Una victoria de Díaz llevaría al PSOE a la bicefalia en Andalucía

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La candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE dará una fuerte sacudida al tablero político andaluz, que no podrá volver a ser el mismo. Si no consigue su objetivo, sufrirá una merma de su crédito político, cimentado sobre un aura de ganadora. Si lo consigue, el PSOE andaluz deberá elegir un nuevo secretario general en un proceso en el que previsiblemente habrá más de un candidato, ya que el entorno de Pedro Sánchez ya ha anunciado que también en el congreso andaluz habrá disputa. Díaz, aunque se haga con el liderazgo del partido, seguirá siendo presidenta de la Junta de Andalucía mientras sea políticamente viable.

Los riesgos de toda la operación son múltiples. Díaz, a diferencia de Pedro Sánchez y Patxi López, arriesga mucho poder. Y además, incluso si gana, el socialismo andaluz tendrá un secretario general distinto de la presidenta, con los riesgos inherentes a la bicefalia, que ya dio problemas con Manuel Chaves como secretario general y José Antonio Griñán como presidente. Todo esto, claro, si Díaz supera a Sánchez y López. Si no, se quedará como presidenta en Sevilla, donde tiene estabilidad parlamentaria, aguantará el chaparrón de la oposición y previsiblemente repetirá como secretaria general del PSOE andaluz y candidata a la presidencia de la Junta cuando termine la legislatura.

La pregunta clave si Díaz conquista la secretaría general del partido no es qué miembro del Gobierno andaluz o de su círculo de confianza asumirá el cargo de presidente, porque Díaz seguiría siéndolo aunque gane, sino quién será el nuevo secretario general del PSOE andaluz, porque la presidenta sí que abandonaría ese cargo. El liderazgo del PSOE federal y del andaluz son políticamente incompatibles, según coinciden todas las interpretaciones en el seno del PSOE. Más allá de que no haya una incompatibilidad explícita, es inconcebible que Díaz, si fuera secretaria general, se presentase a unas primarias en el congreso del PSOE andaluz. Así pues el congreso socialista autonómico, que según sus normas debe celebrarse antes de 60 días una vez celebrado el federal ordinario de junio (agosto es inhábil), renovaría liderazgo y tendría inevitablemente una lectura en clave de posible relevo en el Gobierno regional, aunque cabe la opción de que haya un secretario general que luego no sea el candidato.

Los planes de Díaz en caso de victoria contemplan continuar siendo parlamentaria andaluza. Formalmente puede ser elegida además senadora por designación autonómica, lo cual le permitiría tener dos espacios institucionales desde los que actuar: la Junta, en Sevilla, y el Senado, en Madrid. Seguiría siendo presidenta el máximo tiempo posible. Obviamente sería imposible que se presentara a unas generales, si Mariano Rajoy las convocase, siendo presidenta de la Junta, por lo que tendría que haber antes un relevo que necesitaría del apoyo de Ciudadanos para no abocar la legislatura andaluza a unas elecciones anticipadas.

Las elecciones autonómicas, si se completara la legislatura, serían en 2019. Si el PSOE opera de la misma manera por tercera vez consecutiva, situando un presidente a mitad de mandato tras la dimisión de su antecesor, lo hará dando un margen de más de un año para su afianzamiento antes de las elecciones. No obstante, este modelo no tiene por qué repetirse ahora, subrayan fuentes socialistas. Si la legislatura estatal se prolonga los cuatro años que en teoría le corresponden, no hay nada que impida formalmente a Díaz ser presidenta de la Junta hasta poco antes de las elecciones autonómicas andaluzas, que deberían ser en la primavera de 2019.

