17M | ELECCIONES ANDALUZAS

Montero, detrás de los focos: de la soledad durante la pandemia a las campañas para deshumanizarla

Montero, en el Pleno en el Congreso de los Diputados.

“Ladran, luego cabalgamos”. María Jesús Montero cerraba así este miércoles su última intervención en la sesión de control en el Congreso como vicepresidenta primera. Yolanda Díaz la abrazaba con fuerza. Y todos los diputados del PSOE y de Sumar se pusieron en pie para aplaudirla. Una ovación larga y cerrada. Se despedía una de las piezas esenciales del Gobierno de coalición. Rumbo al sur. A su tierra.

Montero deja un vacío enorme, como confiesan miembros del Gobierno y dirigentes de los partidos de la izquierda. Cuando abandonó, por ejemplo, el Hemiciclo en esa sesión se encontró en el pasillo a Teresa Jordá, de ERC, y las dos se plantaron dos sonoros besos a modo de adiós y de reconocimiento.

La líder del PSOE andaluz se ha convertido en una de las personas por cuyas manos ha pasado la historia política de los últimos años. Su papel ha sido clave para las complicadas negociaciones con todos los grupos políticos. El presidente le confió ese delicado rol junto a Félix Bolaños para rearmar semana tras semana la mayoría parlamentaria que parecía diluirse cada segundo. 

Y con todos sus interlocutores labró una estrecha relación a pesar de las duras negociaciones. “Es muy peleona”, como reconoce una persona que se sentaba con ella a pactar cada medida. El único puente que no se consolidó fue con Junts, ya que ella nunca se entendió con Míriam Nogueras, como reconocen en los dos lados. En cambio, siempre hubo un profundo respeto y diálogo con Esquerra, tanto con Gabriel Rufián como con Oriol Junqueras (los dos se conocían de su época como responsables económicos de la Junta de Andalucía y de la Generalitat de Cataluña).

Montero recibió en junio de 2018 una llamada de Pedro Sánchez que nunca se había esperado. Los dos apenas se habían tratado y ella era una de las manos derechas de Díaz en el Gobierno andaluz (aunque en privado nunca estuvo de acuerdo con la forma en la que su compañera orquestó el asedio contra el secretario general). 

La "melliza" de Calviño

Dio el salto entonces a Madrid. Y empezó el juego de equilibrios de poder con la cartera de Hacienda por un lado y con Economía por otro lado pilotada por Nadia Calviño. Pero, lejos de los enfrentamientos alimentados por algunos medios y de sus diferentes caracteres y procedencias, las dos hicieron piña y forjaron una poderosa amistad. Se referían entre ellas como “mellizas”.

Montero siempre se ha caracterizado por su carácter positivo y combativo. Sus peores momentos en lo personal en el Gobierno, según fuentes cercanas a la vicepresidenta, fueron los meses de la pandemia. Estaba sola en Madrid, mientras toda su familia residía en Sevilla. Su padre ya estaba enfermo. A la dirigente socialista le costaba hacer incluso videollamadas porque se le saltaban las lágrimas.

Pero, a la vez, el trabajo hecho durante la pandemia del coronavirus es lo que le provoca más orgullo al dejar su cargo. Además, una de las reflexiones que más hace estos días en privado es la ofensiva que ha tenido que sufrir durante estos años por parte de las derechas. Pero no por el ataque político, sino por la operación de deshumanización contra ella y contra los miembros del Gobierno, empezando por el presidente.

La hoy candidata del PSOE de Andalucía ha sufrido durante estos casi ocho años en el Ejecutivo continuas mofas por su acento andaluz, poniendo en cuestión su preparación (ella es médica y a los 26 años ya dirigía un hospital público). De manera despectiva se han referido a ella la derecha política y mediática como “Chiqui”. Ese nivel de ataque se ha evidenciado hasta el último minuto cuando el presidente de Aragón, Jorge Azcón, la ha menospreciado por su físico. 

