El recuerdo del 11-M revive el impacto de otra guerra ilegal mientras la derecha regresa a la conspiración

El 11-M sigue siendo una herida abierta en España. Una fecha que marcó el país con el mayor atentado yihadista perpetrado en la historia. Las imágenes de las explosiones de los trenes cerca de la estación de Atocha siguen muy presentes en la sociedad 22 años después. Y ahora ese recuerdo, además, coincide con el despertar otra vez del grito de “No a la guerra”.

El atentado yihadista se produjo después de que España participara junto a Estados Unidos y Reino Unido en la guerra de Irak por la supuesta existencia de unas armas de destrucción masiva que nunca se encontraron. La decisión la tomó de manera unilateral José María Aznar frente a las masivas protestas de los ciudadanos. Y la gestión del atentado posterior, con el entonces Ejecutivo mintiendo sobre la autoría del mismo y señalando a la banda terrorista ETA, tuvo consecuencias políticas como la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero el domingo 14 de marzo.

Este duro aniversario ha coincidido más de dos décadas después con la irrupción de nuevo del “No a la guerra”, aunque esta vez el Gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza, ha rechazado aliarse con Washington para sumarse a un conflicto que no tiene ningún amparo de la legalidad internacional. Pero lejos de las lecciones aprendidas durante aquel inicio del siglo XXI, la derecha española ha elegido posicionarse del lado de Donald Trump, en el caso de Vox, o no deja clara cuál es su postura, en el caso de la dirección nacional del PP pilotada por Alberto Núñez Feijóo.

Aznar, sin remordimientos

Pero es que, además, José María Aznar ha reaparecido por partida doble durante este 11-M sin ningún atisbo de remordimiento. Lo ha hecho coincidiendo con un momento en el que figuras de Génova 13 no dejan de reivindicar el reciente 30 aniversario de su primera victoria electoral en la noche del 3 de marzo de 1996. Y cuando se evidencia cada día que su poder es total en la esfera del partido.

El expresidente del Gobierno volvió a mostrar su querencia por las intervenciones militares en un día tan señalado. Durante un acto por la mañana en Valencia, Aznar señaló que está “más que justificado” el conflicto en Irán y consideró que España debería estar al lado de sus aliados.

Respecto al fin del conflicto, manifestó que las operaciones que se empiezan "hay que terminarlas", porque abandonar las cosas "a la mitad" o dejar que sigan los mismos gobernantes en Irán es "apostar para que dentro de diez años estemos en la misma historia". No faltaron las críticas a la posición del Gobierno español: "Está en contra de nuestro principal aliado de seguridad, de quienes nos dan apoyo y seguridad".

Vuelven las teorías de la conspiración sin pruebas

En su doblete de jornada, por la tarde estuvo en Madrid en la presentación del libro del exministro del Interior Jaime Mayor Oreja, titulado elocuentemente Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira. Un gesto también de importancia simbólica, porque el texto vuelve a rescatar teorías de las conspiración sobre el atentado del 11-M al involucrar a Francia y a la banda terrorista ETA.

Después del atentado terrorista del 11-M y la victoria de Rodríguez Zapatero tres días después, el Partido Popular de Mariano Rajoy se abonó a la teoría de la conspiración y basó en ella su oposición a través de dirigentes como Eduardo Zaplana, entonces portavoz en el Congreso, y Ángel Acebes, que fue secretario general de los populares por aquella época. Una idea que se retroalimentaba a través de la derecha mediática. Una de las voces en los medios fue Cayetana Álvarez de Toledo, que luego saltó de El Mundo al PP y hoy es una de las diputadas más cuidadas por Feijóo en la Cámara Baja.

En su libro, Mayor Oreja insiste en estas teorías, sin ningún tipo de base y obviando la existencia de un juicio cerrado por el atentado, y escribe: “Me he preguntado siempre por el extraño —por inusual— silencio de ETA en 2004, fecha en la que Aznar abandonó el Gobierno, y en cuya segunda legislatura se ilegalizó HB. La lógica es aplastante: no necesitaba matar porque otros estaban preparando un trágico atentado que rompió la historia de España”.

La teoría de la conspiración también ha sido rescatada durante este aniversario por parte de la ultraderecha. La portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, escribió en la red social X: “Hoy es 11 de marzo, 22 años después seguimos queriendo saber LA VERDAD”. Y también dijo en un acto de homenaje a las víctimas: “22 años después esos delitos están prescritos y los vagones, que eran las principales pruebas, fueron destruidos”, algo que es falso. Y volvió a conectar ese atentado con ETA, lo que le sirvió de excusa para echar de nuevo en cara al Gobierno sus pactos con EH Bildu.

Frente a estas teorías de la conspiración y proclamas belicistas, la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo lamentó la situación actual en Ucrania, Gaza e Irán y clamó contra las guerras que siempre terminan alcanzando a quienes no tienen poder de decidir: "No repitamos la historia, cada escalada de violencia puede tener consecuencias devastadoras".

"Paz y democracia"

Precisamente esa llamada a recordar la historia está muy presente en los discursos del Gobierno, como indicó el propio Sánchez en su declaración ante la guerra de Irán y las amenazas comerciales de Donald Trump: “No hay que repetir los errores del pasado”. De hecho, el presidente recordó también: “La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, también de la cesta de la compra, del coste de la vida. Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces. Un mundo más inseguro y una vida peor”.

Con motivo de esta efeméride, Sánchez escribió en X: “Reiteramos el compromiso con la memoria, la justicia y la convivencia. Siempre en nuestro recuerdo las 193 vidas que nos fueron arrebatadas hace 22 años, en el peor atentado terrorista de nuestra historia. Paz y democracia”.

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El 11-M ha vuelto a recordar, dos décadas después, las consecuencias de una guerra ilegal en Oriente Medio. Y se ha conmemorado, además, con España liderando una posición pacifista y de defensa de las relaciones diplomáticas a la que, poco a poco, van sumándose otros países como Francia, Reino Unido y Alemania, que en un primer momento se mostraron abiertos a secundar a Trump en su ofensiva militar contra Teherán.

Sin ir más lejos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tuvo que recular este miércoles después de abrazar en un discurso el fin del orden mundial basado en reglas. En Estrasburgo trató de superar la polémica con este mensaje: "Ver cómo está el mundo no reduce nuestra determinación para luchar por el mundo que queremos. La UE se fundó como un proyecto de paz. Nuestro compromiso inquebrantable por la paz, los principios de la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional son tan centrales hoy como lo fueron en nuestra creación. Siempre defenderemos estos principios".

Desde el ala de Sumar, la ministra de Sanidad, Mónica García, se mostró orgullosa, durante uno de los actos de recuerdo del 11-M, de pertenecer a un Gobierno que es "el faro moral internacional" y que dice “No a la guerra” de manera alineada con el reclamo de paz de toda la ciudadanía española, mientras "la derecha" se sitúa "del lado de la mentira y del servilismo a los señores de la guerra".

El 11-M sigue siendo una herida abierta en España. Una fecha que marcó el país con el mayor atentado yihadista perpetrado en la historia. Las imágenes de las explosiones de los trenes cerca de la estación de Atocha siguen muy presentes en la sociedad 22 años después. Y ahora ese recuerdo, además, coincide con el despertar otra vez del grito de “No a la guerra”.

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