A las 15.53 enfilaba Carlos Cuerpo el pasillo del Senado. Luz primaveral a través de la claraboya. Una treintena de periodistas apostados en las paredes entre cuadros de José Guerrero y Antonio Saura. El ministro de Economía tenía por delante su primera sesión de control como vicepresidente primero. El nuevo hombre fuerte de Pedro Sánchez. Y con una gran duda en su mochila: cómo mutar de tecnócrata a pope político.
En el menú: tres preguntas y una interpelación. Con la máxima expectación puesta en las dos primeras cuestiones lanzadas por el Partido Popular. Génova 13 eligió a Alicia García, la portavoz en la Cámara Alta, y Alfonso Polanco, con formación económica y ex alcalde de Palencia durante ocho años. El equipo de Castilla y León contra el vicepresidente primero, al que se unirá próximamente Ester Muñoz en el Congreso.
Los populares saben, como comentan algunos de sus parlamentarios en privado, que tienen un problema con Cuerpo. Y desde este martes por la tarde son todavía más conscientes de que no es un problema menor. No saben qué tecla tocar para atacar al vicepresidente primero, que, con sus formas templadas y extremadamente educadas, ha dejado a los populares en el lado de la exageración.
El estilo Cuerpo
El ministro ha enseñado unos primeros compases de su fórmula para enfrentarse al Partido Popular. Lejos de palabras gruesas y de choque directo, Cuerpo busca retratar a los populares lanzando el mensaje de “mano tendida”, como repitió en varias ocasiones, para frenar los efectos económicos de la guerra de Irán y apelando al tono “constructivo”.
En mitad de tiempos de máxima polarización, Cuerpo, desde que ascendió a finales de 2023 al cargo de ministro por la marcha de Nadia Calviño, ha acuñado un estilo moderado y sin gritos. Y le ha dado ya resultados: es el miembro mejor valorado del Gobierno y ha logrado ser aupado por Sánchez como su mano derecha por el salto de María Jesús Montero a la batalla andaluza del 17 de mayo.
El nuevo vicepresidente primero decidió no entrar al choque directo con García (PP), que tocó todos los palos clásicos del Partido Popular para tratar de descolocar a Cuerpo. Desde su escaño, la senadora popular pasó de hablar de “la frustración de Bolaños” por no ser vicepresidente a “María Jesús del Gran Poder”, con alusiones a que el Gobierno español “no pinta nada dentro y fuera”.
La portavoz del Partido Popular en el Senado, a la que Génova apartó en la comisión del caso Koldo para interrogar a Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, sabía que este martes era muy importante de cara a Alberto Núñez Feijóo. Llevaba preparadas frases contra el vicepresidente de este estilo: “Cuerpo a tierra, que vienen los suyos”, “hoy empieza la primavera negra del sanchismo y usted empieza a florecer como número dos de Sánchez”, “dice que no tiene carné del PSOE, pero es un militante premium del sanchismo”.
"El tono constructivo"
Cuerpo ni se inmutó. No entró al trapo. “Vamos a tener más interacciones. Intentemos conseguir un tono constructivo, al que esperemos que lleguemos”. Esa ironía gustó en la bancada socialista como se pudo ver en los aplausos de pesos pesados como Rafael Simancas, Alfonso Gil y César Mogo. Puso sobre la mesa el récord de los 22 millones de afiliados en España (un dato conocido este lunes) y apeló a un trabajo conjunto con ciudadanos y empresarios (una palabra que recalca frente a los discursos populares de que la izquierda hunde el país). Para repetirle: “Mano tendida, espero encontrarle porque ahí voy a estar yo”.
El segundo round llegaba con Polanco. El PP trata de rebatir constantemente al Gobierno con el discurso de que los datos macro no se traducen luego en la vida de los ciudadanos. Y quiso ejemplificarlo con la vida de un joven en Madrid con alquileres que sobrepasan los mil euros al mes, aunque el representante popular obvió citar que en esta comunidad el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso se niega a aplicar la ley de vivienda por la que se pueden topar precios en las zonas tensionadas.
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La técnica de Cuerpo, como si fuera casi un examen de oposición, fue centrar su respuesta comparando las cifras de los salarios entre el periodo 2018-2025 (Pedro Sánchez) y el de 2014-2018 (Mariano Rajoy). Para, además, centrarse en la reducción de los niveles de desigualdad, una cuestión que obsesiona a Cuerpo, que se presenta ante la sociedad como un garante del estado del bienestar y del ascensor social, que ha vivido en sus propias carnes (su abuelo tuvo que dejar de estudiar para trabajar en una mina y sus padres tuvieron que emigrar a Suiza).
Y sacó pecho de que la renta de las familias españolas crece más que las de los Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia. Pero recordó que el mundo vive un shock por la guerra de Irán, por lo que pidió al PP que arrime el hombro en un momento en el que Génova 13 decidió hace dos semanas abstenerse en la votación del decreto para paliar los efectos económicos del ataque ilegal de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Cuerpo ya ejerce de vicepresidente primero. Con estilo propio. Y el PP no sabe cómo pararlo.
A las 15.53 enfilaba Carlos Cuerpo el pasillo del Senado. Luz primaveral a través de la claraboya. Una treintena de periodistas apostados en las paredes entre cuadros de José Guerrero y Antonio Saura. El ministro de Economía tenía por delante su primera sesión de control como vicepresidente primero. El nuevo hombre fuerte de Pedro Sánchez. Y con una gran duda en su mochila: cómo mutar de tecnócrata a pope político.