Investidura parlamentaria

Un consejo europeo clave y la cumbre del G20 se cruzan en el calendario de Sánchez hacia la investidura

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, a su llegada a una cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno de la Union Europea en Bruselas.

Serán el 20 y 21 en Bruselas y el 28 y 29 en Osaka (Japón). El primer Consejo Europeo tras las elecciones del 26 de mayo y la cumbre del G20 tendrán lugar los dos últimos fines de semana del mes y justo antes de los primeros días de julio, la fecha que el Gobierno se ha fijado como la más probable para celebrar el debate de investidura de Pedro Sánchez.

El presidente en funciones dispone de apenas una semana antes de la cita europea para pactar una fórmula de gobierno aceptable para él mismo y para el líder de Unidas Podemos (UP), Pablo Iglesias. Ambos están llevando personalmente los contactos y de ellos depende definir lo que han dado en llamar “Gobierno de cooperación” y que todo apunta será un Ejecutivo socialista con presencia de algunos ministros de Unidas Podemos. Es verdad que los compromisos internacionales de Sánchez no le impedirán seguir en contacto con Iglesias si para entonces no han conseguido cerrar un acuerdo, pero sí pueden dificultar las conversaciones.

En cuanto Sánchez e Iglesias despejen este asunto, que se ha convertido en el principal escollo para cerrar un acuerdo de izquierdas para la legislatura, entrarán en juego los equipos negociadores de PSOE y UP, sobre los que recaerá la responsabilidad de tejer un programa común a desarrollar durante los cuatro próximos años y que necesitará, en cualquier caso, del respaldo de otras fuerzas políticas para salir adelante.

Algunas voces, sobre todo en Unidas Podemos, han considerado en las últimas semanas inoportuno el interés de Sánchez en atender estos compromisos. Se trata, sin embargo, de dos citas especialmente relevantes.

  Consejo Europeo

La reunión de Bruselas de los días 20 y 21 de junio es, seguramente, una de las más relevantes del calendario de la Unión, porque en ella se discutirá el reparto de los altos cargos y las prioridades de la UE para los próximos cinco años. El resultado de las elecciones ha otorgado a Sánchez un papel muy relevante en las negociaciones como cabeza visible del grupo socialdemócrata. De ahí que lleve semanas negociando alianzas que favorezcan la presencia de españoles en puestos relevantes.

El jefe del Ejecutivo español en funciones ha mantenido reuniones en los últimos días con el presidente francés, Emmanuel Macron, cabeza visible del grupo liberal y a quien quiere convertir en un aliado frente a los conservadores, con la canciller alemana, Angela Merkel, con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk y con los líderes políticos europeos que están llamados a ponerse de acuerdo para repartirse los cargos en la UE durante los próximos cinco años.

El presidente español, junto al primer ministro portugués, António Costa, representa a los socialdemócratas en las negociaciones previas, mientras que los primeros ministros de Bélgica, Charles Michel, y de Holanda, Mark Rutte, ejercen como representantes del grupo de liberales europeos (ALDE). El Partido Popular Europeo (PPE), por su parte, está representado en los contactos por los primeros ministros de Letonia, Arturs Karins, y Croacia, Andrej Plenković.

En juego está quién sucederá a Jean-Claude Juncker el próximo otoño al frente de la Comisión Europea, una tarea a la que aspiran los cabeza de lista de los principales partidos europeos a las últimas europeas —Manfred Weber (PPE), Frans Timmermans (S&D) y Margrethe Vestager (ALDE)—, pero para la que los líderes rechazan aceptar de manera automática a uno de estos candidatos, a pesar de que así lo exija el Parlamento Europeo.

Los Veintiocho —en realidad los Ventisiete, porque el Reino Unido está de salida— también deben acordar los relevos de Tusk en el Consejo, de Federica Mogherini en la Alta Representación de Política Exterior de la UE, del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y del presidente del Parlamento, Antonio Tajani.

Y no se trata sólo de buscar un equilibrio entre socialdemócratas, liberales y conservadores —algunas voces apuestan por incorporar a los consensos al grupo del que forman parte los Verdes, que el 26 de mayo avanzaron de forma muy significativa en las urnas— sino de cumplir con la paridad de género.

Además del reparto de puestos, los líderes europeos deben ocuparse de la Agenda Estratégica, que marcará las prioridades de la acción de la Unión para los próximos cinco años, de las negociaciones del Marco Financiero Plurianual 2021-2027, de la Cumbre del Euro y la preparación de la Cumbre de Acción Climática de Naciones Unidas.

Con vistas a la Agenda Estratégica 2019-2024, el Gobierno español ha hecho ya circular entre sus socios europeos las prioridades que expondrá Sánchez. Las propuestas, a las que tuvo acceso Europa Press, incluyen la necesidad de avanzar hacia una UE donde los asuntos fiscales se decidan por mayoría cualificada, y no por unanimidad como hasta ahora, y lo mismo con la política exterior, con la excepción de los asuntos que sean más acuciantes para los intereses nacionales.

