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Recuerdos de aquellas maravillosas campañas: entre los Farias para los jubilados y la pizarra de Anguita

Julio Anguita en un mitin en Córdoba.

“Antes eran campañas de movilización de la gente. Nos reuníamos para meter papeletas en los sobres. Los jóvenes se quejaban de que sólo se les utilizaba para pegar carteles. Cuidábamos muchísimo la radio. ¡Joder, hay alguien del PCE en directo! ¡Hay que llamar y también intervenir!”.

Iñaki Anasagasti (PNV) echa así la vista atrás cuando se le pregunta cómo eran antes las campañas: “Hubo una fundamental, que fue la de 1977. Tenía la gasolina de la ilusión. Hubo muchísimos mítines, banderolas, caravanas, vallas, actos en cada barrio. Ahora son un mero spot, se habla para salir 30 segundos en los medios”. Y se ríe a continuación: “También hacíamos cosas muy raras, como construir una ballena como una gargantúa, con los niños entrando por la boca”.

Se adentra en esos recuerdos de días y días pidiendo el voto durante años: “Repartíamos caramelos, bolígrafos, pegatinas. ¡Y Farias en los hogares de jubilados! Era un zafarrancho de combate, ahora las campañas son de francotiradores. Eran en la calle. Te tocaba en el Arenal… y te pasabas allí tres horas. Había gente que rechazaba la publicidad, pero en general había cultura de coger la información. Ponías hasta un tenderete. ¡Ahora ya no hay en Bilbao!”

Al histórico parlamentario del PNV le viene a la cabeza la música que impregnaba las calles en los actos de los partidos. Y confiesa: “Vino un senador americano en el 78. Nos soltó un rollo y dijo que eran mejores las campañas aburridas porque vio el desmadre que era aquello”. “Íbamos de casa en casa, a los asilos, a los clubs”, describe aquellas rutas agotadoras.

"Íbamos a la Puerta del Sol a entregar papeletas"

Las campañas han ido cambiando a lo largo de la historia en España, pero de manera vertiginosa en los últimos años por las redes sociales. Confiesa Diego López Garrido que la que más le marcó en primera persona fue la de 1993, cuando a Julio Anguita le dio un infarto. Iba como su ‘número dos’ y tuvo que asumir el principal protagonismo.

“Me acuerdo mucho del mitin que di en la Plaza Mayor de Madrid, donde se emitió un vídeo de Julio. Todo era mucho más artesanal, se pegaban físicamente a las doce de la noche los carteles, ibas recorriendo España de ciudad en ciudad”, indica el que fuera una de los principales rostros de Nueva Izquierda, que remacha que antes había mucho más “entusiasmo popular” durante las campañas: “En la primera etapa de la democracia se valoraba mucho a los políticos”.

“Ahora hay mucho menos puerta a puerta. Nosotros nos íbamos a la Puerta del Sol a entregar papeletas”, comenta, para luego reflexionar: “En estos momentos hay más cansancio, pero la parte positiva es que la gente en España confía mucho en el sistema democrático, eso tiene que ver con la entrada en la UE”.

"Mi primer mitin fue con 16 años, con mi compañero Pepe del PCE"

Rosa Aguilar, exalcaldesa de Córdoba y exministra de Medio Ambiente, se emociona al revisitar algunas de las campañas: “Me acuerdo del primer mitin que di. Tenía 16 años. Fue en Peñarroya, en un pueblo de la sierra en Córdoba. Iba con otro compañero del PCE que se llamaba Pepe. Lo hicimos en el campo de fútbol. El jefe de la policía local era también comunista y primero hubo un izado de bandera con él firme. De pronto se cerró el cielo y cayó el diluvio universal. El compañero dijo: ‘Con nosotros no ha podido Franco, pues no va a poder la lluvia’. Acabé como si hubiera estado en una piscina. La mayor tormenta del mundo. En el coche tuvimos que estrujar los calcetines y quitarnos el jersey. Llegamos tiritando a Córdoba. Un estreno brutal”.

Aguilar subraya: “Un elemento clave y diferencial antes, que no lo sustituyen las redes, es el contacto humano. No hay ahora esa cercanía y proximidad. Era puerta a puerta, en los barrios y en los pueblos. La política tiene que tener alma y corazón. Mirar al votante a los ojos y decir lo que vas a hacer o pedir perdón por algo que has hecho. Ahora todo se fía a los medios y las redes. La gente iba hace años a los mítines a escuchar aunque no fueran del partido, ahora el 99% son militantes”.

¿Y quiénes han sido los mejores mitineros? Aguilar responde: “Julio Anguita levantaba mucho a la gente. Llevaba incluso una pizarra para explicar las cosas. Y Alfredo Pérez Rubalcaba era una persona que a la gente le gustaba escuchar. Pero lo más importante siempre ha sido hablar con sentimientos, eso me falta ahora”.

