Coronavirus

Las bombas de relojería del virus: presos en Brasil, refugiados en Lesbos o bloqueados en Gaza

Trabajadores palestinos hacen cola para recibir sus salarios en un cajero automático, en Gaza, este jueves.

El coronavirus avanza arrolladoramente por casi todo el mundo. Hasta ahora ha golpeado con especial fuerza zonas de importante afluencia turística e importante actividad de negocios: Nueva York, Madrid, Milán... Empezó en China, pero pronto trasladó su epicentro a Europa, más concretamente a Italia y España, para saltar después a Estados Unidos. Hay que ir al séptimo país con más casos, Irán, para encontrar uno que no forme parte del G-20. De los diez primeros, nueve tienen asiento en este club. Hasta ahora, el virus no está castigando con especial encono a los países más pobres. Pero la expansión continúa. El mundo contiene la respiración mientras se pregunta si, al mismo tiempo que en Europa parece abrirse una fase de control, la penetración podría agudizarse en regiones más pobres, con mayor cantidad de refugiados en campos, más conflictos bélicos, barrios y cárceles más hacinadas, sistemas sanitarios más débiles... La pandemia responde a esta pregunta con un progresivo avance en regiones subdesarrolladas. Y se acerca a puntos donde, si llega a penetrar, amenaza con el desastre.

Refugiados

Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones han suspendido todos los reasentamientos. Ahora mismo no hay traslado de asilados a países seguros. En el mundo hay 70 millones de desplazados, refugiados o solicitantes de asilo, según un informe de. "Una gran parte –señala Save the Children– vive en asentamientos o campamentos en condiciones de hacinamiento y con nula o poca atención médica. La falta de acceso a sistemas de salud, a una red de saneamiento y agua segura y el tener un sistema inmunitario debilitado les convierte en más vulnerables a enfermedades infecciosas".

Save the Children pone el foco en Idlib, al norte de Siria, donde "el aislamiento no es una medida viable, por lo que un brote de coronavirus tendría consecuencias devastadoras". "La guerra en Siria ha obligado en los últimos meses a cerca de un millón de personas a huir y asentarse en campamentos masificados". Cargan con nueve años de conflicto a la espalda. La ONU es aún más dramática en los términos: "Cerca de un millón de desplazado se encuentran hacinados en campamentos de refugiados. Un brote del Covid-19 sería devastador".

En Cox's Bazar, en Bangladés, el asentamiento de refugiados más grande del mundo, "no existe un sistema para detectar o evaluar el coronavirus ni unidades de cuidados intensivos" para casi un millón de refugiados, la mitad de ellos niños, señala Save The Children. "El hacinamiento es elevado y hay escasa libertad de movimientos. Un brote resultaría catastrófico", añade.

En el África subsahariana, que alberga a más de una cuarta parte de los refugiados del mundo, "se están confirmando casos en la mayoría de los países y el coronavirus es un grave riesgo tanto para las personas refugiadas como para las comunidades de acogida".

Amnistía Internacional señala que en los campamentos de Grecia, "miles de personas mayores, con enfermedades crónicas, niños, niñas, bebés, embarazadas y personas con discapacidad soportan condiciones de vida inhumanas". "Alrededor de 37.000 personas están hacinadas en Lesbos, Chios, Samos, Kos y Leros, en instalaciones con capacidad para poco más de 6.000. El acceso en estos campamentos al agua, baño o duchas es extremadamente limitado, al igual que la comida. Viven en carpas o contenedores que no tienen calefacción y el personal médico es insuficiente". Esto ocurre en suelo de la UE. Oxfam Intermón apunta al acuerdo UE-Turquía, que ha cumplido cuatro años y "ha provocado que aproximadamente 40.000 personas que buscan asilo estén atrapadas en terribles condiciones en los cinco campos de refugiados de las islas griegas, multiplicando por seis la capacidad oficial de estos campos". "La reciente disputa entre la UE y Turquía agravará lo que ya es "el peor desastre humanitario de Europa", denuncia el Consejo Griego para los Refugiados. Las ONG alertan del estrago humanitario que allí provocaría el coronavirus.

