar al frente de la campaña de Gavira, pero en la formación esperan que no vuelva a ser un fracaso.
Andalucía votará el próximo 17 de mayo con la batalla de las derechas en uno de sus momentos más álgidos. Vox ha elegido a Manuel Gavira (Cádiz, 1969) como su candidato. Fue el portavoz en el Parlamento andaluz antes del desembarco de Macarena Olona y volvió a serlo tras la prematura marcha de la exdirigente ultra. Gavira se ha definido como un "soldado" del líder nacional de Vox. "Salvo Abascal, todos los demás somos prescindibles", llegó a afirmar hace solo unos meses. El suyo es un perfil completamente opuesto al de Olona: discreto, poco contestatario y con arraigo al territorio, pero menor proyección mediática que su predecesora. En estos momentos, Vox necesita en Andalucía un candidato que no eclipse al partido, que no abra otro frente interno a los que ya tiene y que acepte su rol secundario frente a un Abascal omnipresente y que recorrerá la comunidad de punta a punta.