Los límites del Estado aconfesional

Donativos 'contactless' y catedrales con taquilla: la Iglesia moderniza el cepillo sin perder su privilegio fiscal

Cripta de la Catedral de la Almudena (Madrid).

Medios modernos... para un antiguo privilegio. La instalación de un cepillo electrónico en la Catedral de la Almudena de Madrid, que permite a los fieles hacer donativos con tarjeta de crédito, no sólo supone la ruptura de la típica imagen del cestillo dominical, asociada al tintineo de las monedas y a la histórica colaboración parroquial de la era de las Iglesia católica de masas. Hoy, con la secularización avanzando imparable, el cepillo contactless de la Almudena subraya además cómo la actualización tecnológica de la gestión económica de la Iglesia avanza mientras persiste su especialísimo estatus fiscal de raíz nacionalcatólica, aunque revalidado en democracia. Un trato fiscal preferente que no se da sólo en el cepillo. Como donativo, estos ingresos, también cuando son recibidos a través de la tarjeta de crédito, quedan fuera del radar del fisco. Más llamativa es la opacidad con la que la Iglesia opera en el mercado turístico rentabilizando sus principales activos, los templos catedralicios, por los que cobra entradas exentas de tributación.

Hay que distinguir los donativos de las entradas. Los donativos son lo que se llama también "la voluntad". El cepillo de toda la vida. Esto está exento por el acuerdo económico entre el Estado español y la Santa Sede de 1979. Dicho acuerdo, sumado a la legislación democrática posterior, han ido configurando un particular estatus fiscal. Particular porque, por sus dimensiones, patrimonio y volumen de actividad, sus exenciones son especialmente relevantes, aunque partidos políticos y ONG compartan buena parte de sus beneficios tributarios. Están exentos del Impuesto de Sociedades los donativos, las colectas, los rendimientos del patrimonio mobiliario e inmobiliario y las plusvalías generadas por ventas de patrimonio. También lo están algunas actividades económicas de asistencia social, las prestadas en hospitales y colegios, las editoriales y librerías, las visitas culturales, la realización de cursos o conferencias, las actividades deportivas y aquellas cuyo importe no supere los 20.000 euros. A esto se suma la exención del IBI. La Iglesia no paga tampoco Transmisiones Patrimoniales. Ni Plusvalías, ni Sucesiones y Donaciones, ni Actividades Económicas.

En teoría con todo este marco se pretende proteger la dedicación de la Iglesia a sus fines propios, como la predicación y la caridad. Y, en un segundo nivel, la asistencia social y la educación. El problema es que las barreras entre estas actividades y las lucrativas se difuminan. Por ejemplo, la Iglesia alquila a terceros bienes inmuebles por los que no paga IBI, caso de aparcamientos o hasta hoteles. Se trata de un caso de posible competencia desleal, que en ocasiones similares la justicia europea está corrigiendo. Pero hay otro ejemplo más inadvertido: las entradas a monumentos.

Al menos cuarenta catedrales en toda España cobran por el acceso, si bien la memoria económica de la Conferencia Episcopal no recoge la recaudación, que está exenta de tributación. Tampoco está detallada en los portales de transparencia de las distintas diócesis. A las catedrales de pago se suman decenas de iglesias, basílicas, monasterios y museos diocesanos que también tienen tarifa de entrada. A efectos prácticos son como donativos libres de impuestos. Aunque ya no puede decirse que sean "la voluntad" porque, si no se pagan, no se tiene acceso.

Desde el Arzobispado de Madrid, uno de los que tienen una política de claridad ante los medios más avanzada, se aclara que la Almudena no cobra entradas. Es cierto. Pide sin obligar a los fieles que aporten un donativo voluntario, que ahora pueden dar con tarjeta. Esto le permite decir con rigor que se trata de "aportaciones de los fieles" y computarlas así en sus contabilidades. Mucho más cuestionable es que se pueda contabilizar como aportación de los fieles lo que entrega el Estado vía IRPF por la casilla de la Iglesia, ya que sale del bolsillo de todos los contribuyentes quieran o no, o lo que pagan los visitantes por la entrada en otros templos, donde hace ya tiempo que se ha ido incorporando la tarjeta de crédito. Curiosamente, esta incorporación no ha sido noticia, como el contactless de la Almudena, porque se considera normal que se pague con tarjeta por una entrada y más curioso que se haga con un donativo. En realidad lo curioso es que fiscalmente las entradas no son entradas.

