Entrevista

Martín Pallín: "La vía adecuada es la canadiense porque las demás están agotadas"

José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo.

Ángel Munárriz

Preocupado por la escalada de tensión y escéptico sobre las capacidades de los máximos responsables políticos en España y Cataluña, al mismo tiempo que convencido de que es posible una solución dialogada y razonada, José Antonio Martín Pallín (A Coruña, 1936) asiste a la crisis catalana con voluntad de aportar su granito de arena.

El destacado jurista, magistrado emérito del Tribunal Supremo y ex fiscal del mismo, anunció la pasada semana que trabajará con otros expertos en derecho en una propuesta de referéndum pactado para Cataluña basada en el caso de Quebec, en Canadá. La conocida como vía canadiense consiste en la celebración de un referéndum no directamente vinculante, pero que sí obligaría al Gobierno, en caso de que ganase la independencia, a negociar la secesión. No obstante, afirma que cualquier proceso de diálogo debe estar abierto a fórmulas matizadas o adaptadas a la realidad española. En resumen, pide salir de las trincheras y dejar en casa las visiones en blanco y negro.

Martín Pallín cree que sería prematuro ofrecer detalles sobre esta intención, sabedor de que, en el actual escenario de polarización, cualquier propuesta puede quedar sepultada por una dinámica de continua negación de las vías intermedias. Prefiere esperar a que "las aguas vuelvan a su cauce", aunque él mismo admite que tiene dudas de que puedan volver. ¿Quién trabajará con él en este proyecto? "He sido 40 años profesor universitario y tengo contacto con otros catedráticos, más jóvenes que yo", afirma.

Referente progresista en el ámbito de la justicia durante décadas, Martín Pallín se muestra atónito ante la actuación policial del domingo en Cataluña, que considera impropia de un Estado democrático. Cree que el Gobierno debió tolerar el voto en el referéndum, pese a estar suspendido y no tener carácter vinculante. Reivindica una salida dialogada que culmine en un referéndum pactado en el que se pregunte a la ciudadanía catalana, aunque tampoco desdeña opciones como la reforma federal de la Constitución, si bien cree que en Cataluña será difícil de aceptar una solución en la que los catalanes no tengan la última palabra.

Si tiene lugar una declaración unilateral de independencia, como pretende el Govern de Cataluña, Martín Pallín sostiene que se producirá una "usurpación" de los poderes del Estado que obligará a éste a "intervenir". Y además sostiene que la comunidad internacional comprendería esta intervención, de la misma manera que no ha comprendido las cargas policiales en los colegios electorales.

PREGUNTA: ¿Por qué cree que la vía canadiense es la adecuada para Cataluña tras el 1-O?

RESPUESTA: Porque todas las demás vías están agotadas. Sólo existen dos discursos polarizados, centrados en raíces históricas. Yo les recomendaría a todos la lectura de un libro clave, Cataluña en la España moderna, de Pierre Vilar. El problema es que lo que deberían ser demócratas de derechas, tipo Merkel, Sarkozy o Macron, pues en España es una derecha con incrustaciones franquistas que utiliza un discurso pleno de testosterona y falto del más mínimo raciocinio político. Y por la otra parte el único argumento es que "España nos roba" y que sólo vale la independencia. Aunque es verdad que hay catalanes que están diciendo, aunque sea subliminalmente, otra cosa. El propio Puigdemont en la entrevista con Jordi Évole dijo que la declaración de independencia era algo que no estaba sobre la mesa...

P: El propio president afirmó lo contrario el domingo tras el cierre de las urnas.afirmó lo contrario el domingo

R: Sí, ya... Es verdad. Esto valía para antes, pero después del domingo, ya no.

P: ¿En qué consiste la vía canadiense?

R: Bueno, no se trata de inventar nada. Esta línea ya está inventada. En primer lugar, que hubiese un referéndum pactado, eso es evidente. Y ahora ya se puede decidir si es necesario variar la Constitución o se podría llegar a un acuerdo con base a la actual ley de referéndum.

P: ¿Podría a su juicio haber un referéndum con base en el artículo 92 de la Constitución, sin reformarla?