Guerra

A preguntas de infoLibre, la Organización Mundial de Salud (OMS) expresa su preocupación por la situación en los campos de refugiados, citando "falta de una fuerza de trabajo calificada, vigilancia e información sanitaria, infraestructura limitada y deficientes cadenas de suministro de productos farmacéuticos". "En ciertos contextos, los establecimientos sanitarios o los trabajadores de la salud son atacados por las partes beligerantes", añade la OMS. Porque las guerras no paran por el coronavirus.

El secretario general de la ONU, António Gutierres, ha lanzado una urgente llamada al "alto el fuego global", que tiene en el punto de mira países como Siria, Yemen, Afganistán, Libia, Camerún... La guerra en Siria, próxima ya a la década de duración, se ha atenuado gracias al acuerdo de alto el fuego entre Rusia y Turquía. Pero es un alivio frágil en un país con una infraestructura sanitaria destrozada. Unicef ha denunciado que la interrupción de una planta de agua clave en el noreste pone en riesgo a 460.000 personas y dificultan los esfuerzos de prevención. Yemen, tras cinco años de guerra, afronta la posible penetración del coronavirus con el país azotado por el hambre y los brotes de cólera, difteria y dengue.

Israel ha bombardeado posiciones de Hamas en Gaza en respuesta al lanzamiento de un proyectil. Preocupa la Franja, tras trece años de bloqueo y con casi 2 millones de personas encerradas. "¿Cómo se enfrentaría este territorio absolutamente bloqueado al coronavirus? ¿Cómo podrían los hospitales enfrentar la pandemia cuando ni siquiera hay agua limpia disponible en el hospital más grande? Viven 1,9 millones de personas, de las cuales 1,3 son refugiados de Palestina. La situación humanitaria es límite y no hay otra alternativa que la ayuda internacional", ha denunciado la ONU. Durante la última ofensiva israelí sobre Gaza, "más de 140.000 viviendas de refugiados de Palestina fueron destruidas o dañadas", añade.

El problema interno más acuciante de Israel es distinto: los barrios ultraortodoxos, donde las leyes religiosas se anteponen a las civiles. Apenas se lee la prensa, ni se ve la televisión, ni Internet. La policía no es bienvenida cuando viene a imponer las medidas. Con abundantes familias numerosas, tres rezos diarios en sinagogas y multitud de ceremonias de contacto estrecho entre fieles, "la probabilidad de que todos en la comunidad estén infectados es, yo creo, cercana al 100%", cuenta Tzipi Yarom, periodista haredí, a El Periódico de Cataluña. Esta semana el Gobierno ha comenzado a endurecer las medidas, incluyendo el cierre de un suburbio ultraortodoxo de Tel Aviv, con la evacuación de 4.500 personas.

África

África es el continente con menor número de sanitarios: sólo dos médicos por cada 10.000 habitantes, señala Save the Children. Ayuda en Acción rebaja la proporción a 1 por cada 10.000. En España son 250. La OMS estima que debe haber al menos 23 trabajadores sanitarios por cada 10.000 personas. La disponibilidad de medicamentos genéricos en Congo, Uganda y Ghana está en un, 21,2%, 20% y 17,9% respectivamente, según el datos de la OMS. Con estas estadísticas en la mano y el coronavirus moviendo ya el contador, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha pedido a las naciones africanas que "se preparen para lo peor".

"Se trata de países con una historia de enorme desigualdad y expropiación de recursos. Hay quien dice que el virus se transmite mucho menos en zonas cálidas o húmedas, pero hasta que no tengamos pruebas de que esto es así cualquier sitio es vulnerable. Y las zonas con mucha proporción de economía informal, van a tener muchas dificultades en implementar el mismo tipo de medidas que se están implementando en Europa o EEUU", señala el epidemiólogo Usama Bilal.

En África, la respuesta de los Estados está siendo descoordinada (como en Europa, en realidad). El enorme peso de la economía informal, la del día a día, dificulta las medidas de confinamiento. Aunque es razonable pensar en un significativo número de contagiados sin detectar, hay números para la esperanza. Los casos confirmados alcanzan los 7.000, menos que los muertos sólo en España. El país con más casos es Sudáfrica, 1.462. No obstante, preocupa Egipto, con sólo 986 casos reconocidos, pero 58 muertos ya [ver aquí y aquí centros de recogida y publicación de datos].