Los fines de la Iglesia

La CEE afirma que la Iglesia, junto con el resto de instituciones acogida a la Ley de Mecenazgo, está obligada a declarar por el conjunto de sus rentas, exentas y no exentas. Pero, claro, declarar no es tributar. El Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) ha señalado que en casos como las entradas a los templos la Iglesia se beneficia de los grises del sistema. José María Mollinedo, secretario general de Gestha, duda que los ingresos por sus entradas tengan cobertura para ser considerados "donativos". La clave residiría en los fines a los que se dedican los ingresos. Es decir, en si están destinados a los fines propios de la institución. Cuando el dinero ingresado se dedica a compensar gastos de mantenimiento, no cabría hablar de valor añadido objeto de tributación. Pero, ¿y si hay un gran volumen turístico que genera un beneficio? En teoría ahí sí debería haberlo. 

Además las autoridades tributarias no hacen las debidas comprobaciones. Y no porque no haya material para que se interesen. La Catedral de Sevilla genera más de 14 millones de euros. La Mezquita-Catedral de Córdoba no publica datos que orienten sobre lo recaudado, aunque recibe casi 2 millones de visitantes al año. Sí es sabido que el Cabildo que la gestiona ha invertido dinero nada menos que en Abengoa, lo que contradice el discurso de la CEE según el cual el dinero de las entradas es para conservación y mantenimiento de los templos.

Gestión profesional

Un buen número de cabildos y diócesis se están pasando a la gestión profesionalizada de sus activos turísticos, encomendando el trabajo a empresas especializadas. La gestión de las catedrales ofrece un inmejorable ejemplo de la modernización de la gestión económica de la Iglesia. Empresas como Vocces Lab y Artisplendore enriquecen las visitas a los templos con contenidos elaborados por especialistas en historia del arte, lenguaje y comunicación. Los cabildos y diócesis contratantes disponen de un control estadístico accesible desde internet que permite conocer en todo momento los beneficios por la venta de entradas y productos. Esto incluye informes comparativos sobre resultados, de forma que el cliente puede ver cómo va el año con respeto al anterior, o conocer la procedencia de los visitantes. Los obispos reclaman además servicios de identidad corporativa, consultoría de marca, producción gráfica y audiovisual, desarrollo web... Las catedrales son ya activos turísticos tanto como templos religiosos. Pero están protegidos por un ventajoso estatus tributario.

Se han sumado a esta gestión profesionalizada las catedrales de Burgos, Salamanca, Sevilla, Ávila, León, Zamora, Oviedo, Cádiz, Almería, Ourense, Plasencia, Guadix y Tui; la concatedral de Cáceres; la iglesia de Santo Tomé en Toledo; el convento de Alba de Tormes en Salamanca; la abadía de San Salvador de Oña en Burgos; las basílicas de San Vicente en Ávila y de San Juan de Dios de Granada; el museo diocesano de Zamora; la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda; los monasterios de La Rábida en Palos de la Frontera, de Uclés y de Santa María de Valbuena; la colegiata de Antequera; el santuario de Santa Casilda en Salinillas...

Maximizar el beneficio

Que una catedral, como la Almudena, que no cobra entrada ponga un sistema de donaciones con tarjeta no debería ser tan llamativo por el hecho en sí, sino porque nos recuerda que en decenas de templos el dinero que entra tiene la misma consideración que este cestillo, a pesar de que la gestión para su obtención está orientada a maximizar el beneficio. "Lo interesante sería determinar con claridad si las entradas son o no donativos. Los donativos son libres y gratuitos. Si se piden en la puerta como requisito para la entrada, ya no son un donativo. Y habría que ver también si estas entradas están o no en todo caso exentas de IVA. Pero para eso son necesarias unas comprobaciones que no se hacen", señala Mollinedo, de Gestha.

Enrique Ruiz, especialista en economía de la Iglesia de Europa Laica, señala que la normativa patrimonial da cobertura a la Iglesia para acoger la mayoría de sus templos a la exención del IVA. Lo que, a su juicio, tiene menos justificación es la "opacidad" con la que disponen del dinero recaudado a través de entradas a templos. "Ni en la documentación de la CEE ni en la de las diócesis se encuentra el dinero que se ingresa por los templos. Ahí hay un beneficio y debería haber una aportación fiscal", añade. Ruiz confía en que la jurisprudencia europea que avanza hacia la supresión de privilegios económicos de la Iglesia cuando recibe ayudas fiscales que adulteran el mercado, ya que le permiten competir con ventaja, acabe suprimiendo también estas zonas grises, de las que también se beneficia la famosa BBC: los ingresos por bodas, bautizos y comuniones.  

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