R: Sí, aunque si se cambia la Constitución todo es más fácil. Yo creo que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa podría reforzar desde el exterior esta postura de hacer un referéndum, siguiendo las líneas marcadas por el Tribunal Supremo canadiense [para el caso de Quebec]. Es perfectamente posible. Por supuesto, Canadá no es España y habría que adaptar los planteamientos allí expuestos a la realidad española. Y haría falta cumplir con las reglas mínimas de la Comisión de Venecia y fijar una mayoría y unos índices de participación ligeramente reforzados [para alcanzar la independencia].

P: Entiendo que eso debería establecerse en una ley de claridad que fijase los términos para la independencia.

R: Efectivamente. No se trata de que haya una declaración de independencia a las ocho y media, media hora después de cerrar los colegios. Sería un proceso gradual, que podría establecer una fórmula de integración en España. Es posible. Pero hay que dialogar. Un país más tensionado que el nuestro, como Bélgica, con flamencos y valones, tuvo más sensatez que nosotros tras más de 500 sin gobierno. Podían haber roto perfectamente, pero no lo hicieron. Aquí tenemos el choque entre la testosterona de la derecha y el irredentismo de sectores independentistas.

P: Bélgica es un Estado federal. ¿Garantiza mejor un Estado federal la unidad ante procesos rupturistas? ¿Tendría Cataluña mejor acomodo en una España federal?

R: No estoy seguro. A mí no me parece mal la salida federal. No sería la solución, pero desde luego sí mejoraría lo que tenemos ahora. Ya se intentó en el borrador de la Constitución de la primera república [en 1873, proyecto redactado por Emilio Castelar que las Cortes no llegaron a aprobar]. Yo recomendaría su lectura. No sé si ahora podría haber una especie de café para todos, pero con una reforma más política, hacia un Estado federal. Pero lo primero ahora es buscar el encaje de Cataluña, aunque también del País Vasco y quizás de Galicia. Para el resto hay tiempo.

P: En cualquier caso, una reforma federal de la Constitución, con más competencias para los Estados federados, sería compatible con el referéndum pactado de la vía canadiense que usted defiende, ¿no?

R: Por supuesto.

P: Para esa reforma tendría que haber un consenso político que parece muy difícil, o esperar a ver qué establece el Tribunal Constitucional si hubiera un recurso.

R: Claro. El problema es que todo el mundo da por hecho que el Tribunal Constitucional se alinea con la derecha de la testosterona. Pero no tiene que ser así. Ahora mismo el Constitucional se ha convertido en un juzgado de guardia sin posibilidad de recurso. Esto es algo escandaloso.

P: ¿Considera que es posible que Cataluña se llegase a independizar sin un referéndum en toda España sobre una reforma de la Constitución?

R: A mí me parece que un referéndum sobre Cataluña tiene que ser en Cataluña. España es una democracia representativa, no nos cansamos de oírlo. Pero, claro, tendría que haber una mayoría sustancial en el Parlamento español [que lo apoyase].

P: Pero si hubiera una modificación de algún punto cuya reforma requiere mayoría agravada y referéndum, ahí ya es inevitable consultar a nivel estatal.

R: Sí, sí, por supuesto. Si hay reforma de la Constitución, ahí sí que ya tiene que intervenir toda España, eso es evidente.

P: Eso requeriría no sólo un amplio consenso político, sino mucha pedagogía política.

R: Eso es lo que hace más falta en este país. Pero eso no sólo es un problema de los políticos, también de las carencias de la enseñanza, que vienen de 40 años de dictadura y de 40 años de educación concertada en los que la Iglesia ha mantenido la mayor parte del control sobre la educación. Y aprovecho para decir que me parecían más liberales los hermanos de la doctrina cristiana y los jesuitas de mis años escolares en los 40 que muchos colegios concertados de ahora.

P: Sé que la línea de trabajo por la vía canadiense es aún incipiente. Pero, ¿en qué se va a concretar?

R: Cualquier iniciativa sería ahora prematura, porque estaría en un ámbito puramente académico. Primero hay que ver cómo evoluciona esto, sin perjuicio de que podamos ir trabajando en la propuesta, que presentaríamos más adelante. Lo primero es que bajen las aguas y vuelvan a su cauce, lo cual va a ser difícil. Y si vuelven habrán dejado todas las casas hechas un desastre.

P: ¿Ha hablado con algún partido político?

R: No. Si hay alguno interesado, yo con mucho gusto. Pero hasta ahora no.

P: ¿Qué balance hace de la jornada de este domingo?

