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La XII Legislatura

Los barones dejan a Sánchez la gestión envenenada del “no” a Rajoy

Ibon Uría

El Comité Federal del PSOE acordó este sábado votar "no" a la investidura del candidato del PP, Mariano Rajoy. Y lo hará, según expresó el secretario general Pedro Sánchez en su discurso inicial, porque los socialistas son "la alternativa" al PP, y no "la solución" a los problemas de aritmética parlamentaria a los que se enfrentan conservadores. "No a la gran coalición, no a apoyar un Gobierno del PP desde fuera y no a apoyar la investidura de Rajoy. El PSOE votará en contra", proclamó Sánchez, quien además subrayó que su partido liderará la oposición.

Ese, el "no" a Rajoy, es el elemento en torno al cual cerró filas el PSOE de puertas hacia fuera. Tanto los dirigentes más afines como los barones más distanciados de Ferraz coinciden en que es Rajoy quien debe mover ficha y enfrentarse al debate de investidura y que, en ese intento, el voto de los 85 diputados socialistas debe ser negativo. De puertas adentro, en cambio, se colaron otros elementos en el debate –las críticas por los malos resultados electorales de diciembre y junio, el nuevo giro en el discurso territorial del PSC...– que provocaron ciertas tensiones.

Hay, además, otra diferencia fundamental con respecto al escenario post 20D: Sánchez deberá afrontar casi en solitario la toma de decisiones. Hace seis meses los barones presionaron para aprobar una resolución que, en la práctica, lo dejaba atado de pies y manos: el secretario general no podía pactar con el PP, era muy complicado hacerlo con Podemos y tenía vetados a los nacionalistas. Ese movimiento enfadó a Sánchez y lo abocó a un pacto fallido con Rivera, pero el número uno del partido –cuyo liderazgo ha estado en cuestión con frecuencia– disponía de una hoja de ruta a la que agarrarse y cuyo seguimiento nadie podía reprocharle.

Ahora todo es distinto: en público, incluso sus mayores críticos, como la andaluza Susana Díaz, le han prometido "lealtad". Pero la ausencia de un guión pactado por todo el partido, aunque aleja la posible imagen de división, deja en manos de Sánchez todo el peso de un escenario endiablado. El secretario general decidió no reunir a los barones en la previa del Comité Federal para evitar que redujeran su margen de maniobra y no verse nuevamente cuestionado y, sin embargo, a nadie se le escapa en el PSOE que tendrá complicado conjugar el "no" a la abstención ante Rajoy y el "no" a unas nuevas elecciones.

Las piezas no encajan

Esa fue la preocupación que expresaron, entre otros, el presidente y barón extremeño Guillermo Fernández Vara quien, en su intervención y según varios asistentes al Comité Federal consultados por infoLibre, preguntó "cómo se consigue" mantener el veto a Rajoy, que el candidato del PP forme Gobierno y que no haya unas terceras elecciones. Porque para Fernández Vara lo central, tal como apuntó en declaraciones a los periodistas a las puertas de Ferraz, es no repetir elecciones. "Lo descarto. No puede haber terceras elecciones. Todo menos que haya nuevas elecciones".

Entre otros motivos, dijo ya ante sus compañeros de partido, porque en ningún sitio está escrito que el PSOE fuera a remontar sus malos resultados en unos terceros comicios. Más bien al contrario: el líder de los socialistas extremeños citó un estudio de Pedro Arriola –uno de los asesores de cabecera del PP– que indica que los conservadores, con en torno al 35% de los votos –el 26J se quedaron en el 33%–, podrían situarse en 160 escaños, una marca que les concedería margen de maniobra para gobernar con cierta soltura.

"Decimos que vamos a votar no, pero no decimos cómo evitar otras elecciones", advirtió Fernández Vara, uno de los cargos socialistas que tras el 26J abrió la puerta a una abstención del PSOE en la investidura de Rajoy –"mínima" y "a última hora", pero abstención– y que este sábado insitió en que, si Rajoy va "razonablemente apoyado" por "170 votos" al Congreso, "ya verá cómo no tiene ningún problema". También el presidente asturiano, Javier Fernández, avisó en su alocución ante el Comité Federal de que el PSOE debe cuidarse de no meterse en un callejón sin salida.

Del "debe intentarlo" al "no tiene opción"

Pero si callejón sin salida parece la doble negación –a ceder ante el PP, eterno adversario, y a unos terceros comicios–, el plan de reunir una mayoría alternativa que conduzca a Pedro Sánchez a la Moncloa se vislumbra casi imposible. Y, desde luego, genera división entre los barones. Los que dejan la puerta abierta a un nuevo intento del candidato socialista son la balear Francina Armengol, el castellanoleonés Luis Tudanca y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. Y se oponen, con mayor o menos intensidad, los secretarios generales autonómicos con mayor peso.

En este último grupo está, por ejemplo, Susana Díaz, para quien los debates sobre si el PSOE puede formar Gobierno amenazan con "convertirse en pesadilla". O el aragonés Javier Lambán, que aseguró que "el PP ha ganado con mucha nitidez", que "sólo el PP puede formar Gobierno" y que "el PSOE no tiene ninguna opción razonable" para intentarlo, por lo que más le vale asumir que está "a once puntos" de los conservadores y "desentenderse" de esa tarea. Y también Fernández Vara, que afirmó: "Nos han puesto en la oposición. Y con Podemos, mientras mantenga el derecho de autodeterminación, no tenemos nada que hablar".