Ella siempre ha dicho que su personalidad la ha llevado a poder capear un ambiente tóxico en la política impulsado tanto por el Partido Popular como por Vox. Sobre este tema ha mantenido muchas conversaciones con el presidente del Gobierno, de quien siempre ha admirado su capacidad de resistencia y su modo de trabajar como si fuera un deportista de élite.

Una de las reflexiones que hace durante estos días es que la derecha vicia el clima político cuando está en la oposición y que, además, desvía los temas de la actualidad. Una queja que hace en privado es que muchos asuntos de calado quedan debajo del radar de la opinión pública. Por ejemplo, la reforma de la financiación quedó en un asunto anticatalanista cuando la gran revolución es que la Administración General pierde poder económico para dárselo a las autonomías para la sanidad y la educación.

La mujer que susurra al oído al presidente

Montero es de las pocas personas con las que consulta todo el presidente. Un grupo en el que también están los ministros Bolaños, Óscar López y Óscar Puente. Con ellos compartió otro de los momentos más duros: los cinco días de reflexión de Sánchez. Su discurso aquel sábado en el Comité Federal del PSOE fue uno de los más difíciles, aunque, en la intimidad, siempre ha confesado que nunca llegó a ponerse en la situación de tener que asumir la Presidencia y que confiaba en convencerlo para que siguiera.

Otro de los momentos más amargos fue la irrupción de los casos Ábalos y Cerdán. Nunca se imaginó nada y sintió verdadero asco cuando leyó algunas de las conversaciones que han ido apareciendo en los sumarios. Pero, se llevó un chasco especialmente con Cerdán, ya que él siempre hacía gala de una vida muy austera. Le mintió incluso en la cara cuando iba a criticar al valenciano a la propia Montero. Eso lo lleva grabado a fuego.

En cambio, en el lado bueno de estos años, está la relación con la prensa. Se ha convertido en la ministra más cercana a los periodistas y defiende en privado que siempre ha aceptado con “deportividad” todas las informaciones y que nunca ha llamado a un director de un medio para quejarse por alguna noticia.

Montero apenas para un minuto y todos sus colaboradores rememoran las jornadas eternas de trabajo con ella. Su equipo es casi una familia, con muchos de sus integrantes provenientes de su época en la Junta de Andalucía. Y los pocos momentos de descanso los suele emplear en actividades culturales. Durante su estancia en Madrid le ha gustado escaparse al teatro, algunas veces, por ejemplo, junto a Adriana Lastra para ver la obra de Jorge Javier Vázquez.

Su sentimiento de "servicio público"

Montero, a por las "grietas" de Moreno en la campaña: sanidad, educación, vivienda y "No a la guerra"

Montero, a por las "grietas" de Moreno en la campaña: sanidad, educación, vivienda y "No a la guerra"

Ahora le toca volver a Andalucía. El PSOE-A fue a buscarla, como dicen algunos dirigentes, en mitad de una marejada interna por el liderazgo fallido de Juan Espadas y tras los últimos desastrosos años pilotados por Susana Díaz. Una operación con el beneplácito de Sánchez. Ella lo aceptó por su voluntad de “servicio público”, como señalan fuentes conocedoras, y por su sentido de la política: estar donde se es más necesario. Y salta en unas condiciones muy complicadas, con todas las encuestas apuntando una holgadísima mayoría absoluta entre el PP y Vox. 

Su idea es hacer mucha pedagogía, como explican en su entorno, sobre todo lo que ha hecho en el Gobierno. El PP explota los acuerdos con partidos independentistas, pero ella va a poner sobre la mesa que Andalucía es la más beneficiada por la quita de la deuda y por el nuevo sistema de financiación autonómica. Asimismo, planea centrarse en la defensa de los servicios públicos y convertir estos comicios en un “gran referéndum” sobre la sanidad. También se focalizará en temas como la vivienda y la dependencia.

Montero no quiere perder ni un minuto. Es su estilo. Su cumpleaños, que fue en febrero, ni siquiera lo ha celebrado. Ya le ha dicho a los suyos que lo hará en junio. Ahora solo puede pensar en el 17M.

Más sobre este tema
stats