28A | Elecciones generales

La derechización de Cs coincide con su caída en los sondeos y la irrupción de Vox como principal destino de sus exvotantes

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, saluda a un grupo de asistentes a la manifestación de la madrileña Plaza de Colón, a la que acudieron también seguidores del PP y de Vox, entre otros partidos.

Fernando Varela

La decisión de Ciudadanos de cerrar las puertas a cualquier acuerdo con el PSOE después de las elecciones del 28 de abril, hecha pública el lunes tras la reunión semanal de su ejecutiva, fue inmediatamente interpretada como un intento de limitar la fuga de votos de la formación naranja hacia el PP de Pablo Casado en la pugna que ambos partidos mantienen por la hegemonía de la derecha. Si la derecha y la ultraderecha suman escaños suficientes en el Congreso después de las elecciones, el líder de la formación que mande en este bloque político tendrá todas las papeletas para convertirse en el próximo presidente del Gobierno.

Rivera quiere ese puesto. Y Pablo Casado ha interpretado así la decisión de Ciudadanos de someter al PSOE a un cordón sanitario y dejar claro antes de ir a las urnas que los votos que los ciudadanos entreguen al partido naranja no serán utilizados para que Pedro Sánchez sea investido presidente del Gobierno. En 2015, recordó, Rivera selló el “pacto del abrazo” en el Congreso con Pedro Sánchez para investir al candidato socialista presidente del Gobierno e incluso solicitó el apoyo a Pablo Iglesias para esa investidura, declaró Casado en una entrevista emitida por Telecinco. Un comportamiento que, subrayó Casado, pone en duda la credibilidad del compromiso de Rivera.

El líder de Cs, por su parte, repitió el mensaje que está intentando fijar en la mente de los disputados electores de la derecha: “Hay que echar a Sánchez. Cada voto a Ciudadanos va a ser un voto para que Sánchez se vaya a la oposición”, proclamó en una reunión de su grupo parlamentario.

Sin embargo, el retroceso electoral que sufre Ciudadanos y reflejan las encuestas publicadas desde que el pasado verano Pedro Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno no se está produciendo en favor del PP de Casado sino que es producto esencialmente de la fuga de votantes hacia la ultraderecha, lo que explicaría en última instancia la decisión de Rivera de someter al PSOE a un “cordón sanitario”.

Tendencia a la baja

La encuesta de Metroscopia para el diario 20 Minutos publicada hace pocos días revela que Ciudadanos está en su peor momento desde las generales de 2016 con un 15,4% de intención de voto y en una tendencia claramente a la baja (20,5% en diciembre y 17,8% en enero).

De ahí la importancia de los datos de transferencia de voto entre partidos, que revelan cómo la formación de Rivera es, con el PP, la que tiene menos fidelidad de voto, hasta el punto de que más de la mitad de los que le apoyaron en 2016 (un 57%) se está planteando o ya ha decidido dejar de hacerlo. Y la mayoría de los votantes que abandonan Cs por otros partidos se dirigen a Vox (el 13%). Un 8% prefiere al PSOE y un 5% dice que votará PP, siempre según la encuesta de Metroscopia. Ciudadanos, en cambio, sólo capta voto de forma significativa del PP (un 11% de los votantes que el partido de Casado tuvo en 2016).

De ser ciertas estas cifras, Ciudadanos estaría captando 810.000 antiguos votos del PP, pero se les estarían a su vez escapando entre los dedos una cifra similar entre quienes votaron a Cs  con destino a Vox (408.000), PSOE (250.000) y el propio PP (157.000).

Que Ciudadanos necesita frenar la sangría de voto que beneficia a los ultraderechistas de Santiago Abascal es un hecho que corroboran también los datos de transferencia de voto de otros estudios de intención de voto publicados recientemente, como el CIS de enero, la encuesta de Celeste-tel para Eldiario.es, la de Gesop para El Periódico o la de Sociométrica para El Español.

El. Centro de Investigaciones Sociológicas calcula esa fuga de votos en un 10%. Un porcentaje que, de acuerdo con los datos del resto empresas dedicadas a realizar estudios de opinión, se mueve entre un 10,2 y un 16,2% y constituye, en todos los casos, el principal agujero por el que se están marchando los electores que en 2016 dieron su apoyo a Ciudadanos. Un fenómeno que coincide en el tiempo con la derechización del discurso de Rivera y la renuncia a los mensajes de moderación que en el pasado pronunciaba con el objetivo, hoy aparcado, de convertir a su partido en una referencia del espacio centrista.

Los datos de fidelidad de voto también son alarmantes para Rivera porque, con alguna excepción que confirma la regla, revelan que la mitad aproximadamente de sus antiguos votantes tienen otros planes para el 26 de abril. Y que los votos que llegan de otras formaciones —sobre todo del PP— no compensan las pérdidas.

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