Crisis del coronavirus

Arropada por PP y Vox y sin rastro de transversalidad: por qué la 'revuelta del barrio de Salamanca' no es "un 15M de derechas"

Protestas contra el Gobierno en Valencia.

El barrio madrileño de Salamanca, una de las zonas más privilegiadas de la capital y de toda España, lleva desde mediados de abril haciendo sonar las cacerolas contra el Gobierno tras el habitual aplauso a los sanitarios. Sin embargo, lo que empezó siendo un estruendo metálico desde los balcones se ha trasladado en los últimos días al asfalto. Desde la pasada semana, varios cientos de personas aprovechan diariamente los paseos vespertinos para cargar, supuestamente, contra la gestión del Ejecutivo de coalición durante la crisis sanitaria. Lo hacen al grito de “¡Libertad”, ataviados los más moderados con la rojigualda a sus espaldas –otros no tienen inconveniente en mostrar simbología ultra–. Una imagen que en las últimas horas se ha extendido como una mancha de aceite por otros muchos puntos de la geografía española. Los sociólogos consultados por infoLibre, sin embargo, dudan de que estas protestas puedan tener un crecimiento exponencial. Principalmente, dicen, porque a día de hoy todavía no cuentan con el elemento de transversalidad que en la historia reciente ha impulsado otras muchas movilizaciones. “No son ni un 15M de derechas”, apuntan.

Kerman Calvo, profesor de Sociología en la Universidad de Salamanca, señala que la “base movilizable” en este caso “no es nueva”. Es la misma, dice, que la que atendía de forma periódica las marchas que se organizaban por la defensa de España cuando el procés todavía tenía espacio en las portadas de los medios. Como la de Colón de hace poco más de un año, que consiguió aglutinar en la capital a 45.000 personas y de la que salió la famosa foto del denominado trifachito. Lo que pasa es que ahora el cisne negro del covid-19 brinda un blanco fácil para muchos actores. “En este caso, su agravio es ideológico e independiente de la gestión de la crisis, tratando de capitalizar desde sus inicios el previsto descontento”, señala Ramón Adell, profesor de Cambio Social en la UNED. Coincide Manuel Jiménez, profesor de Sociología en la Universidad Pablo de Olavide y experto en movimientos sociales: “Su movilización se sustenta en un sedimento previo de rechazo al Gobierno de coalición”.

Jiménez considera que el contexto actual, con una crisis sanitaria mutando a económica, ofrece un “potencial de movilización amplísimo”. “Pocas veces encontramos a tantas personas afectadas directa o indirectamente por un problema concreto”, explica. En este sentido, apunta que “el discurso del ataque a la libertad o la incompetencia del Gobierno puede tener bastante recorrido”. A esto se le suma, señalan los expertos, la exclusividad de la calle en un país cerrado a cal y canto hasta hace pocos días. “Eso les da ventaja a la hora de trasladar la imagen de que toda la ciudadanía está con ellos. Además, la distancia social que se genera a la hora de dar el paseo contribuye a vender esa sensación de masa”, apunta Adell. Y esa batalla por la imagen pública, en la que los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel fundamental, es clave a la hora de determinar su éxito. “Puede ampliar o reducir las simpatías y el nivel de movilización”, sostiene el profesor de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide.

El lastre de la falta de transversalidad

Hasta ahora, las movilizaciones que más se han hecho notar se han registrado en zonas marcadamente conservadoras y de rentas altas. En el distrito de Salamanca, donde PP y Vox sumaron el 10N el 61% de los votos, la renta disponible media se situaba en 2017 en los 68.333 euros, según los datos de la Agencia Tributaria. En el caso de Aravaca, era de 65.945 euros. Lo mismo ocurre en Pinar de Chamartín o La Moraleja, donde la renta disponible media se colocó en los 47.168 y los 116.042 euros, respectivamente. Fuera de la capital, destacaron las movilizaciones en Boadilla del Monte y Pozuelo de Alarcón, donde las rentas medias disponibles en 2017 fueron de 41.881 euros y 53.185 euros, respectivamente. Estos dos últimos municipios siempre han sido feudos históricos conservadores. Ni siquiera el haber sido el epicentro de la Gürtel les ha pasado factura. En las últimas generales, seis de cada diez votos emitidos por los electores fueron a parar a las formaciones lideradas por Pablo Casado y Santiago Abascal.

Sin embargo, las protestas no se han circunscrito exclusivamente a estas zonas concretas. También se han reproducido en otras ciudades españolas como Salamanca, Logroño, Toledo, Valencia, Murcia o Sevilla. Y en suelo madrileño, en municipios como Móstoles, Leganés o Getafe, gobernados por el PSOE y donde la renta media disponible no supera los 22.000 euros. “Sin duda, su base social está liderada por pijos de abolengo, pero ampliada a capas de clases medias descendentes, pymes y ‘obreros de derechas”, sostiene Adell. Sectores conservadores que en la última década han empezado a tomar las calles. “Primero en las manifestaciones de rechazo al terrorismo y, posteriormente, en defensa de la familia tradicional o la unidad de España”, detalla Jiménez, que explica que esto forma parte de “un proceso de normalización del perfil del manifestante, donde se suaviza el predominio tradicional de sectores de izquierdas”. Un efecto que, dice, puede terminar acelerando con la polarización política.

