Crisis del coronavirus

Los retos para llegar con éxito a un 70% de vacunados: inmunizar a la población en riesgo de pobreza y acelerar la segunda dosis

Vacuna a un jornalero en Almería.

Como le gusta decir a la ministra de Sanidad, Carolina Darias, la vacunación en España "va como un tiro". Tiene razón. Pronto llegaremos a los 15 millones de vacunados con pauta completa. "En las últimas 24 horas se han administrado más de 600.000 dosis, cada vez estamos más cerca de alcanzar los hitos que nos hemos marcado entre todos", ha asegurado la ministra este miércoles. Este pasado fin de semana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, destacó que el proceso de inmunización español lleva mejor ritmo en la actualidad que el de Reino Unido o Estados Unidos. Sin embargo, la comparación tiene algo de trampa. Si bien es cierto que el ritmo de nuestro país ha sido de los más rápidos de la Unión Europea a igualdad de condiciones, porque se reparten las dosis según población y la compra es conjunta, tanto las islas británicas como el país norteamericano están ya en una fase final en la que cuesta más convencer de la inyección –sumando el hecho de que EEUU tiene una bolsa mucho mayor de escépticos y que en España, por lo general, se confía en la ciencia–.

Los especialistas creen que en las próximas semanas se deberán redoblar los esfuerzos para convencer de las bondades de la vacunación, tanto individuales como colectivas, a un sector que tiene menos que ganar: los jóvenes. 

A principios de la campaña de vacunación surgió la duda de si llegarían los viales suficientes como para alcanzar el objetivo de 70% de vacunados con la pauta completa para finales de agosto. Se demostró que sí, sobre todo gracias al esfuerzo productor de Pfizer. Posteriormente, nos preguntamos si la capacidad del sistema sanitario sería suficiente como para ponerlas con la velocidad necesaria. Se está demostrando que sí, aunque aún hace falta un empujón más, gracias en parte a una Atención Primaria que, pese a las carencias y los recortes, es mirada con envidia por Europa. Ahora se abre otra cuestión: ¿de aquí a agosto, seguirá siendo tan fácil? 

Los jóvenes (de 18 a 30 años) tienen menos incentivos individuales para vacunarse. El riesgo que tienen de sufrir un cuadro grave o letal de covid-19 es mínimo, aunque los expertos piden no perder de vista el llamado covid persistente o síndrome postcovid, en los que personas sin patologías previas y en tramos etarios en teoría benignos sufren fatiga, dificultad para respirar, ansiedad, confusión mental y dificultad para concentrarse durante meses tras una infección aparentemente suave. De hecho, con respecto a las vacunas que utilizan adenovirus, como Janssen o AstraZeneca, el riesgo individual de sufrir un evento trombótico es mayor que el de ser hospitalizado.

Pero, como recordaba en esta entrevista la investigadora del Centro de investigación Winton para la Comunicación de Riesgos y Evidencias, María Climént, no se trata solo del beneficio personal. "Aunque estés sano, debes pensar en el impacto colectivo". La vacunación en jóvenes implica una reducción sustancial de la transmisión, que junto al mantenimiento de medidas de prevención, puede evitar que este sector –con más movilidad y contactos sociales que el resto– contagie el SARS-CoV2 a personas mayores sin vacunar, con unas defensas pobres o con solo una dosis. "Creo que es importante hacer una buena pedagogía para hacerles ver que aunque tu riesgo de enfermedad sea bajo, contribuyen a la transmisión de la enfermedad", asegura el presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (Anenvac), José Antonio Forcada. 

Su compañera en la organización y parte del grupo de técnicos que asesoran al Consejo Interterritorial con la vacuna, Inmaculada Cuesta, asegura que están notando "reticencias" entre los más jóvenes, lo que podría poner en peligro los objetivos del país en la inmunización. No hay aún datos ni cifras que hablen de un rechazo a la vacuna en este tramo, y la Salud Pública suele hacer llamadas para evitar la criminalización. Pero sí puede hacer falta más motivación. "En principio, la participación de los jóvenes y de los jóvenes adultos en este tipo de campañas de vacunación nunca ha sido igual que en otros tramos", confirma Forcada. El médico de familia y autor de Epidemiocracia, Javier Padilla, también avisó hace unos meses: los menores de 30 pueden tener menos razones para inmunizarse, y más en un contexto de menos restricciones e incidencia baja. Para combatirlo, la mejor herramienta es la Atención Primaria, considera: los centros de salud como entornos mucho más cercanos que un Zendal, donde da menos pereza someterse al pinchazo. 

