Cambios en el Gobierno

“Noraboa, vice!”: el día en que el histórico sindicalista Suso Díaz se emocionó “sin pasarse” ante su hija vicepresidenta

La nueva vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, observa a su padre, Suso Díaz, y al secretario general de UGT, Pepe Álvarez, durante su traspaso de cartera ministerial

A las ocho y media de la mañana ya ha desayunado y da vueltas por la casa con una camisa blanca y una americana gris puestas. Está un poco nervioso. La pequeña de sus tres hijos se ha ido hace un rato a ver al rey. Su nieta sigue dormida.

  • ¡Pero Carmela! ¿Qué haces aún en la cama? ¡Venga arriba!

Suso Díaz no quería viajar a Madrid por miedo al coronavirus, pero en el fondo se alegra. El trayecto desde Oleiros (A Coruña) lo hace en coche junto a un compañero de Comisiones Obreras, el sindicato del que fue durante años máximo dirigente en Galicia. Lleva a mano el justificante que le acredita como invitado a un acto oficial. En total, casi seis horas de autovía para cumplir con la petición expresa de la nueva vicepresidenta tercera del Gobierno de España: estar cerca de su padre el día de la toma de posesión para poder darle las gracias en persona.

  • “Grazas papá polas leccións de vida, de dedicación aos demais, de respecto e solidariedade”.

Yolanda Díaz está nerviosa. Se le nota en el tono de voz y en que lee cada palabra de su discurso, algo poco habitual en ella. “Me ha gustado que se haya dirigido a mí en galego porque soy hijo de campesinos y el galego lo aprendí en el campo”, dice el padre.

Cuando se refiere a él, la hija levanta la mirada y lo busca. Y se traga las lágrimas igual que unos minutos antes, cuando el ya exvicepresidente le entrega su nueva cartera. Ella la coge con una mano, pero con la otra le agarra de la manga de la americana como pidiéndole un abrazo.

En su intervención, la vicepresidenta tercera le muestra especial gratitud a su “querido Pablo Iglesias”, el hombre que la ha señalado como sucesora en el Consejo de Ministros y, aunque ella no quiera ni escucharlo, también como candidata. Desde este momento, será ella quien lidere una de las dos partes del Gobierno de coalición que gestiona la mayor crisis social y económica del siglo, quien departirá cara a cara con el presidente los asuntos más relevantes y quien construirá, seguramente escoltada de cerca por otros compañeros, el futuro de un espacio político marcado en los últimos años por el hiperliderazgo de Pablo Iglesias.

La también ministra de Trabajo no hace demasiada mención a ese poder recién adquirido. El foco lo pone en las que hasta ahora han sido sus competencias, las que se resistió a perder aunque ello le costase los rangos que fueran necesarios en el orden de las vicepresidencias. Ahora, ante la batalla política de la reforma laboral que tendrá que librar en breve en el seno del Gobierno, lanza un aviso: “Nada se construye sobre la desigualdad y la precariedad. No estaríamos aquí si no fuese por las personas trabajadoras de este país. A ellos nos debemos, a ellos me debo”.

Cuando al histórico sindicalista gallego le preguntan si se ha emocionado escuchando a su hija contesta que “sí, un poquito, pero sin pasarnos”. Según quienes lo tenían cerca, disimula. “Bah, se hace el duro”, sostienen. Pero él se esfuerza en normalizar todo lo que le está pasando a la nueva vicepresidenta. “Claro que estoy orgulloso de ella, pero igual que de los otros dos hijos. Y estoy orgulloso porque son buenas personas, no por los cargos que tengan. Si Yolanda deja la política mañana, también seguiré estando orgulloso de ella”.

En realidad, ese empeño en quitarle hierro parece una manera de intentar protegerla. Y por eso le gusta que Pablo Iglesias siga ejerciendo el liderazgo político del partido. Quizás así, quiere pensar, ataquen menos a su hija y le hagan menos daño.

Pregunta clave: ¿cuál es la virtud que hace que la ministra de Trabajo haya conseguido poner de acuerdo ocho veces a patronal y sindicatos en un momento de polarización extrema? “Ten en cuenta que yo llegué a firmar varios acuerdos con Fraga, siendo yo un sindicalista que había estado en la cárcel durante la dictadura de la que él fue ministro. Así que le viene de familia”, relata el exdirigente de CC.OO.

Suso Díaz echa de menos a Carmela y a Yolanda y no esconde que le encantaría que volvieran a Galicia, aunque sabe que es algo cada vez más difícil. Puede que por eso le aconsejara en su día no venir a Madrid y centrarse en la política gallega. También cuenta que la llama poco “por no dar la tabarra”. De hecho, la mañana en que se enteró de que iba a tener una hija vicepresidenta tan solo le mandó un mensaje, muy breve, que decía: “Noraboa, vice!”

Cuando acaba el acto de toma de posesión se pone en marcha para volver a Oleiros. Apenas tiene un momento para despedirse de su hija que, poco antes, desde el atril, ha citado a Saramago: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos”. Casi todos los que la conocen tienen claro que, a estas alturas, es muy probable que la hija de Suso haya asumido ya más responsabilidades de las que ella misma es todavía consciente.

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