La crisis de las matronas se extiende por toda España: "No hay relevo y ya no podemos más"
Cada año cientos de mujeres madrileñas y de otras comunidades cercanas acuden al Hospital de Torrejón para dar a luz. El paritorio es uno de los servicios más reputados de un hospital que se ha puesto en entredicho en las últimas semanas por las declaraciones de su CEO. No obstante, esta gestión también ha acabado afectando al servicio dedicado a los partos y las matronas han dicho basta. El equipo de matronas y Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) remitió en marzo una carta a la dirección alertando de que "las circunstancias actuales sobrepasan y limitan nuestra capacidad para brindar una atención segura y de calidad". La situación a finales de año sigue siendo similar.
En Barcelona, las circunstancias también dan pistas de estar llegando al límite. Algunos centros hospitalarios han buscado personal de manera urgente anre la posibilidad de que hubiera escasez de matronas en las fiestas. El déficit de personal y la sobrecarga también se trasladan a otras comunidades, como Toledo, donde las profesionales denuncian que sus tareas están siendo sustituidas por enfermeras sin ningún tipo de especialidad.
La precariedad y la falta de reconocimiento de las matronas provocan que el problema sea transversal en toda España. El ratio de matronas es significativamente bajo en comparación con la media europea y de la OCDE, con aproximadamente tres matronas por cada 10.000 mujeres o unas 12,4 por cada 1.000 nacimientos, frente a las siete por cada 10.000 mujeres (OCDE) o 25 por 1.000 respectivamente. Esto refleja un déficit crónico que afecta a la salud materna y reproductiva, con más de 5.000 matronas necesarias para alcanzar los estándares europeos.
Rosa Navarro, matrona en un hospital de Cataluña que prefiere no desvelar, asocia la situación a una falta de recursos provocada por la ausencia de voluntad política. "Se ha retirado mucha gente y las matronas que salen son tan pocas que no cubren las jubilaciones. No hay voluntad política ni de crear nuevas plazas con el sistema que hay ahora, pero tampoco de volver a tener esa carrera independiente que sí generaría bastantes más plazas. No hay relevo y ya no podemos más", denuncia.
"Las listas de espera van a seguir ampliándose"
Las matronas reclaman que, además del aumento de plazas y recursos, una de las soluciones para atraer a más profesionales es la mejora de su reconocimiento. El Colegio Oficial de Enfermería exige una reclasificación profesional que las cambie del grupo A2, en el que están las enfermeras sin especialización y fisioterapeutas, al A1, en el que están los médicos de familia y los médicos especialistas. "Cualquier grado de cuatro años, por ejemplo Psicología, es un grado A1 en la administración pública y las matronas no lo tienen con seis años de formación, que son dos años extra. Además, el nivel de responsabilidad que tienen es muy alto porque de ellas dependen la madre y el feto", denuncia Lola Ruiz, doctora en Historia y autora de Historia de las matronas en España.
Además de la preparación del embarazo y la etapa posparto, las matronas denuncian la falta de recursos y de personal, que no les permite llegar a todos los programas que tienen bajo sus competencias. Sus tareas también incluyen la pedagogía sobre las enfermedades de transmisión sexual, la menopausia o los cribados de cáncer de cuello uterino, el cuarto más común en las mujeres según la OMS.
"A los responsables se les llena la boca diciendo que las matronas van a ser las responsables de un nuevo programa de infecciones de transmisión sexual o de sexualidad, pero nos preguntamos cómo y, sobre todo, cuándo. Yo estoy recogiendo exudados para un diagnóstico de infección de transmisión sexual a los 20 o 30 días", denuncia Raquel Ortega, matrona en atención primaria vinculada al Hospital de Torrejón. Además, advierte que "las listas de espera van a seguir ampliándose porque queremos trabajar cumpliendo con nuestras competencias, pero necesitamos recursos humanos, materiales y tiempo".
