Violencia machista

La petición de perdón de El Prenda, ¿primer paso para la reparación de la víctima o estratagema judicial?

Concentración en Madrid contra la libertad provisional de La Manada.

A José Ángel Prenda le basta la cara de un folio para expresar su "total arrepentimiento". En mayúsculas, el reo escribe de su puño y letra una petición personal: el perdón de la víctima. Prenda es uno de los cinco hombres que violaron a una joven la noche de los Sanfermines de 2016. El mismo que después de agredirla y humillarla la abandonó en un portal; el mismo que unas horas más tarde se jactaba de la agresión con su grupo de amigos. También fue el mismo que negó el delito y lo tachó de "mentira". Un lustro después, el condenado a quince años de prisión no sólo reconoce los hechos, sino que pide perdón a través de una carta, como adelantó este jueves El Periódico. El preso solicita que sus palabras consten en el expediente penitenciario, pero también promete trabajar "incansablemente para reparar el daño". La pregunta es obligada: ¿se trata de un paso para la reparación de la víctima o de una estratagema judicial?

La fiscal especializada en violencia de género Susana Gisbert responde: una cosa no excluye a la otra. "Puede estar arrepentido de corazón y puede ser que quiera beneficios. Pueden ser las dos cosas a la vez", dice al otro lado del teléfono. La fiscal deja claro que el hecho de responder a una lógica puramente estratégica no redundará, tampoco, en beneficios extraordinarios para el preso. "No significa que vaya a salir en tercer grado ni a obtener beneficios que otro preso no puede conseguir". Sí puede ser, contextualiza la experta, un punto a su favor para lograr esos beneficios reglados a los que los condenados pueden acceder una vez cumplida la cuarta parte de su condena.

Teresa Hermida, abogada de la víctima, sí considera en declaraciones a El País que el perdón es "ficticio" y que se trata de una "maniobra para conseguir beneficios penitenciarios". Pero aporta una clave: la víctima ha considerado, tras conocer el testimonio de su agresor, que "por fin ha reconocido el delito". Lo hace, en efecto, después de años habiéndolo negado tajantemente. El mismo preso escribía otra carta hace ahora cinco años, meses después de haber violado a la joven, en la que no sólo negaba la agresión, sino que tachaba a la víctima de mentirosa. "Son cinco familias destrozadas por una mentira que estoy seguro que en su día diría para salir del paso", afirmaba en la misiva e instaba a que la víctima terminase "con todo esto contando la verdad".

A esta primera carta ha hecho referencia la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, en redes sociales: el agresor ha pasado de negar rotundamente los hechos, a reconocer la violación. Un salto más que cualitativo. En él ha reparado también la ministra de Igualdad, Irene Montero. "Que uno de los violadores de La Manada reconozca la violación y pida perdón es el primer paso para la reparación de la víctima. La reparación social también es importante: tira por tierra los cuestionamientos y acusaciones de denuncia falsa. Hoy suena más fuerte el #YoSíTeCreo", publicó la titular de la cartera en su cuenta de Twitter.

Gisbert confirma que no es habitual encontrar una petición explícita de perdón por parte de los agresores machistas, especialmente en el terreno de la violencia sexual. Sí ocurre en el caso del maltrato en pareja, en parte porque forma parte del ciclo de la violencia –tensión, explosión de la violencia y luna de miel–, pero fuera de la pareja es una anomalía.

La magistrada Lucía Avilés se muestra escéptica. Coincide con la fiscal en la valoración estrictamente jurídica –el arrepentimiento puede ser valorado positivamente, igual que el buen comportamiento o el arraigo familiar–, pero difiere en el plano simbólico. "Está todo muy estudiado, muy meditado, no da puntada sin hilo y a estas alturas no parece una reparación real", reflexiona. José Ángel Prenda ya intentó pedir hasta en dos ocasiones permisos de salida, ambos denegados por Prisiones.

Si bien el discurso feminista siempre ha hablado del poder de la reparación, la jueza no cree suficiente el mero arrepentimiento expresado en un papel "sin ningún otro hecho que lo corrobore". Los hechos por los que el reo fue condenado, recuerda, son "muy graves" y requieren de un "arrepentimiento proporcional". La pregunta es evidente: ¿cómo se mide el arrepentimiento? Lucía Avilés y la activista Teresa Sáez dan la respuesta: escuchando a la víctima. No tenerla en cuenta para culminar el proceso de reparación, consideran, no sólo sería un error mayúsculo, sino que además arrancaría un nuevo estadío de violencia: la institucional.

Sáez es fundadora de la organización feminista navarra Lunes Lilas. A su entender, el texto del agresor no cumple con los requisitos mínimos que deben dar sentido a una verdadera justicia reparadora. Es fundamental, estima la activista, valorar la intención de quien se dice arrepentido. Y en este caso es "dudosa" y responde más a "una maniobra" premeditada que a un ruego genuino. Han pasado cinco largos años, el condenado no ha tratado de ponerse en contacto con la víctima a través de sus abogados y de forma privada, sino que ha visto "la oportunidad porque se acerca la posibilidad de salir", opina Sáez.

¿La carta puede funcionar como elemento aleccionador, como sostiene Irene Montero? Avilés cree que otorgarle ese poder supone concederle un protagonismo que no debería tener. "Lo que tira por tierra los discursos negacionistas son las sentencias condenatorias, no una carta", afirma. Gisbert y Sáez, por el contrario, sí creen que puede tener un peso simbólico significativo: el escrito, al fin y al cabo, "ha puesto en evidencia" a todo aquel que "aplaudió y apoyó" la violación, sostiene la activista. Incluido el juez que la tildó de "jolgorio" y los medios que le dieron crédito. Para Gisbert el mensaje es claro: el daño está hecho, recuerda, pero el reconocimiento del delito y el perdón sirven para enmendar "todo el discurso negacionista" que da pábulo a los agresores. Pone en valor, asienten las entrevistadas, todo lo que el movimiento feminista viene clamando en las calles desde que la primera manifestación en apoyo a la víctima demostró que cientos de miles de personas sí la creían.

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