Guillermo Martínez, coordinador de Médicos del Mundo en Senegal, alerta contra visiones simplistas y un panorama de contraluces. En Senegal, explica, "llueve sobre mojado". "Encontramos una población con poca capacidad de resiliencia y poder adquisitivo bajo. El sistema de salud es débil y está muy centralizado en la capital, algo común a muchos países del sur y la zona del Sahel. El nivel de atención primaria básico no es capaz de gestionar coronavirus. Hay pocas ambulancias, no hay sistema de respuesta rápida", señala. El problema del transporte es frecuente. En Mozambique, por ejemplo, el 70% de la población vive en zonas rurales y con difícil acceso al sistema sanitario, según Ayuda en Acción. Además, el 90% acude antes a la medicina tradicional y los curanderos que a un hospital, señalaba Ayuda en Acción en una alerta el año pasado. Mala base para encarar una pandemia.

Pero hay motivos para cierto optimismo. África es un continente joven. Y, en cuanto a epidemias, tiene experiencia. "Una lección aprendida de otras epidemias es que la transparencia y la comunicación en tiempo real son fundamentales. El Ministerio de Salud [de Senegal] saca comunicados diarios, con partes de los tests realizados, diagnósticos positivos, negativos, hospitalizados, altas...", explica Martínez. El Gobierno ha formado a periodistas y ha trabajado con las ONG para hacer homogéneas las instrucciones. El esfuerzo neutraliza en parte vídeos, audios y textos que circulan por las redes, con consejos como "quema carbón y bébete las cenizas". Martínez, empeñado en desterrar una obsoleta imagen de África como continente perdido, destaca los efectivos esfuerzos de "respuesta rápida" de Médicos del Mundo para contener la epidemia en Dakar. "De momento, no vemos curvas epidémicas en vertical", señala con esperanza.

Eso sí, admite que la gran cantidad de economía informal dificulta el rigor en el cumplimiento de las medidas de restricción. "Mucha gente vive al día, con la pequeña venta ambulante". Pone como ejemplo la dificultad de que una familia que se dedique a la venta en la calle de beñés –buñuelos típicos hechos en casa– deje de hacerlo. ¿Qué come entonces? "No es fácil decirle a la gente que se quede en casa". Esto limita el alcance de las medidas. En Senegal, por ejemplo, no hay confinamiento, sino toque de quedad de 20.00 a 6.00 horas.

Los países más "preocupantes", según Martínez, son aquellos en los que "la situación de partida de conflictos internos impide que el Estado garantice mínimamente el derecho a la salud", caso de Sudán, Nigeria y Burkina Faso.

A Martínez le preocupa que la crudeza de la crisis en Europa y Estados Unidos provoque, como es previsible, un recorte drástico de los fondos de cooperación, tan importantes en África.

América

El primer caso en Latinoamérica se dio a conocer el 26 de febrero en Brasil. Hubo temor a una eclosión en un el continente con sistemas sanitarios desiguales, multitud de ciudades con áreas hacinadas y mucha economía informal. De momento, no se ha producido. La cifra de confirmados ronda los 25.000 y se acerca a los 800 muertos. El país con más casos es Brasil, con más de 8.000 y más de 320 muertos. "Brasil es un país enormemente desigual, con zonas de mucho hacinamiento y otro presidente que dice una tontería por minuto, algo en común con Estados Unidos y México", señala el epidemiólogo Usama Bilal. Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, apunta con severidad al caso brasileño por la actitud de su presidente, Jair Bolsonaro, que "está todavía en la negación misma de la enfermedad", y de quien teme que utilice la enfermedad para profundizar en la violación de derechos humanos.

En México el coronavirus se mezcla con la diabetes. "México, a diferencia de otros países, tiene una altísima tasa de diabetes Mellitus tipo 2, una tasa de obesidad que está asociada con hipertensión, con problemas respiratorios, con varios cánceres, etcétera, entonces es una población que está más a riesgo porque sabemos que esta enfermedad golpea primero que nada a los adultos de más de 60 años en particular. Pero, además, a quienes tienen morbilidades como diabetes e hipertensión. Podríamos ver más casos aquí en México por esa razón”, explica Cristian Morales, representante de la OMS en México, en una información de Naciones Unidas. Esto hace que la previsión de casos de coronavirus que acaben en cuidados intensivos suba de la previsión inicial del 6%. El epidemiólogo Bilal también le preocupa México, "con mucho turismo y enormemente desigual, con gran cantidad de trabajo informal y un sistema sanitario híper fragmentado". "En Ciudad de México hay mucho hacinamiento y problemas de suministro de agua", señala.