Un manifestante con la camiseta del grupo neonazi Post Mortem en Alcalá de Henares (Madrid). | EFE

A pesar de la existencia de un buen caldo de cultivo para el impulso de la protesta social, Calvo no espera que el denominado movimiento Núñez de Balboa, en referencia a la calle en la que comenzaron las movilizaciones, pueda terminar explotando. “La marcación de clase tan sólida del cayetanismo creo que dificultará la expansión”, dice el sociólogo, que considera que para que estas protestas puedan crecer exponencialmente son necesarias “ideas que resuenen de manera transversal”. Lo mismo opina Jiménez, que señala que nada hace pensar por el momento que estas marchas “puedan alcanzar la transversalidad ideológica” que sí consiguieron en su día los movimientos motivados por la Gran Recesión o las movilizaciones de repulsa del terrorismo. “Este recorrido parece ideológicamente confinado a los sectores conservadores”, completa. “A día de hoy, lo que está ocurriendo no es ni un fenómeno 15M de derechas”, añade el profesor de Cambio Social en la UNED.

La derecha se sube al carro

La plataforma Gobierno dimisión es una de las muchas que en los últimos días ha llamado a la movilización contra un Ejecutivo de “embusteros y manipuladores” cuya gestión “ha llevado a la muerte a más de 30.000 personas y a la ruina a millones de familias”. Sin embargo, de todas ellas, la que está teniendo una mayor presencia en las redes sociales es el colectivo Resistencia Democrática, anteriormente conocido como Movimiento Barrio Salamanca. Nacido hace sólo nueve días, aseguran no tener vinculación con ningún partido e ideología política. “Aquí caben todas las ideologías, con excepción del comunismo, que intenta llevar a España a la quiebra económica y dictadura chavista”, señalan en su propia cuenta de Twitter, que ya acumula más de 9.000 seguidores. Al frente del movimiento se encuentra María Luisa Fernández, licenciada en Derecho por ICADE, miembro del Club Diálogos para la Democracia y definida en la propia página web del colectivo como “una de las mayores expertas tanto a nivel nacional como internacional en análisis de inteligencia y geopolítica internacional”.

“Estos elementos suelen surgir de manera más o menos espontánea en las interacciones que tienen lugar en las redes sociales, pero suele haber colectivos que, cuando no las inician, las animan, difunden o dan forma a su contenido”, asevera Jiménez. En este juego de proliferación, explica Calvo, juegan un papel fundamental las formaciones políticas. “Los partidos están activando estas movilizaciones, aunque no sea de manera directa y lo estén haciendo a través de sus aliados en la sociedad civil”, señala el sociólogo. De hecho, desde que comenzaron las marchas, Vox no ha querido quedarse fuera. “Sí, llevo tres días saliendo a las caceroladas, estuve en ellas, he estado y estaré. […] Los españoles salen a sus caceroladas de manera espontánea y no lo gestiona ningún partido”, aseguró este mismo martes el portavoz ultra en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros. El apoyo al movimiento ha sido tal que Vox ha llegado a pedir incluso la dimisión de la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, por criticar las protestas.

Tampoco el PP madrileño se ha puesto de perfil. La presidenta del Ejecutivo regional, Isabel Díaz Ayuso, señaló este lunes que se equivocan todos aquellos que creen que las marchas contra el Gobierno movilizan sólo a las clases altas. “Piensan que son cuatro ricos, además, lo hacen así para intentar fomentar una lucha de clases, como siempre, que están ahí como pasando la tarde”, dijo la dirigente regional. En esta ocasión, el tono fue mucho más calmado que durante su intervención en la Asamblea de Madrid la semana pasada. “Cuando la gente salga a la calle, lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”, afirmó Díaz Ayuso, que en plena guerra contra Moncloa criticó que el Ejecutivo central esté utilizando “el mando único” y “el encierro” para que la gente no pueda “salir a manifestarse libremente ni un ratito por la tarde, mientras se dedican a imponer todo tipo de barbaridades”. Declaraciones todas estas que, a ojos de Jiménez, “juegan ese papel de amplificación y legitimación” de las protestas.

La Jefatura Superior de Policía de Madrid, según ha desvelado El Confidencial, ya ha puesto en marcha una investigación para analizar las diferentes protestas a fin de comprobar si existe un patrón que permita llegar a los supuestos organizadores o si hay vinculación política. Mientras tanto, las movilizaciones continúan. Y lo hacen no solo al calor de algunos partidos, sino también de reconocidos agitadores en redes sociales. Es el caso de Luis Pérez, exasesor de Toni Cantó en Ciudadanos, que ha conseguido que su fotomontaje “Confía en tu Gobierno. Un buen ciudadano obedece” se cuele entre los manifestantes. Otro de los altavoces es Estado de Alarma. Este programa de Youtube, dirigido por el periodista Javier Negre y en el que participa buena parte de la extrema derecha española, fue el encargado hace una semana de señalar, a través de fotografías y capturas de Google Maps, el lugar de residencia del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, en la que este lunes se presentaron media docena de personas cacerola en mano y al grito de “¡Trabaja un poquito, vago!”.

Aller recalca que la capacidad que tengan los políticos “para lograr la unidad frente a la pandemia” o para “azuzar o contener a sus militantes o simpatizantes” terminará por marcar “el nivel de conflictividad y de confianza en las instituciones”. Jiménez, por su parte, da por descontado que en los próximos meses las protestas sociales seguirán. Y no sólo entre los sectores conservadores: “También en otros, como los sanitarios, comerciantes o estudiantes. O los de tipo territorial”. Son los otros efectos colaterales de la nueva normalidad.

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