Talento a la fuga

Emigrantes en Londres: “España es un familiar enfermo por el que no puedes hacer nada”

Emigrantes en Londres: “España es un familiar enfermo por el que no puedes hacer nada”

Que dos españoles coincidan en Londres se ha convertido en una circunstancia poco excepcional, y eso es exactamente lo que les sucedió a Sandra Polo, ingeniera de caminos y Victoria Moreno, arquitecta técnica. Como tantos otros cientos de españoles, estas dos jóvenes de 26 años cruzaron sus destinos en la capital británica, la ciudad en la que decidieron emprender sus carreras profesionales. Desde el salón del piso que ahora comparten, narran su experiencia a infoLibre.

“Mi fuga al extranjero empezó en Brasil”, dice Sandra. “Sabía que estaban en pleno auge económico y que en España estábamos como estábamos, así que decidí marcharme”. Ingeniera de caminos todavía en formación, decidió aprovechar un programa de intercambio con la universidad de São Paulo para cruzar el Atlántico y terminar su carrera. La estancia, que habría de durar poco más de un año, acabó prolongándose hasta dos. “Mi primer año fue muy bueno. Estuve estudiando y realizando un proyecto de cooperación al desarrollo trabajando en una favela, y el segundo empecé a hacer prácticas de empresa remuneradas. El programa exigía solo tres meses, pero al final acabé haciéndolas durante un año”.

Con la carrera terminada, Sandra sopesó la posibilidad de establecerse definitivamente en Sao Paulo, una ciudad que le permitiría continuar con su proyecto profesional en la misma empresa en la que se había formado, sin embargo, la sensación de inseguridad, junto con el inicio de la caída de la economía brasileña, terminaron por truncar sus expectativas en el país latinoamericano. “Me atracaron varias veces y empecé a tener miedo. Quizá tuve mala suerte, pero fue una experiencia que me dejó traumatizada”, recuerda. “Al mismo tiempo, se advertía ya una crisis económica que hoy se ha acentuado”.

Sandra: De São Paulo a Londres

Cargada de razones para abandonar el país que la había acogido durante dos años, Sandra desechó también la posibilidad de regresar a España. La precariedad que le ofrecía su país natal no le ayudaría a encontrar el empleo que le permitiera saldar el préstamo que, poco antes de marcharse, había solicitado al Banco Santander. “Cuando decidí irme a Brasil mis padres no tenían dinero para mantenerme, así que pedí un crédito supuestamente ventajoso para estudiantes por el que pago un 6,5% de intereses y tres seguros de vida: el mío y el de mi madre y mi tío, que son los avalistas”, explica. Sandra encontró entonces “la ocasión perfecta” para marcharse a Inglaterra: “Ya conocía a mi novio inglés, sabía que la situación económica en Reino Unido era buena y que necesitaban ingenieros, así que no me lo pensé”. Casi dos meses después vio como sus expectativas se materializaban en tres ofertas de empleo entre las que tuvo que elegir.

Victoria: “En España tenía un trabajo 'made in China'”

Victoria llegó hace más de medio año. Titulada en arquitectura técnica y un ciclo formativo de grado superior en construcción, decidió presentar su baja voluntaria en el precario empleo que ostentaba en la capital española y comenzar una nueva vida en Londres. “Con la carrera casi terminada, me contrataron como delineante en un pequeño estudio de arquitectura de Madrid”, explica. “Me pagaban como a una cajera de una tienda o una dependienta. Aquello no era un empleo 'made in Spain'; aquello era un puesto de trabajo 'made in China'”, afirma con la ironía que le permite afrontar las condiciones laborales a las que estuvo sujeta durante meses: “Trabajaba como delineante 40 horas semanales por 750 euros netos. Eso es 'made in China'”, insiste socarronamente. Las precarias condiciones profesionales que le ofrecía España, junto con una gran dosis del espíritu aventurero que se reconoce, ayudaron a Victoria a decantarse por Londres, una ciudad de la que dice, se enamoró hace años, y en la que, tras emplearse en varios puestos de hostelería, ha encontrado la oportunidad de desarrollar su carrera profesional en el área para la que se formó.

De la cafetería al estudio de arquitectura

Servir cafés y canapés en el catering que un estudio de arquitectura contrató para celebrar su 30 aniversario se configuró como la ocasión perfecta para que Victoria se abriera camino en su sector profesional. “El estudio estaba encima de la cafetería para la que yo trabajaba y decidieron contratar a dos camareras para el evento”, relata. “Aproveché la ocasión para presentarme y explicar lo que había estudiado en España”. Un día después, esta madrileña preparaba su currículum para iniciarse como arquitecta técnica en el mercado laboral londinense, una oportunidad que se materializó dos meses después cuando finalmente la llamaron para incorporarse al puesto de trabajo que ahora ocupa.

Emigrantes o aventureras

¿Emigrantes o aventureras? “Yo me habría marchado igual”, dice Victoria, que en seguida afirma sentirse más representada en la figura de aventurera. Sin embargo, Sandra, que asegura ser una mezcla de ambas cosas, le rebate: “Es cierto que en España podrías quedarte, pero en muy malas condiciones”. “Yo sí soy emigrante, aunque también es una experiencia emocionante”, continúa para después puntualizar: “Tenemos la mentalidad de que solo es emigrante el que viaja en patera y no tiene papeles, pero en realidad es todo el que migra, el que sale a buscar una oportunidad profesional”.

Emigrantes o no, lo cierto es que tanto Sandra como Victoria se han encontrado en la capital británica, no solo con un salto salarial notable, sino con unas condiciones que contrastan con una cultura laboral española asentada todavía en una rígida concepción de las jerarquías profesionales y los horarios. “Aquí los jefes no tienen despacho. Trabajan codo con codo con sus empleados. Los que yo tenía en Madrid no te daban ni los buenos días”, afirma Victoria. Una aseveración que no tarda en corroborar Sandra: “En mi empresa se aplican los principios de lo que ellos denominan 'Libro amarillo', un manual donde se especifica que los despachos particulares son malos, porque resultan caros, ocupan mucho espacio y te separan de tus empleados”.

¿Cómo se ve España desde el exterior? “Como a un familiar enfermo al que quieres, pero por el que no puedes hacer nada”, responde Sandra, que al igual que su compañera Victoria no ve factible un pronto regreso a un país que, de momento, parece empeñarse en expulsar a toda una generación de titulados que se niegan a conformarse con salarios y condiciones 'made in China'.

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