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Protestas sociales

Una marea ciudadana recorre Europa contra la Troika

Arranca la Marea Ciudadana contra la Troika en 80 ciudades

Bien es por todos sabida la distancia que separa a Madrid de la playa. Aun así, por fuerza de ese fenómeno recurrente en los últimos años que nada tiene que ver con las fuerzas gravitacionales -la indignación-, la marea ha vuelto a subir, cubriendo las calles del centro de la ciudad de colores, de mensajes, de cánticos… y de personas. Varios miles de ellas se manifestaron en la tarde del sábado en la capital en comunión con un centenar de ciudades de trece países europeos, 40 de ellas en España. Poco queda por explicar sobre las razones que los han congregado: desahucios, desempleo, recortes, y otras injusticias sociales varias, fruto de medidas de austeridad que en muchos casos vienen impuestas desde instancias supranacionales como la Comisión Europea, el BCE y el FMI, a saber, la Troika.

Convocados por la plataformas española y portuguesa Marea Ciudadana (de la que forman parte movimientos como las asambleas del 15M, distintas mareas en contra de la privatización de los servicios sociales y partidos como IU, Equo e Izquierda Anticapitalista) y Que se lixe a Troika, los ciudadanos han seguido en Madrid una ruta que ha comenzado en la Plaza de Neptuno para llegar hasta la de Emilio Castelar. Una trayectoria ascendente en lo que respecta a la percepción de las responsabilidades institucionales, empezando por el Congreso de los Diputados para acabar en la sede de la Comisión Europea, pasando por el Banco de España y la Bolsa.

Media hora antes del arranque de la marcha, previsto para las 18.30, se podía oír el ya habitual runrún de los helicópteros policiales surcando el límpido y soleado cielo que se levantaba sobre la capital. Unos diez furgones policiales, amén de varios coches, guardaban ya la plaza de Neptuno, con sus correspondientes agentes apostados tras las vallas que cortaban el tráfico, los brazos cruzados y el gesto ceñudo. Frente al cercano museo del Prado, se desplegaban pancartas con consignas del tipo 'Sin cultura, es dictadura', mientras que personas ataviadas con su camisetas verdes, naranjas, rojas... se significaban en defensa de una porción particular del estado de bienestar, para, en común, luchar así por el conjunto. Grupo a grupo, fluían hacia la glorieta en la que el dios de las aguas esperaba a desatar la marea.

Durante el recorrido, que pasó por el Paseo del Prado, Cibeles (allí se coreó, ante la sede del Ayuntamiento, La Botella, al contenedor), Recoletos y Castellana, cada rima gritada, cada cartela enarbolada, remitía a una queja diferente pero complementaria: bomberos quemados, afectados por las preferentes, anhelantes de la III República, sufridos desempleados, mujeres por su derecho a decidir, despedidos de Telemadrid, jóvenes y mayores, ellas y ellos… todos caminaban tras una cabecera con el lema El mundo NO es una mercancía. Aunque los convocantes ya avisaban que, aunque pacífica, esta no era una protesta festiva, las casi obligadas batucadas han animado el paso de los manifestantes, lo mismo que la música que salía de una furgoneta de los organizadores, desde donde sonaban Hasta siempre, comandante, Def Con Dos o los Celtas Cortos.

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La misma motivación de la manifestación, la repulsa a la “odiosa Troika”, acompañada de cánticos como No queremos, no nos da la gana, ser una colonia de la banca alemana, desmentía –y aquí un inciso en otro orden de cosas-, el reciente artículo publicado por el muy influyente The Economistsobre la economía nacional. En él se señala que los ciudadanos españoles, a diferencia de otros países de la eurozona igualmente afectados por la crisis, asumen abnegadamente toda la culpa de la actual coyuntura como propia, en vez de achacarla, ni siquiera parcialmente, a las imposiciones de Alemania. Ante tales afirmaciones, la respuesta de miles de voces ha sido: Troika fuera.

Sigue el camino. Más lecheras y más madera. A la altura de la Plaza de Colón, frente a la boca de la calle Génova, donde se encuentra la sede del PP, el parpadeo de luces azules resulta casi hipnótico. Los convocantes, previsores, habían avisado a la Delegación del Gobierno tanto de los horarios como del recorrido de la marcha, no fuera a ser que la Policía volviera a empuñar la porra o, lo que es peor, la pistola de bolas de goma. “Eso no nos da miedo, ya estuvimos el 25 de septiembre”, dice un grupo de cuatro mujeres que corean divertidos chascarrillos contra el Gobierno. Se llaman Lourdes, Cruz, Pili y Concha y, a la pregunta sobre las razones de su participación en la protesta, responden que si es que esta periodista quiere escribir un libro, de tantas que tienen. “Estamos hartas, es evidente que no nos hacen ni puto caso. Ya solo nos queda la calle”.

Al final de la ruta, gritos de Que se joda la Troika.Que se joda la Troika Lectura de un manifiesto, conexiones en streaming con otros países, y tema reivindicativo cantado por La Mamandurria. Una vez más, quedarán de este enésimo grito del pueblo cientos de fotos y vídeos grabados, crónicas como esta y reportajes en distintos medios. Que este llegue a oídos de aquellos contra los que se dirige, o que estos oídos no se hagan los sordos, ya es otra historia.

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