Elecciones europeas

Siete claves para entender las próximas elecciones europeas

Mamá, quiero ser funcionario europeo

El 25 de mayo se juegan muchas partidas. No sólo es una batalla de PP contra PSOE, ni un mero primer test para los partidos y sus líderes. 

Son las séptimas elecciones europeas para nuestro país, tras las convocatorias de 1987 –comicios que sólo se organizaron en España y Portugal, una vez culminada su adhesión a la UE–, 1989, 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014. A ellas llegan las dos grandes formaciones, según vienen indicando las encuestas, en una situación de empate técnico. Y las dos, previsiblemente, bajarán en porcentaje y en escaños, en la que podría ser la primera prueba de hundimiento del bipartidismo. En junio de 2009, PSOE y PP sumaron el 80,9%, y cinco años antes, el 84,67%. Ahora, podrían rondar el 60%. 

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba han puesto al frente de sus listas a dos apuestas muy personales, Miguel Arias Cañete –nombrado ya cuando las elecciones estaban convocadas– y Elena Valenciano. El presidente busca mantenerse por delante del PSOE y el PSOE, recuperar fuelle tras un ciclo electoral desastroso, después del cual perdió la mayor parte de su poder institucional. Izquierda Unida aspira a marcar el principio del fin del bipartidismo y consolidar en las urnas la tendencia ascendente que predican los sondeos. CiU se juega su primacía en Cataluña frente a una ERC imparable, mientras el PSC lucha por lograr una posición honrosa que no alimente más su sangría interna. Nuevos partidos y coaliciones, al tiempo, intentan sacar la cabeza y poner una pica en Estrasburgo, aunque obtener un escaño obliga a acumular más de 200.000 votos en toda España. Todo ello en un marco de profunda desafección ciudadana que podría traducirse en una abstención aún más alta que la de cinco años atrás (44,9% en nuestro país, 43% en todo el continente).

La del 25-M será la última convocatoria antes del siguiente test nacional, en el que sí se dirime mucho poder institucional: las autonómicas y municipales de dentro de un año, y con las generales en el horizonte de poco más de un año. Las europeas conocerán muchas lecturas. En toda la UE, claro, porque por primera vez habrá un presidente de la Comisión elegido por los ciudadanos –el conservador Jean-Claude Juncker y el socialdemócrata Martin Schulz– que marcará el rumbo de los próximos cinco años. A escala nacional, por descontado. Y también en cada comunidad, en cada gran ciudad. Cada voto emite muchas señales para el futuro. 

01. EL GOBIERNO, A EXAMEN

8.410.993 votos. Ese es el techo en número de votos conseguido por el PP en unas elecciones europeas. Fueron las de 1999. Su peor resultado lo tuvo diez años antes, en 1989, con apenas 3.395.015 votos. El de 1987 es el segundo peor escrutinio: 4.747.283 sufragios. En estas dos últimas ocasiones, el voto conservador se repartió entre el PP (y su antecesora, Alianza Popular) y el Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez.

Los conservadores se han movido, en los otros cuatro comicios a la Eurocámara siguientes, en la banda entre los seis y los ocho millones de papeletas: 7.453.900 en 1994, 8.410.993 en 1999, 6.393.192 en 2004 y 6.670.377 en 2009. 

Si se miran las cifras en porcentaje, el PP logró su resultado más brillante hace cinco años: un 42,12%. En 2004 firmó su segunda mejor cosecha en unas europeas: el 41,21%. Le siguen 1994 (40,12%), 1999 (39,74%), 1987 (24,65%) y 1989 (21,41%). Dicho a la inversa, se puede afirmar que, tras los dos primeros comicios, los conservadores se situaron en una estrecha franja, entre el 39% y el 42%. La oscilación, pues, no ha sido tan grande. Con un porcentaje semejante, ha ganado (1994, 1999 y 2009) y ha perdido (2004) frente al PSOE

Por el lado de los escaños, la comparación es algo más compleja, porque el número de eurodiputados que ha elegido España ha cambiado: fueron 60 en 1987 y 1989, 64 en 1994 y 1999, y 54 en 2004 y 2009 (tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el 1 de diciembre de 2011). 54 serán también los que se designen el próximo 25-M para una Eurocámara de 750 asientos (más el presidente, 751). El PP ha fluctuado entre las 17 actas de las primeras elecciones (el 28,33% de los 60 asientos de que disponía España) a las 15 de 1989 (25% de un total de 60), las 28 de 1994 (43,75% de 64), las 27 de 1999 (42,19% de 64), y las 24 de 2004 y 2009 (44,4% de 54). 

