Talento a la fuga

“Hemos dejado que gente muy buena se marche por la puerta de atrás”

María Cabrera: "Me vine a Canadá hace cuatro años pensando que en cinco pasaría la crisis".

Cuando María Cabrera contempla a través del vidrio de la pecera a sus guppys, no ve al exótico pez cuyo brillante colorido y facilidad de aclimatación le ha hecho popular como mascota en todo el mundo. Esta bióloga gaditana observa con interés científico a esta especie caribeña que como ella, ha viajado hasta el laboratorio canadiense donde trabaja desde hace cuatro años. A doce meses de culminar su tesis doctoral en la Universidad de Montreal, esta investigadora de 29 años hace un alto en sus investigaciones para explicar a infoLibre la experiencia de quien ha dejado atrás familia y amigos para encontrar el reconocimiento que España le niega a la Ciencia.

Impulsada por la preparación recibida en la Universidad de Granada, su vocación científica y su afán de independencia personal y económica, María se dispuso a saltar los casi seis mil kilómetros que separan su Cádiz natal de Canadá. Cansada de ver cómo se le cerraban una tras otra las puertas de una España espoleada por la crisis y los recortes, comprendió que había llegado el momento de hacer las maletas. “Intenté hacer un doctorado pero fue imposible. Me ofrecieron entrar a trabajar en un laboratorio sin cobrar hasta que saliera una beca. El problema es que ya había cuatro o cinco personas esperando desde antes que yo. Así que tenía que abrir los ojos: Vi que así no”, explica. Aprovechando su experiencia Erasmus en Holanda, no tardó en ponerse en contacto con el que había sido su supervisor para encontrar su primera oportunidad laboral en el exterior: “Me contestó que en año se iba a Canadá y que solicitara allí el doctorado. Me aceptaron y me vine”.

“¿Qué cómo se vive con una beca de doctorado en Canadá? Bueno, no puedo hacer grandes fiestas, pero se puede vivir” responde con la confianza y la satisfacción de haber logrado, no solo hacerse un hueco profesional en el exigente ámbito científico, sino de haberse desprendido de la dependencia económica de su familia. “Aquí soy independiente. No tengo que pedirle nada a mi madre”. Una realidad que, reconoce, la aleja de la idea de un retorno próximo a España: “Todos los días me pregunto qué pasará. Pero para volver y no tener nada, mejor me quedo aquí”, afirma convencida de que el paro y la precariedad no han abandonado la realidad de su país natal: “Veo cómo se encuentran muchos de mis amigos, sin trabajo, o haciendo muchas horas para cobrar muy poco, y me niego a verme en esa situación”, sentencia.

Como tantos otros investigadores españoles que decidieron emprender sus carreras en el extranjero, María no puede reprimir el temor a encontrarse la misma España que abandonó y que no ha dejado de mermar la inversión en Ciencia. “Hemos dejado que gente muy buena se marche por la puerta de atrás. No dan becas al investigador principal y se ha recortado financiación a los laboratorios. Si no tienes los recursos necesarios para investigar, no te conviene volverte solo por estar cerca de tu familia”. Reclama así una apuesta definitiva por la I+D+i que, no solo facilite el retorno de los investigadores expatriados, sino que impulse un nuevo modelo productivo más estable: “Si se les diera trabajo a todos los graduados que quieren investigar, España se acabaría igualando con países que invirtieron en Ciencia en su día y que ahora se han convertido en los mejores”. Un objetivo que se configura cada vez más lejano si se tienen en cuenta los datos de la OCDE que sitúan a España como el país que más ha recortado en esta materia durante la crisis, y un esfuerzo que, como explica desde su experiencia, no siempre exige millonarias inversiones: “Todo lo que hago en Canadá podría hacerlo en España. No necesito una tecnología o maquinaria muy avanzada ni costosa”, remata.

María se indigna cuando escucha cómo desde instancias públicas se refieren a los expatriados como “aventureros” para minimizar el fenómeno migratorio. “No me he marchado por placer ni para disfrutar de otros sitios. He venido a trabajar y por lo tanto, he llegado en calidad de emigrante”. Espectadora en la distancia, reconoce el cada vez mayor esfuerzo que le supone seguir la actualidad de una España que no deja de repetir los vicios que la llevaron al desastre. “Me vine a Canadá hace cuatro años pensando que en cinco pasaría la crisis, que iríamos a mejor y podría volver. Pero veo que vamos a peor”. Esta investigadora no puede ocultar su decepción por la deriva que sigue su país natal y que, advierte, también amenaza con hacer cruzar el océano a las generaciones más jóvenes. “Mi hermana pequeña de 16 años ya me pregunta qué hace falta para tener trabajo en Canadá, o como se consigue un visado a EEUU. Da mucha pena porque la gente joven tampoco se va a quedar”.

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