Enfrente, los líderes territoriales más fieles al secretario general no pierden por completo las esperanzas de ver a su jefe de filas en la Moncloa. Armengol encabeza está vía. Según varias fuentes presentes en el Comité Federal, la líder del PSOE balear dijo que "se podría dar la posibilidad" de un Ejecutivo de izquierdas y tildó de "curioso" pedir al PP que pacte con nacionalistas al tiempo que los socialistas los mantienen "vetados" como posibles aliados. Recordó además que el PSOE gobierna varias comunidades autónomas sin ser la fuerza más votada, por lo que Sánchez también debería poder intentarlo.

Tudanca, por su parte, se sumó a la teoría de que Sánchez no ha perdido todas sus posibilidades, pero tras su discurso pidieron la palabra los secretarios provinciales de León, Palencia y Soria para hacer constar que su posición no es compartida por todos los socialistas de Castilla y León. En auxilio de su jefe autonómico salió después el número uno provincial de Valladolid, Javier Izquierdo. El catalán Miquel Iceta, finalmente, señaló ante los medios que "desde luego" Sánchez debería dar un paso al frente llegado el caso. "Si el PP no consigue la investidura le corresponde al segundo partido ver las opciones, que son diversas", dijo.

Roces por la vía canadiense

Otra de las polémicas del día tuvo como protagonista, precisamente, al primer secretario del PSC. El asturiano Javier Fernández dedicó duras palabras a la propuesta de la ponencia política del próximo congreso de los socialistas catalanes, que debatirán en novimbre en torno a la posibilidad de regular en una ley de claridad a la canadiense las condiciones de un referéndum de secesión en Cataluña si fracasa previamente la reforma constitucional que propugna el PSOE a nivel federal. Fernández le pidió explicaciones a Iceta, e incluso advirtió de que el PSC tendría que replantear su relación con el PSOE si insistía en esa vía.

Según fuentes del partido, Fernández agregó que no entiende por qué los socialistas se han vuelto a meter en esta polémica después de que hace tres años pactaran la citada declaración. El aragonés Javier Lambán también se dijo "profundamente" inquieto por la propuesta del PSC, si bien manifestó que Iceta es "un hombre profundamente responsable". El líder catalán respondió que su partido no ha cambiado de posición y que la ponencia es sólo un texto que se debatirá libremente. En su intervención final, por su parte, Sánchez manifestó que el vínculo actual entre el PSOE y su partido en Cataluña es el "adecuado" y que se siente "muy cómodo".

Crítica a la autocrítica

En ese discurso de respuesta a sus compañeros, informaron fuentes socialistas, Sánchez también subrayó su "insatisfacción" por el resultado del 26J, una cuestión que ya había mencionado a primera hora de la mañana, cuando señaló que no estará "satisfecho" hasta que "el PSOE se vuelva a convertir en la primera fuerza de este país". Claro que el líder del PSOE también dijo que la campaña fue "dura", que el partido "mantuvo el timón" y sacó pecho de haber derrotado al "conglomerado de más de 25 siglas" de Pablo Iglesias, cuyo "fracaso" proclamó por la ausencia de sorpasso.sorpasso Y la tibieza de la autocrítica irritó a algunos dirigentes socialistas.

Muy duro fue, según señalaron a infoLibre hasta tres fuentes presentes en el Comité Federal, el diputado vasco Eduardo Madina, quien fuera rival de Sánchez en las primarias a la Secretaría General en las que este último se impuso en 2014. Madina subrayó que el partido ha perdido "un voto por minuto" desde que Sánchez lo lidera, le cargó la responsabilidad de haberlo conducido a los "dos peores resultados" de su "historia" en apenas "seis meses" y le reprochó que no sólo no ha recuperado votantes de la abstención, como se propuso hace ahora dos años, sino que ha dejado escapar a más.

La andaluza Susana Díaz –Madina y ella mantienen ahora una relación muy fluida– ahondó en ese discurso. Dijo, por ejemplo, que el PSOE no puede felicitarse de ser "el partido hegemónico" –como hizo Sánchez la noche del 26J– y agregó que los socialistas han "difuminado mucho" su proyecto, que no han "recogido ni un sólo voto de ese millón de votos" perdido por Unidos Podemos y que se salvaron "por la campana" de perder el primer puesto de la izquierda. "No me conformo con el 32% en Andalucía y tampoco con el 22% en España (...). Yo no quiero ganarle a Podemos, quiero ganar en este país", remató.

Otros dirigentes también subrayaron los malos resultados cosehados por el partido el pasado junio. Fernández Vara calificó los datos de "pésimos" y exigió "analizar bien por qué" se han producido, el aragonés Lambán demandó "no recurrir a explicaciones ajenas" al propio PSOE para justificar el fracaso electoral y dijo que los socialistas tienen "muchos motivos para estar preocupados como partido" y Javier Fernández, aunque cargó contra Rajoy y le instó a "aprender idiomas" como Aznar en 1996 para alcanzar pactos con las fuerzas nacionalistas conservadoras, señaló en su discurso que los datos del PSOE son "malos".

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