Padilla también considera que hay ciertos entornos, como el de las personas en riesgo de exclusión social, donde la Atención Primaria juega un papel fundamental. La rama de la medicina que se encarga de los centros de salud recibe el nombre de Familiar y Comunitaria, y la segunda parte se olvida con más frecuencia de la que debería. "Hay riesgo de que quede población sin vacunar, igual que hay gente que no tiene acceso a la sanidad", sentencia el profesional.

"No toda la exclusión sanitaria es exclusión social". No solamente se trata de personas con escaso acceso a los medios de información o insertas en comunidades que desconfían de los mensajes institucionales: es simplemente que no viven con un centro de salud cerca, por lo que no desarrollan vínculos con profesionales sanitarios que conocen a sus pacientes, el barrio y el terreno. Para esto hacen falta recursos, claro. "Para relacionarte con la comunidad hace falta gente. Siempre ha sido la pata coja de la Atención Primaria y ha sido muy dependiente de la voluntad de la gente. Y como todo lo que depende de la voluntad de la gente...", asegura Padilla. 

"En Madrid hay un problema –continúa–. La Atención Primaria en términos de vacunación desempeña un papel residual" en favor de grandes espacios y hospitales. "Y el problema que tenemos con eso es que se escapan muchas cosas". En teoría, los centros de salud tienen la directriz de identificar qué poblaciones tienen menos posibilidad de acudir a una cita para vacunarse, como las que viven en barrios empobrecidos. Pero si los centros de salud no vacunan, poco se puede hacer. Y además, en algunas zonas, simplemente no se tiene la posibilidad de estrechar lazos con los médicos, porque no hay tiempo. "En Abrantes o en Villaverde no tienen médicos por la tarde", recuerda. Otros ambulatorios han cerrado por la falta de personal. 

Forcada también recuerda que para mantener las buenas cifras en tramos etarios que pueden ser más reticentes, es imprescindible mantener la proactividad del sistema sanitario: que se siga convocando por teléfono, en paralelo a los sistemas de autocita que han desplegado algunas comunidades para que sean los propios usuarios los que elijan fecha y hora para la vacunación. Añaden una flexibilidad de agradecer justo ahora que comienza el periodo vacacional, pero "pueden ser contraproducentes" si se abusa. Comunidades como Andalucía, que hace uso de esta herramienta, confirman a infoLibre que "en principio" se va a seguir llamando y manteniendo la iniciativa. Pero la administración no se puede relajar si no se quiere seguir el camino de Estados Unidos, con un sistema público pobre y elitista, que está recurriendo a regalos y sorteos para aumentar las tasas de vacunación.

No podemos olvidarnos de la segunda dosis

La variante delta, también conocida como variante india por ser el lugar donde se secuenció por primera vez, es más contagiosa que la predominante en la mayoría de países del mundo, la B.1.1.7. Así lo apunta la inmensa mayoría de estudios al respecto. Todas las vacunas consiguen neutralizarla con una eficacia aceptable, pero puede aumentar el riesgo de escape con una sola dosis. Por ello, el presidente de Anenvac celebra la decisión de la Comunidad de Madrid de adelantar a 11 semanas, una más del mínimo que indica el prospecto, la espera entre dosis de AstraZeneca en la población de 60 a 69 años, que mayoritariamente ha recibido este producto.

"En ese grupo tenemos muy poca gente con la segunda dosis", recuerda Forcada: un 26%, concretamente. Pide completar la pauta cuanto antes, de manera prioritaria a terminar con el orden por tramos etarios a semejanza de otros países como Alemania. Es mucho más importante vacunar al 100% a una persona mayor que inmunizar con una dosis a un joven de 25 años sin patologías, considera, porque las vacunas reducen la transmisión pero, sobre todo, evitan con alta probabilidad la enfermedad grave y la muerte (aunque no siempre). "Planifiquemos bien y con sentido", reivindica, y lamenta que "los políticos" pretendan "vacunar a cuanta más gente mejor" para engordar las estadísticas de su comunidad autónoma, antes que "proteger la salud". 

Precisamente en Reino Unido, donde la vacunación con AstraZeneca ha sido mayoritaria, la administración está mirando con temor un nuevo aumento en la incidencia, que puede tener que ver (aunque no es el principal ni el único factor) con la variante india. No se ha registrado aún un aumento de fallecimientos, pero es preferible evitar el riesgo de sufrir retrocesos, aunque sean mínimos, en el camino hacia el fin de la pandemia. 

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