R: Fue una votación anormal. Yo no soy el más indicado [para saberlo] porque he vivido 40 años bajo una dictadura donde no se podía votar, salvo la ley orgánica del Estado. Pero bueno, yo no he visto nada así dentro de lo que podrían ser los 27 países de la UE, y no digo de los 47 del Consejo de Europa porque ahí está Rusia con [el conflicto de] Crimea, que tampoco es un ejemplo. Entre los 40 o 50 países democráticos consolidados y que forman parte de organismos internacionales es absolutamente insólito e inédito encontrarse con unos policías y guardias civiles cuya única misión, ¡porque ellos cumplían órdenes muy concretas de políticos!, sea cerrar colegios y llevarse las urnas.

P: ¿Era aceptable la celebración del referéndum, suspendido por el Tribunal Constitucional?suspendido por el Tribunal Constitucional

R: El 9-N se dejó votar y no pasó nada. Ahora decían "no, por encima de nuestro cadáver". Vuelvo a repetir lo de la testosterona. Entonces se pusieron en marcha todos los mecanismos, incluidos los que lamentablemente vimos el domingo. Y los que vio todo el mundo.

P: La solución entonces hubiera sido dejar votar pero no aceptar el carácter vinculante del referéndum.

R: Pero por supuesto, eso no hay nadie que lo dude [que el referéndum no tiene carácter vinculante]. Y ya la ley de transitoriedad jurídica me parece un disparate mayúsculo.

P: En este escenario tan polarizado, ¿cuándo llega la hora de las propuestas y las razones?

R: En primer lugar, cuando lleguen al Gobierno políticos que tengan una cierta capacidad de saber sobre qué país y sobre qué circunstancias están legislando, y no lo fíen todo a los argumentos económicos. Lo que había que hacer [el domingo tras la votación] es pedagogía, conociendo la historia, y explicar que hay otros caminos, que en otros países se han intentado otras vías, que no estamos cerrados a hablar sobre estos temas, aunque también que la votación no iba a tener ningún efecto más que el puramente simbólico... Ahí se hubiera podido empezar a tejer un diálogo. Me temo que en estos momentos la cuestión no está para diálogos.

P: ¿Qué ocurre si hay una declaración unilateral de independencia?

R: Ahí el Estado sí tiene que intervenir, porque eso ya es usurpar los poderes del Estado. El poder judicial, por ejemplo. ¿Cómo va llegar un señor al Tribunal Superior de Justicia [de Cataluña] diciendo "Oiga, váyase usted, que me voy a poner yo"? Eso no parece factible.

P: Y podría no producirse ningún reconocimiento externo.

R: Eso aparte de las cuestiones del día a día, que no serían posibles. Y ahí sí que habría que aplicar artículos concretos del Código Penal, no esas tonterías de la sedición. No le quedaría más remedio al Estado. Y en el terreno internacional eso sí que lo entenderían, lo que no entienden es lo del domingo.

P: Se refiere a las cargas policiales. ¿Cree que esas imágenes muestran la impotencia del Estado?

R: Del Estado no, del Partido Popular y los que lo apoyan.

P: ¿Es posible otra forma legal de celebrar un referéndum? No me refiero sólo a la vía canadiense, sino a cualquier solución política pactada. Una reforma constitucional sometida a referéndum en toda España, por ejemplo.

R: En Cataluña ya se ha votado tres veces, no lo olvidemos: Estatuto, 9-N y el domingo. Lo que quieren es una votación del censo electoral catalán. Creo que los catalanes no aceptarían otra cosa. Es lo que yo creo.

P: Es decir, que la última palabra la tendrían los ciudadanos de Cataluña, y para eso la mejor vía es la canadiense,

R: Bueno, pero la vía canadiense habría que adaptarla al gusto y la realidad española. Canadá es un país distinto. Por ejemplo, en Canadá, para cualquier iniciativa de esta naturaleza, hay que consultar a un actor político, los pueblos indígenas históricos.

P: ¿Y en esa fórmula canadiense adaptada a España entrarían Galicia y el País Vasco?

R: De momento esperemos. Vayamos por partes. Vamos a centrarnos. Aunque es verdad que el País Vasco viene detrás y que esto le afecta. En Galicia, que es mi tierra, creo que el caciquismo que denunciaban Castelao, Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y nuestros grandes escritores sigue vigente.

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