El PP se somete al análisis de las urnas por primera vez desde su vuelta al Gobierno, en diciembre de 2011. El 25-M pondrá cifra al desgaste del Ejecutivo que consolidan todas las encuestas, aunque está por ver si ese deterioro le hace quedar por debajo de los socialistas. 

02. LA MEDIDA DE LA RECUPERACIÓN DEL PSOE

La trayectoria de los socialistas en las europeas ha sido más estable que la del PP. Se ha movido siempre entre los cinco y los siete millones de votos. El peor marcador, en 1994 (5.719.707), el año que marcó el declive definitivo del PSOE de Felipe González. Su resultado más despampanante, en los primeros comicios, los de 1987, 7.522.706 sufragios, aunque muy cerca de los 7.477.823 de 1999, el momento en el que los conservadores obtuvieron su mejor escrutinio en número de papeletas. En las otras tres elecciones, pocas diferencias: 6,1 millones en 2009, 6,2 en 1989 y 6,7 en 2004

Si se observa el porcentaje de voto, aquí la horquilla sí es más grande: fluctúa entre el 30,79% de 1994 y el 43,46% de 2004. En la banda más discreta, el 35,33% de 1999 y el 38,78% de los últimos comicios a la Eurocámara. Por arriba, se sitúan el 39,06% de 1987 y el 39,57% que firmaría dos años después. Según las encuestas, los socialistas se hallarían en esta ocasión más próximos al tanto de 1994, dada su lenta recuperación y el desplome del bipartidismo. 

En número de escaños, el PSOE se ha movido entre los 28 eurodiputados de las primeras elecciones, cuando España disponía de 60 asientos (suponía el 46,67% del total); los 23 de 2009 (42,6% de 54), tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, y los 22 de 1994 (34,37% de 64 actas). Ahora, las encuestas pronostican una bajada hasta el entorno de los 18 diputados.

03. IU, A LA BÚSQUEDA DEL SALTO CUALITATIVO

La federación de Cayo Lara aspira a repetir su mejor marca –o, al menos, quedarse cerca–, la de 1994, cuando Julio Anguita llevaba las riendas. Entonces conquistó 2.497.671 votos. Un 13,44% de los sufragios. Y 9 de los 64 escaños entonces en liza, el 14,06%. Quiere dar un "salto cualitativo" respecto a la última convocatoria.

Salvo ese sobresaliente dato, IU ha mantenido históricamente unos resultados más discretos, entre el 3% y el 6%. Paradójicamente, el porcentaje más bajo lo obtuvo hace cinco años, un 3,71%, que no obstante le permitió salvar los muebles, promulgar que había frenado su caída tras los desastrosos resultados de las generales de 2008. En ambas ocasiones colocó a dos europarlamentarios en Bruselas, aunque el candidato de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) marcharía luego al Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea. En 2004, IU-ICV se hizo con el 4,15%. En 1987, con el 5,25%; en 1999, con el 5,77%, y en 1989, con el 6,06%, su segundo mejor dato. 

En papeletas, el rango de IU se extiende desde el entorno del medio millón (588.248 en 2009 y 643.136 cinco años antes) hasta los 2,4 millones de 1994. El millón de sufragios lo rondó en tres comicios: 1989 (961.742), 1987 (1.011.830) y 1999 (1.221.566). Si atendemos al número de escaños, varía desde las dos actas de las últimas dos convocatorias (3,70% del total de 54 europarlamentarios), a las tres de 1987 (5%) o las cuatro de 1989 (6,66%) y 1999 (que suponía el 6,25% del total de asientos a repartir para España). Con la excepción, claro de 1994 (nueve eurodiputados). 

04. LA IRRUPCIÓN DE NUEVOS PARTIDOS

El 25-M varias nuevas fuerzas compiten por ingresar en el Parlamento Europeo. Entre ellas, Primavera Europea –la coalición que agrupa a Equo, Compromís y Chunta Aragonesista–, Podemos (la formación de Pablo Iglesias), el Partido X (que liderará en las europeas el exinformático de HSBC Hervé Falciani) y el Movimiento Red (del juez Elpidio Silva). Pero aunque en estos comicios la circunscripción es única, no es tan fácil lograr un escaño. En 2009, por citar el ejemplo más reciente, Iniciativa Internacionalista no pescó un acta pese a sus 178.121 votos (un 1,12%). 