Arrastrando la invisibilización desde el franquismo
Las matronas arrastran esta falta de reconocimiento desde hace décadas en España, pese a sus logros como pioneras. En el siglo XVIII se convirtieron en las primeras mujeres en acceder a espacios de educación superior como el Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid. Más tarde, cuando la cirugía y la medicina se integraron en las facultades universitarias, también fueron las primeras mujeres en obtener títulos universitarios.
Durante décadas mantuvieron una identidad profesional sólida, con colegios propios, organizaron congresos y participaron activamente en el debate público. Todo ese recorrido se quebró con el franquismo, que no solo las silenció políticamente, sino que desmanteló su autonomía profesional. "Durante la dictadura perdieron la carrera independiente", explica Ruiz, aludiendo a la unificación con practicantes y enfermeras que las relegó a una especialidad secundaria y marcó un retroceso profundo.
Ese legado no se corrigió plenamente con la llegada de la democracia y tuvo un punto crítico en los años noventa, cuando se dejó de formar matronas en números suficientes. "Hubo un tiempo, entre los años 80 y 90, en el que no se formaron matronas en España y, claro, las últimas que se habían formado en los 80 se están jubilando. Por ello, ese impás temporal de 10 años en los que no se formó a nadie ahora lo estamos empezando a pagar", denuncia Navarro.
Consecuencias sobre las pacientes
Lejos de reforzar una profesión clave para la salud pública, el sistema optó por una planificación que generó un déficit estructural cuyas consecuencias se arrastran hasta la actualidad y afectan directamente a las pacientes. La ausencia de reposición ha provocado la desaparición de suplencias, el aumento de las listas de espera y una atención cada vez más tardía a las mujeres, en momentos especialmente sensibles como el embarazo o el posparto.
Ese déficit tiene un impacto directo y medible en la salud de las mujeres. Ortega relata que en su consulta está atendiendo revisiones posparto que deberían realizarse a los siete o diez días y que llegan a los 20 o 30 días, cuando muchos problemas ya se han cronificado. "Eso supone que no detectamos problemas, que las lactancias complicadas muchas veces acaban en lactancia artificial", detalla.
Las demoras afectan también al seguimiento del embarazo, generando circuitos asistenciales desordenados que, lejos de proteger a las mujeres, añaden confusión y pérdida de calidad. "Yo en consulta estoy viendo mujeres con la cita postergada que se les junta con la cita en el hospital. No tiene ningún sentido que una embarazada tenga dos citas seguidas, eso no es un buen control del embarazo", insiste Ortega.
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A estas disfunciones se suman desigualdades asistenciales difíciles de justificar, que afectan especialmente a las mujeres mayores. En la Comunidad de Madrid, las mayores de 79 años directamente dejan de tener derecho a una matrona asignada. "No se les adjudica matrona, cuando sí tienen médico, enfermera, fisioterapeuta y trabajadora social", denuncia Ortega. Una exclusión que resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que muchas de estas mujeres siguen necesitando atención específica en ámbitos como la sexualidad, la menopausia tardía o los problemas ginecológicos.
Ante la falta de profesionales, el sistema también recurre a una sustitución encubierta como solución. Pese a no tener la especialidad, las enfermeras generalistas acaban realizando las funciones propias de una matrona. Una solución que no solo es insuficiente, sino injusta para las pacientes. "No es una buena atención. Incluso las enfermeras me han llegado a decir que hacen lo que pueden, pero que la mujer no ha sido bien atendida porque no tienen los conocimientos", detalla Marisa, matrona en atención primaria en Toledo.
La consecuencia de todo este deterioro es un escenario sin relevo que amenaza directamente la continuidad de la profesión. Sin mejoras reales en las condiciones de trabajo y en el reconocimiento, muchas optan por cambiarse a la enfermería general, adelantar su jubilación o abandonar la sanidad pública, no por falta de vocación, sino por puro agotamiento. "Queremos proteger la sanidad pública, pero cada vez resulta más difícil sostener ese compromiso cuando la sobrecarga es constante y los recursos no llegan", alerta Navarro. La vocación sigue siendo fuerte, pero ya no basta para compensar años de precariedad, responsabilidad extrema y falta de apoyo institucional.