Las elecciones en Aragón exhiben el divorcio entre Vox y los ultracatólicos que les auparon

Hubo una época dulce de sonrisas y apretones de manos. De galas, premios y palabras amables. Pero de aquello hoy ya no queda prácticamente nada. Vox ya no es ese partido valiente que merecía ser "loado". Ahora, forma parte de esa "derechita cobarde" de la que ellos tantas veces han intentado diferenciarse. Un divorcio con el gran lobby ultracatólico que lo aupó –y que le hizo de cantera política en su entrada en las instituciones– que acaba de escribir un nuevo capítulo al calor de las elecciones aragonesas. Por vez primera, Hazte Oír ha dejado a Vox en un segundo plano de su guía electoral. Y ha arropado abiertamente a los ultras de Alvise Pérez de cara a los comicios.

La brecha entre la formación liderada por Santiago Abascal y la entidad que antaño le premió –en 2012, justo cuando presidía la Fundación Denaes– se ha ensanchado con el paso de los años. Y eso que en un principio el matrimonio entre el partido ultraderechista y el lobby que le dio impulso parecía inquebrantable. "Según dirigentes del partido, cada vez que Arsuaga arremetía contra ellos por no seguir sus dictados, Abascal les pedía que se mordieran la lengua. Vox pretendía empezar a caminar solo, pero no conseguía sacudirse la tutela de quienes le habían ayudado a ponerse en pie", explica el periodista Miguel González en Vox SA (Península, 2022).

La conexión entre Vox y Hazte Oír fue evidente desde el principio. Ahí están los múltiples premios concedidos por el colectivo a miembros de la formación ultraderechista. Y la ristra de personajes vinculados o, directamente, pertenecientes al lobby ultracatólico que el partido colocó en las instituciones. Es el caso, por ejemplo, de Francisco José Contreras, que ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados. O de Gador Joya, que ejerció como parlamentaria ultra en la Asamblea de Madrid. Y también el de la actual presidenta de las Cortes Valencianas, Llanos Massó, o el portavoz de Vox en la misma Cámara, José María Llanos.

Los ultracatólicos ejercieron desde un primer momento como canalizadores de voto a la formación de Abascal. Buena prueba de ello es Vota Valores, una suerte de campaña que lanzan cuando hay elecciones evaluando los diferentes proyectos políticos. En su Guía de Voto, Vox siempre era la opción mejor puntuada, incluyéndola aunque los sondeos no les vaticinasen buenos resultados. Hasta ahora. Por primera vez, y con la vista puesta en los comicios aragoneses, el lobby capitaneado por Ignacio Arsuaga parece haber encontrado una mejor opción. Ahora, arropa abiertamente a Se Acabó La Fiesta.

"En una sola palabra, un sinvergüenza"

El partido político impulsado por el agitador ultra Luis Alvise Pérez, que tiene en la actualidad cuatro causas penales pendientes –por financiación ilegal, por acoso a sus propios eurodiputados, por mensajes en Telegram contra una fiscal y por difundir un bulo en redes sociales contra el president Salvador Illa–, es rival directo de los de Abascal. En las últimas elecciones europeas, según el CIS postelectoral, un 28,7% de los votantes de Se Acabó la Fiesta venían de haber introducido la papeleta de Vox en las generales de 2023. Ambas formaciones tratan de pescar en caladeros de votos similares. Y ponen mucho el foco en el electorado joven, masculinizado y volcado en las redes sociales.

El pasado fin de semana, el colectivo ultracatólico se presentó en Bambú, sede de Vox, con 16.000 firmas para exigir que la formación política se comprometa en defensa de los valores de Hazte Oír. "Vida, familia, libertad. Innegociables. Vox no se compromete con tus valores", podía leerse en la pantalla luminosa de uno de los camiones desplegados por los de Arsuaga en las inmediaciones del edificio. "Esto no ha hecho más que empezar...", era otro de los mensajes. Una campaña que ha intensificado este martes con la presentación de un bus que hará circular por las provincias aragonesas y en el que pueden leerse dos preguntas: "¿Es Vox un PP verde? ¿Nueva derechita cobarde?".

Una guerra que se ha trasladado a las redes sociales, donde Arsuaga ha entrado en el cuerpo a cuerpo con algunos de los perfiles que funcionan como altavoz de los de Abascal. Así, ha tratado de explicar que como Se Acabó La Fiesta aún no ha tenido "oportunidad de exigir nada" a Vox o al PP, la valoración para elaborar su suerte de guía electoral se ha hecho en función de las respuestas que ha dado al cuestionario remitido –el que dicen que los de Abascal no han contestado–. "Lo mismo hicimos con Vox, que en nuestras guías de voto tuvo todo verde hasta que tocó poder y decidió no usarlo para defender la vida ni derogar ninguna ley trans", ha reprochado.

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Vox ha querido restar importancia a las maniobras de Hazte Oír. "Cada uno puede hacer las manifestaciones que quiera y puede pedir el voto para quien quiera", ha señalado su portavoz en el Congreso de los Diputados, Pepa Rodríguez de Millán. No obstante, alguno de sus miembros sí que se ha pronunciado al respecto en X. "Directamente al grano: quien la ha hecho [la guía de voto] es un pícaro, un espabilado, un tramposo, un bribón, un tunante. En una sola palabra, un sinvergüenza", ha lanzado Carlos Flores, parlamentario de Vox en el Congreso de los Diputados.

Un largo divorcio

La relación del partido con el colectivo comenzó a deteriorarse a finales de 2021, cuando puso en marcha una campaña de recogida de firmas para exigir a Vox que rompiera en la Comunidad de Madrid con Isabel Díaz Ayuso y le tumbase los presupuestos si no había derogación de leyes LGTB y trans. Unos meses después, en febrero de 2022 y con las elecciones en Castilla y León a la vuelta de la esquina, el lobby ultracatólico puso en marcha una campaña similar a la actual contra la formación de extrema derecha porque no respondía a su cuestionario. Y en septiembre de ese mismo año salió a arropar públicamente a Macarena Olona en plena batalla con la dirección de la que un día fue su casa.

Una guerra que también parece emerger en la implosión de Revuelta, una suerte de rama juvenil de Vox. A finales de noviembre, Arturo Villarroya y Javier Esteban presentaron en Fiscalía una denuncia contra la asociación, de la que acababan de dimitir, por "presuntas irregularidades graves, posible estafa en el destino de fondos y en el cobro de cuotas de afiliación sin derechos asociados". A un lado de la trinchera, los denunciantes, Vox y todo su aparato. Al otro, Jaime Hernández y sus colaboradores. Este último, cabecilla de Revuelta, guarda desde hace años una estrecha vinculación con Hazte Oír.

Hubo una época dulce de sonrisas y apretones de manos. De galas, premios y palabras amables. Pero de aquello hoy ya no queda prácticamente nada. Vox ya no es ese partido valiente que merecía ser "loado". Ahora, forma parte de esa "derechita cobarde" de la que ellos tantas veces han intentado diferenciarse. Un divorcio con el gran lobby ultracatólico que lo aupó –y que le hizo de cantera política en su entrada en las instituciones– que acaba de escribir un nuevo capítulo al calor de las elecciones aragonesas. Por vez primera, Hazte Oír ha dejado a Vox en un segundo plano de su guía electoral. Y ha arropado abiertamente a los ultras de Alvise Pérez de cara a los comicios.

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