En el historial de los comicios a la Eurocámara, sin embargo, sí irrumpieron partidos que luego se ahogaron en las siguientes convocatorias. Así, el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez colocó a 7 y 5 parlamentarios en 1987 (con 1,97 millones de votos, un 10,26%) y 1989 (1,13 millones, un 7,15%), y luego desapareció. En estas últimas elecciones, 1989, también obtuvieron un escaño el Partido Andalucista (295.047, un 1,86%) y la agrupación de electores José María Ruiz Mateos (608.560 papeletas, un 3,84%). El empresario concurrió en 1994, pero se hundió: recabó apenas 82.000 sufragios, un tísico 0,44%.

Herri Batasuna y su heredera, Euskal Herritarrok, sí consiguieron representación en 1987 (360.952 votos, un 1,87%), 1989 (269.094, un 1,70%) y 1999 (306.923, un 1,45%), en todos los casos con un único escaño. En 2004, la marca de la izquierda abertzale, Herritarren Zerrenda, fue ilegalizada por el Tribunal Supremo, y posteriormente confirmada su anulación por el Constitucional. En 2009, la formación Iniciativa Internacionalista fue tumbada por el TS, pero luego el TC revirtió esa decisión y le permitió concurrir a los comicios porque no la creía continuadora de Batasuna. El 25-M, la izquierda abertzale, EH Bildu, compite bajo la rúbrica de Los Pueblos Deciden con el BNG y otros pequeños partidos nacionalistas. 

El BNG concurrió en solitario en las primeras cuatro elecciones europeas, pero sólo conquistó un asiento en Estrasburgo en 1999, gracias a sus 349.079 votos (un 1,65%), claramente su mejor resultado. En 2004 ya se cobijó bajo el paraguas de la coalición Galeusca (con CiU, PNV, Bloc Nacionalista Valencià y Partido Socialista de Mallorca) y en 2009, bajo las siglas de Europa de los Pueblos-Verdes, con ERC, Aralar, Los Verdes, CHA y Eusko Alkartasuna.

UPyD debutó en las europeas en 2009, y se coló en la Eurocámara de la mano de Francisco Sosa Wagner, quien obtuvo 451.866 papeletas, un 2,85%. Las encuestas conceden a la formación magenta, que repite cabeza de lista, una importante subida. 

05. UNOS COMICIOS PERSEGUIDOS POR LA ABSTENCIÓN

La participación en los comicios al Parlamento Europeo no ha hecho más que descender en todo el continente desde su primera convocatoria, en 1979. Sólo en ese año votaron más del 60% de europeos –en concreto, el 62%– . A partir de 1999, cayó por debajo del 50%. En 2009, la media de la UE se desplomó hasta el 43%. Y eso que en cuatro países –Bélgica, Luxemburgo, Grecia y Chipre– el voto es obligatorio.

En el caso de España, la participación ha sido algo más alta que en la media comunitaria, excepto en 1989 (54,7%, frente al 58,4% del continente) y 2004 (45,1%, cuatro décimas menos que en la UE). Lo más llamativo es que en nuestro país fue aumentando desde 1989 a 1999 (54,7%-59,1% y 63%), para luego hundirse en 2004 (45,1%) y en 2009 (44,9%). Hay que contar aparte los primeros comicios, los de 1987, que sólo se celebraron en España y Portugal, tras su adhesión a la Unión. En aquel momento, la participación escaló hasta el 68,52%, una cifra jamás vista después. En 1987 y 1999 las europeas coincidieron con municipales y autonómicas, y en 1994 con las andaluzas, lo que explicaría una mayor concurrencia a las urnas. En las otras tres convocatorias se celebraron en solitario, y la participación en España fue algo inferior a la media comunitaria (1989 y 2004) y en una ocasión, 2009, ligeramente superior. En los dos últimos comicios, no obstante, los datos en España y en la UE se han aproximado, en el entorno del 45%. 

En España y en los países de nuestro entorno también se observa otra regla: la abstención es mucho más alta en las europeas que en las generales. Por citar el último ejemplo: 44,9% de participación en nuestro país en los comicios a la Eurocámara de 2009 por el 68,9% de las legislativas, el 68,1% de las autonómicas y el 66,2% de las municipales, las tres en 2011. 

