"Tres horas de moto, una hora a pie y cruzar un río": vacunar en África no es tan fácil como enviar dosis

Vacunación contra el coronavirus en Goma, República Democrática del Congo.

En muchos aspectos –política, mediática, socialmente– la pandemia ha acabado o está cerca de acabar en Europa. No del todo desde el punto de vista epidemiológico y de la Salud Pública: el virus sigue circulando y causando problemas, aunque muchos menos gracias a la inmunidad adquirida. Sin embargo, el continente africano, gravemente retrasado con respecto al resto del mundo en la campaña vacunal, no ha alcanzado aún las metas que les permitan decir adiós a la crisis sanitaria. El ritmo de pinchazos se ha ralentizado en las últimas semanas y el objetivo del 70% de inmunizados para junio de 2022 es imposible de cumplir. La mayoría apenas supera el 20%.

Esta pasada semana se ha cumplido el segundo aniversario de ACT-Accelerator, la iniciativa del G20 para un acceso equitativo a las herramientas para salir de la emergencia; y pese a que la pata dirigida al reparto de vacunas, el fondo Covax, ha logrado compensar en parte las desigualdades del mercado libre, no ha conseguido lo que se propuso en el continente africano. Especialistas africanos en Salud Pública alzan la voz cada vez con más insistencia. No basta con que los países ricos manden dosis –muchas veces a punto de caducar, por lo que son inservibles– o que cedan su tecnología; hay que poder inyectarlas. Hace falta "un nuevo orden de salud pública", como reza el plan del centro de Control de Enfermedades africano.

Los países africanos ya no están pidiendo tantas vacunas. La farmacéutica sudafricana Aspen anunció a principios de año un acuerdo para producir la vacuna de Janssen, pero no ha recibido aún ninguna petición de Covax o de la Unión Africana, cuenta The New York Times; tampoco el Serum Institute, el gran fabricante de genéricos de África. La respuesta es sencilla, aunque albergue varias complejidades: no pueden ponerlas. O no se han preparado para ello.

"El África subsahariana todavía tiene muy pocas vacunas para muy pocas personas. Llevar más vacunas a la región merece la máxima prioridad. Pero hay otro obstáculo que superar para implementar la campaña de vacunación con éxito: la mala calidad comercial y logística de la región", aseguran los economistas Eugene Bempong y Jonathan Munemo en The Conversation. Carmen Terradillos, coordinadora de Médicos sin Fronteras y con experiencia sobre el terreno en República Democrática del Congo y la República Centroafricana, coincide. "Es un desafío muy complejo. Congo es un país cinco veces más grande que España, con 80 millones de personas y el 80% en zonas rurales".

No solo basta con tener vacunas. Hay que hacerlas llegar. Terradillos relata a infoLibre cómo es un día de vacunación en la República Democrática del Congo, en el que se recibe un cargamento de vacunas con destino a una zona rural. "Te levantas por la mañana y empiezas a preparar la cadena de frío, en lugares donde no hay electricidad. Hay que transportar el generador, el combustible, el frigorífico... es realmente un trabajo enorme. El equipo que va a vacunar hace tres horas de moto, una hora a pie y a lo mejor tienes que cruzar un río... y llegas el poblado y vacunas a 300 niños. Eso es lo que conlleva a nivel logístico. Las infraestructuras son muy precarias".

El norte Global debe aportar vacunas, sí, pero también "más personal formado que pueda vacunar, más transporte aéreo, más medios para que se pueda mantener una cadena de frío activa", para que los sistemas sanitarios puedan llegar a la población, en vez de esperar a que la población acuda a los sistemas sanitarios. En Sudáfrica, un país de graves desigualdades, algunos expertos piden cerrar los centros de vacunación masiva de grandes ciudades y destinar esos esfuerzos a las poblaciones más aisladas y reticentes de los mensajes gubernamentales.