Entre las propuestas se presta atención al reto de la migración, y se propone una respuesta coordinada, europea e internacional, que incluya diálogo y cooperación con los países de origen para frenar la inmigración ilegal y facilitar vías legales.

Sánchez cree que la UE debe tener en cuenta, política y económicamente, la carga que afrontan los países que deben frenar las salidas de migrantes. También quiere un plan rápido y reforzado de inversión europea en África.

De puertas adentro, reclamará más apoyo europeo para los países que están en primera línea, como España, que “protegen la frontera exterior común”, incluyendo ayuda rápida de la guardia costera cuando se solicite. También recordará la necesidad de una reforma equilibrada del sistema de asilo y la importancia de las políticas de integración.

Además, las propuestas españolas insisten en la tradicional apuesta por un presupuesto europeo 2021-2027 fuerte, que permita proteger los intereses de los ciudadanos y así evitar dar alas al “descontento” ciudadano y a los adversarios de la UE.

El Gobierno español quiere un presupuesto que financie adecuadamente las políticas de cohesión y agrícola, además de una estrategia de igualdad de género vinculante y un refuerzo del pilar social que incluya un seguro de desempleo común y complementario a los de los Estados miembros.

En el capítulo de lucha contra la crisis climática, apostará por el llamado New Deal verde y europeo que incluya grandes inversiones para la transición a una economía descarbonizada.

Los grandes grupos que tradicionalmente han dominado la política europea no son los únicos que están preparando la nueva legislatura. Los líderes de Polonia, Eslovaquia, Hungría y República Checa, conocidos como el Grupo de Visegrado y principal referencia en el continente de la formación ultraderechista española Vox, se reunirán este jueves en Budapest para discutir potenciales candidatos a los altos cargos en la Unión Europea.

Estos cuatro países de Europa Oriental, que entraron en el bloque en 2004, desean incrementar su representación en los puestos clave y a marcar el camino en unas instituciones que han estado dominadas hasta ahora por países occidentales como Alemania y Francia.

El encuentro tendrá lugar un día antes del que mantendrán el viernes en Malta los líderes de los países del sur, entre ellos de nuevo Pedro Sánchez. Allí intercambiará impresiones con sus homólogos de Francia, Italia, Portugal, Grecia, Chipre y Malta.

  G20

La segunda cita internacional más relevante que se interpondrá en el camino de Sánchez hacia su investidura es la reunión de los 19 países más ricos del mundo y la Unión Europea, más conocida como la cumbre del G20, que se celebrará en Osaka (Japón) entre el 28 y el 29 de junio y que mantendrá al presidente en funciones fuera de España al menos entre el 27 y el 30 de junio.

España tiene estatus de país invitado desde hace poco tiempo, pero eso le permite participar en una cita en la que sólo tienen asiento de pleno derecho Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Corea del Sur, Sudáfrica, Rusia, Arabia Saudí, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos, además de la Unión Europea como institución, que en conjunto representan más del 80% del PIB mundial. También participan los responsables de las principales organizaciones internacionales, de la ONU al FMI, pasando por el Banco Mundial y la OCDE.

La vocación inicial del G20 de foro para la cooperación económica internacional se ha visto condicionada por los vaivenes políticos de los últimos años y, en especial, por la guerra comercial desatada entre los Estados Unidos de Donald Trump y China, que los analistas internacionales consideran el principal elemento capaz de provocar nueva crisis económica mundial.

Así lo reconocieron los ministros de Economía y Finanzas del G-20, reunidos hace unos días en Fukuoka (Japón), en vísperas de la cumbre. Los participantes en la reunión no pudieron ponerse de acuerdo sobre cómo atajar este riesgo, pero sí tuvieron ocasión de comprometerse a recopilar una normativa común para el año próximo con el objetivo de cerrar cualquier vacío legal que puedan emplear corporaciones como Facebook y Google para evadir impuestos, incrementar la transparencia y facilitar el desarrollo sostenible de las infraestructuras a raíz del masivo proyecto de la nueva ruta china de la seda.

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En esa reunión previa, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, estimó que la guerra de aranceles de EEUU y China podría reducir el nivel del PIB mundial en un 0,5% y 455.000 millones de dólares para 2020, lo que afectaría significativamente la previsión de la actividad económica.

Para mitigar estos riesgos, pidió que se resuelvan las tensiones comerciales actuales —una declaración que los ministros del G20 no consiguieron incorporar al comunicado final de la reunión— y a la vez continuar trabajando para modernizar el sistema de comercio internacional.

Sobre el éxito de la reunión planea también la posibilidad de que el presidente de México decida no asistir, la incómoda presencia de Arabia Saudí, acusada del asesinato de un periodista en Turquía, o el estreno del nuevo presidente de Brasil, el ultra Jair Bolsonaro, al que Trump considera un aliado clave en el hemisferio americano. Está por ver, además, quién acudirá en representación del Reino Unido después de la dimisión de la primera ministra Theresa May, tras el fiasco del Brexit

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