El "rito" de pegar los carteles

Una pregunta que también responde Micaela Navarro, expresidenta del PSOE, que recuerda cómo levantaban a las masas en los mítines Felipe González, Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, José Bono o José Luis Rodríguez Zapatero, también cita el fervor por Pedro Sánchez en 2019. “La gente iba a verlos, no había que llamarla”, comenta.

Navarro pone énfasis en el momento “de rito” que suponía la pegada de carteles “con papel y cola”: “Me trae muy buenos recuerdos”. Y explica luego cómo era la guerra de pósters en las calles durante los días de la campaña: “En los últimos día llegan y te tapan los tuyos, luego vuelves…”

Ahora rememora aquella “barbaridad” de mítines multitudinarios, como los míticos del PSOE en el velódromo de Dos Hermanas (Sevilla). “La gente se desplazaba sola, quería ir, es una tontería decir que era por un bocadillo”, añade, para reconocer que en la política actual ya no se ve esa movilización. “Me emocionaba ver en los mítines a personas que habían luchado durante años. Eso no tiene precio”, añade.

"Yo era muy mitinera, muy follonera"

La campaña de 1986 fue la que más marcó a la exministra Celia Villalobos al ser la primera que hizo: “Había que ir a los pueblos, no había redes sociales. Había ilusión por participar en los actos e ir a los mítines. Me he recorrido la provincia de Málaga millones de veces. Fue un cambio profundo en mi vida, era un momento muy difícil para nosotros”.

“Me acuerdo del primer mitin que hice, fue en la plaza de toros de Málaga en 1986, con Alianza Popular. Llenamos al meter a cinco mil personas. Eso entonces era un éxito. Ahora son mítines muy seleccionados”, apostilla. Al principio la gente, indica, iba a los actos de distintos partidos, aunque no los votaran, porque era novedoso. “Una cosa asombrosa viniendo de una dictadura”, refuerza Villalobos.

La exdiputada del Partido Popular afirma: “Yo misma era muy mitinera, muy follonera”. “Alberto Ruiz-Gallardón era muy bueno en los actos, como Javier Arenas y Antonio Hernández Mancha”, especifica, para luego también indicar el cansancio de muchas campañas. A la mente le viene la de las europeas de 1994: “Metí una maleta en el coche, ¡y al camino! Aproveché también para ver unos paisajes maravillosos y comer divinamente”.

"Llenábamos el Palau Sant Jordi"

Las campañas han cambiado de manera “vertiginosa”, como describe Lourdes Ciuró, exdiputada durante ocho años en el Congreso. Se acuerda mucho de la de 2011, cuando CiU logró 16 escaños en la Carrera de San Jerónimo: “Fue muy mítica, con mítines en gran formato, llenábamos el Palau Sant Jordi”,

“Antes se hacían propuestas, ahora se habla de emociones”, comenta la también exconsellera de Justicia de la Generalitat: “Íbamos a los mercados, a las tiendas. Ahora todo es menos tangible y se hace con las redes sociales. Pero sólo llega a los de tu cuerda. Si ves mi Twitter y eres un extraterrestre, piensas que todo el mundo es de Junts e independentista”.

En su memoria tienen un lugar especial esos grandes mítines: “Eran un baño de adrenalina. Los discursos eran espectaculares, tenían fondo intelectual. Ahora sólo se apela con consignas frívolas. La piel de gallina, la fiesta mayor de los partidos. El mensaje era positivo, mientras que ahora todo el mundo parece cabreado. La gente iba a los actos como si fueran a ver a Messi”.

"Hay una cosa que sigue siendo determinante: la televisión"

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Pedro Quevedo (Nueva Canarias) lleva sobre sus espaldas también muchas campañas, de generales a municipales y autonómicas. En su opinión: “Se ha perdido bastante la liturgia del mitin y de escuchar, en favor de las redes sociales. Y estas tiene poco filtro. Pero hay una cosa que sigue siendo determinante: la televisión. Se ha abandonado el contenido militante y hay más marketing”.

“El mitin era la única forma de verdad que tenías de reunirte con un grupo significativo de gente que estaba dispuesta a escucharte. Había gente que iba a decidir. Esto pasaba hasta hace veinte años. Ahora está más enlatado y pensado para salir en el periódico y no para convencer a la gente de nada. Se trata sólo de transmitir la idea de fortaleza”, compara.

Las campañas dejan todo tipo de momentos. A Quevedo se le escapa una carcajada cuando recuerda un mitin en el que le pegaron una pegatina detrás que ponía “No te creas nada”. Y no dejaba de escuchar a gente reírse detrás suyo mientras hablaba “hasta que alguien hizo el favor de quitármela”. También se divierte contando que a él no le gusta bailar, pero siempre lo sacaban durante los mítines. “Al primero que iban era a mí”, concluye.

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