El ingeniero y antropólogo Sergio Pascual, con estrecho contacto con América Latina, indica su principal preocupación: Ecuador. "La cifra de muertos [120 al publicarse este texto] es difícil de creer. Se supone que en Guayaquil ha habido 75 muertos, pero la policía ha retirado más de 300 cadáveres de gente que muere en sus casas, sin ir al hospital. Yo me fío poco de la información salvo, quizás, de países como Argentina o México, con sistemas sanitario relativamente robustos".

Prolifera la economía informal. Según la Comisión Económico para América Latina y el Caribe (Cepal), la tasa de ocupación en el sector informal del mercado de trabajo urbano es del 63,1% en Bolivia, del 59,5% en Ecuador, del 59,2% en Perú, del 58,2% en Honduras... El país con menos porcentaje, Chile, alcanza el 28,1%.

Hay un punto negro: las cárceles. Nathalie Alvarado, del Banco Interamericano de Desarrollo, señala en un artículo "Nuestras cárceles tienen muchos presos y muy hacinados. Las prisiones de algunos países alojan hasta tres veces su límite. Hay más de un millón y medio de presos. Casi un 6% son mayores de 65 años, el grupo de edad más vulnerable al coronavirus". Añade Alvarado: "Las medidas de prevención y mitigación recomendadas son casi impracticables en el contexto carcelario latinoamericano. El 58% de los internos no tiene una cama para dormir y un 20% no tiene acceso a suficiente agua potable. Tan sólo el 37% cuenta con jabón. [...] Dos tercios de los reclusos se ha enfermado en alguna ocasión durante su encierro", escribe Alvarado. En América Latina hay cerca de 1,6 millones de presos, destacando Brasil, con más de 770.000, y México, con casi 200.000.

El vecino rico del norte, Estados Unidos, es de momento el más golpeado de todo el macrocontinente americano. El virus está poniendo de relieve la insuficiencia de sus sistemas de salud pública, para la prevención, y sanitario, para el tratamiento. La mercantilización del sistema de salud en su conjunto, así como la gran cantidad de población indocumentada, no asegurada o precaria, amenaza con agravar la crisis [ver aquí en detalle]. EEUU es el país con más tasa de presos del mundo, con 655 por cada 100.000 habitantes, según datos de 2018 de World Prison Brief.

Asia

La pandemia en Asia "está lejos de terminar", ha advertido la OMS para disipar la impresión de triunfo tras los logros en China –sobre cuyos datos, no obstante, hay dudas– y la eficaz respuesta de países como Corea del Sur y Japón. Ahora está por ver el resultado de las medidas en India, que ha puesto en práctica el mayor confinamiento del mundo, que afecta a más de 1.300 millones de personas. Todos los habitantes del país deben quedarse en sus casas hasta el 15 de abril. Hay 2.500 casos confirmados, con 72 muertos. Es razonable pensar que las cifras reales son muy superiores. La pobreza, el hacinamiento en barrios masificados y las deficiencias del sistema sanitario convierten el caso Indio en una bomba de relojería.

"Desde que el primer ministro anunció que había 21 días de cierre absoluto, está habiendo unos movimientos migratorios exagerados de muchísimas personas que salen de la ciudad para ir a sus pueblos. El resultado de estos éxodos puede ser brutal", ha explicado a RTVE Jaume Sanllorente, director de Sonrisas de Bombay. El confinamiento, según esta ONG, está afectando mucho a las comunidades de los slums, las zonas de chabolas, de la ciudad de Bombay. "Están confinados en unas casas de pocos metros cuadrados donde pueden vivir hacinadas nueve, diez y once personas. En segundo lugar, hay muchísima desinformación".

En Filipinas, el cuarto país con más contagios en Asia, con más de 3.000 confirmados, el auge de la enfermedad se agrava con el autoritarismo del presidente, Rodrigo Duterte, que ha ordenado "disparar a matar" contra los "alborotadores" que protesten durante la "cuarentena comunitaria".

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