"Costa de Marfil desplegó clínicas móviles y autobuses médicos que viajaban a las áreas más concurridas para vacunar a las personas, aunque a un costo significativo. Ahora hay centros de vacunación fijos o móviles en 113 distritos, y casi todos están operando cerca de su capacidad máxima. Ghana ha hecho lo mismo. Esto podría replicarse en toda la región a corto plazo con el apoyo de las agencias de desarrollo", aseguran Bempong y Munemo.

La reticencia a vacunarse sigue siendo un obstáculo. No solo por la adherencia a teorías conspirativas; también porque "no se percibe como un problema evidente", en palabras de Terradillos. La población africana es mucho más joven, de media, que la americana o la estadounidense, por lo que la percepción del covid-19 como una enfermedad capaz de desarrollar un cuadro grave no es tan alta; y faltan herramientas para el diagnóstico, por lo que los enfermos confunden los síntomas con los de otras dolencias respiratorias comunes y hace inútil el conteo oficial de casos. La Organización Mundial de la Salud, en base a estudios de seroprevalencia, calcula que se han expuesto al virus unos 800 millones de africanos, más de dos tercios de la población total del continente, tras el paso de ómicron; pero los contagios reportados no llegan a los 9 millones.

Hay otras enfermedades también graves, desgraciadamente también extendidas, y con síntomas muy visibles y específicos. La República Democrática del Congo vuelve a enfrentarse al sarampión, con sus características ronchas y peligroso para los niños sin tratamiento ni inmunidad. Cuando repunta el ébola, las iglesias paran sus ceremonias y los mercados insisten en el lavado de manos para evitar el contagio por contacto, cuenta Terradillos. Si los test llegaran, sería más fácil convencer a la población de participar proactivamente en la lucha contra la pandemia. Pero no llegan.

Médicos sin Fronteras, explica la cooperante, apuesta por campañas de vacunación conjuntas: en las que, en un mismo viaje, se pueda inmunizar, por ejemplo, del covid-19 y del sarampión. Pero es más complicado de lo que parece, porque estas organizaciones tienen permiso para gestionar por ellas mismas la vacunación de otras enfermedades, pero del coronavirus se encargan los Gobiernos y, en demasiadas ocasiones, la coordinación es imposible.

La conciencia de que África necesita una Salud Pública fuerte, y no solo vacunas o liberación de patentes, está empezando a calar en los discursos políticos. Una de las patas de ACT-Accelerator, y quizá la más obviada, ignorada y poco cumplida, es la que hacía referencia al fortalecimiento de los sistemas sanitarios de los países. El próximo 12 de mayo se celebra una nueva conferencia virtual sobre covid-19. Los países más ricos deben hacer compromisos financieros; y los más pobres, compromisos políticos para explicar qué harán con el dinero. La OMS ya ha hecho sus propuestas al respecto: a corto plazo, "compartir objetivos y planes de vacunación detallados, designar a un líder de alto nivel para coordinarse con los donantes, abordar la información errónea sobre las vacunas y crear programas gubernamentales para trabajar con Covax, entre otros".

Hay ejemplos de éxito en el continente, como Ruanda, un pequeño país con más de un 60% de su población ya vacunada con la pauta completa. "Es una lección para todos", aseguran en este artículo de opinión publicado en la revista científica Thebmj los especialistas en Salud Pública Agnes Binagwaho y Kedest Mathewos. "Para hacer realidad esta distribución equitativa y efectiva, Ruanda adoptó un plan coordinado y organizado. Cada individuo, tanto dentro del Ministerio de Salud como en las instituciones socias ejecutoras, sabía qué hacer". Acompañaron el plan de logística con una extensa campaña de comunicación, apoyado en ONG, organizaciones religiosas y autoridades locales, para vender el éxito de la vacuna. África va tarde, pero aún se puede lograr contener la pandemia y, de paso, fortalecer la Salud Pública para el presente y el futuro.

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