La duda, de nuevo, planea de cara al 25-M. Si la abstención crecerá respecto a 2009 o, por el contrario, mermará

06. CATALUÑA: urnas con doble lectura

Europeas y primera vuelta de la consulta. Será inevitable, la noche del 25 de mayo, leer los resultados en Cataluña bajo esa doble lupa, ya que a fin de cuentas los comicios tendrán lugar menos de seis meses antes que el pretendido referéndum soberanista. Las elecciones darán bastantes señales. Primero, medirán la fuerza de CiU y de ERC, que en esta ocasión se desprende del brazo de sus antiguos socios y acude prácticamente en solitario –le acompaña el partido de Ernest Maragall, Nova Esquerra Catalana– bajo el nombre de L'Esquerra pel Dret a Decidir. Si los republicanos se colocan por encima de los convergentes de Artur Mas, les asestarán un indudable golpe psicológico. También está en juego la medida de la caída de un PSC en permanente sangría, así como el crecimiento de Ciutadans y la posición del PP. 

El actual ecosistema catalán hace prever que puedan romperse algunas de las tendencias de los comicios anteriores. Una cantada: el predominio histórico de los socialistas. El PSC ha vencido en todas las europeas, salvo en las de 1994 (28,17%), en que venció la coalición liderada por CiU (31,50%). Su mejor tanto se lo marcó en 2004: un 42,85%. En el resto de convocatorias, el partido se ha movido entre el 34% y el 36%. Los convergentes han sido tradicionalmente la segunda fuerza en las elecciones a la Eurocámara, con unos registros que suelen orbitar en torno al 27-29%, salvo el 17,44% de 2004, el 22,44% de 2009 y su tope, el de 1994. El PP, mientras, se quedaba en el tercer puesto, con unos porcentajes asentados entre el 16% y el 18%, con las excepciones de los dos primeros comicios, donde los conservadores flojeaban (11,19% en 1987 y 8,60% dos años más tarde). 

La cuarta plaza se la han disputado las distintas coaliciones en las que ha participado ERC e ICV-EUiA. En los tres primeros comicios (1987, 1989 y 1994) ganaron los ecosocialistas. En las tres últimas, vencieron los republicanos.

Otra clave significativa es el índice de abstención, más alta que la media nacional en todas las convocatorias. La participación más elevada se registró en 1987, y fue del 67,9%. En los últimos comicios, llegó a un índice ridículo, del 36,9%, ocho puntos exactos menos que en el resto de España.

07. LOS VOTOS NECESARIOS PARA CONQUISTAR UN ESCAÑO

¿Cuánto cuesta un escaño en Estrasburgo? Pues, según la experiencia de las seis elecciones europeas celebradas en España, en torno a 265.513 votos

Calcular el coste de un acta en la Eurocámara no es complicado. Por ejemplo, vayamos a 2009. Si dividimos los 6.670.377 sufragios del PP entre los 24 escaños conseguidos, la cuenta nos da 277.932 papeletas. En el caso del PSOE, hay que dividir 6.141.784 papeletas entre sus 23 diputados. Resultado, 267.034. A la Coalición por Europa, que lideraban CiU, PNV y Coalición Canaria, le supuso colocar un representante en Estrasburgo 269.415 votos. A IU-ICV, 294.124. A UPyD, 451.866 y a Europa de los Pueblos, la alianza pilotada por ERC, BNG y Aralar, 394.938 sufragios. Iniciativa Internacionalista se quedó fuera, al recabar únicamente 178.121 apoyos. 

Ello quiere decir que, en 2009, para obtener un escaño hacía falta un voto más que el cociente más bajo de los partidos que sí obtuvieron representación. En este caso, el PSOE. Dicho de otro modo, si Iniciativa Internacionalista hubiera conquistado 267.035 votos (uno más que la media de los socialistas), le habría robado el acta al PSOE

En 2004, los socialistas fueron igualmente a quienes costó menos conseguir un escaño: 266.383 papeletas. En 1999, la agraciada fue IU, con 305.391 apoyos. En 1994, le bastaron 259.266 votos a Coalición Nacionalista (PNV, Coalición Canaria, y PAR, entre otras fuerzas) para colocar a uno de los suyos en la Eurocámara. En 1989, al PP le hicieron falta 226.334 sufragios y en 1987, 268.668 fueron suficientes al PSOE para obtener un asiento. 

Hay que tener en cuenta que en los cuatro primeros comicios la participación ciudadana fue bastante alta, por encima del 50%. En 1999, cuando se puso más caro el escaño, fue del 63%, 13,5 puntos por encima de la media comunitaria. En 1989, con una concurrencia a las urnas del 54,7%, lograron un representante hasta 11 formaciones o coaliciones electorales, el récord de toda la serie. En 1987 y 2009 entraron en Estrasburgo seis fuerzas (o alianzas); en 2004 y 1994, cinco, y en 1999, ocho.  

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