La estabilidad parlamentaria de la que disfruta el Gobierno andaluz no está amenazada a corto plazo, ya que Ciudadanos ha asegurado que mantendrá el pacto de investidura mientras Díaz sea presidenta y que se sentará a negociar de nuevo con el PSOE para la elección de un hipotético sucesor. Juan Marín, líder de C's en Andalucía, se apresuró este mismo domingo a dejar clara esa posición de su partido. Es "compatible", dijo, ser presidenta de la Junta y secretaria general del PSOE. Si Díaz dimite, Ciudadanos "renegociará" el acuerdo, añadió. Si en efecto se acaba produciendo ese relevo, sería la tercera vez seguida, tras Griñán y la propia Díaz, en que la máxima autoridad de la autonomía andaluza accede al cargo sin haber sido candidato a la presidencia de la Junta (si bien en ambos casos renovaron como presidentes tras sendas elecciones).

El 26 de marzo en Madrid

Las aspiraciones de Díaz eran ya tan evidentes como conocidas. Este domingo se produjo el anuncio de un anuncio, el de la fecha de presentación de la puesta de largo de su candidatura, que en principio será el 26 de marzo en Madrid. El madrileño Sánchez presentó su candidatura en Dos Hermanas (Sevilla), y la sevillana Díaz la presentará en Madrid. La presidenta, atenta a los tiempos políticos, ha comprobado en los últimos meses que negando lo evidente no era capaz de que dejara de hablarse de sus aspiraciones. Anunciase lo que anunciase, hiciese lo que hiciese, como presidenta o como secretaria general del PSOE andaluz, todo era interpretado en esa clave, para irritación del partido y del Gobierno regional.

Si Díaz demora el anuncio, con el coste que implica siempre tener que andar día tras día disimulando lo obvio, es porque sabe que el cierre definitivo de esta incógnita abre a su vez un buen puñado de incógnitas nuevas, que ahora se convertirán en materia de especulación y suspicacias. Desde este lunes, el debate político en Andalucía girará ya en torno al salto a Madrid de Díaz (en la práctica, esto ya ocurría). La oposición, que este domingo ya salió en bloque a criticar a la presidenta tras conocerse su anuncio, recrudecerá un discurso que ya lleva meses desplegando: la líder socialista no tiene la cabeza en Andalucía, de donde ahora quiere huir sin resolver sus problemas. Todos los portavoces socialistas deberán estar preparados para responder a estas críticas y para contestar a un ramillete de preguntas de la prensa, entre ellas estas dos: ¿Qué candidato a sucederla en el PSOE apoyará Díaz? ¿Y para sucederla –llegado el momento– en la Junta? Pero hay más interrogantes. ¿Cómo convive un secretario general del PSOE andaluz con Díaz como presidenta y secretaria general del PSOE?

No hay delfines

Díaz, que ejerce un liderazgo muy marcado que no ha dado lugar al surgimiento de delfines, aún no ha dado muestras de tener un favorito para sucederla, algo lógico teniendo en cuenta que oficialmente hasta ahora ni siquiera quería ser secretaria general del PSOE (de hecho tal cosa aún no ha salido públicamente de su boca). Si Díaz estaba claramente identificada como la dirigente pujante y con mayor proyección cuando Griñán formó gobierno tras las elecciones de 2012 y se vio que la joven consejera de Presidencia tenía ambición, ahora no existe en el PSOE una figura similar. Es posible que Díaz tenga en la cabeza la idea de quién podría ser un buen secretario general del PSOE andaluz o un presidente de la Junta, pero eso sólo lo sabe ella. Lo demás son especulaciones.

Sus segundos de a bordo en el Gobierno y el partido son dos veteranos, diputados por Cádiz con trayectoria como alcaldes: el vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, y el secretario de Organización, Juan Cornejo. El portavoz parlamentario del PSOE andaluz y de la gestora es el onubense Mario Jiménez. Además de Jiménez Barrios, otros cuatro miembros del Gobierno son diputados autonómicos, requisito indispensable para ser elegido presidente si Díaz considerase conveniente dimitir. Entre los consejeros diputados está María Jesús Montero (Hacienda), miembro de sucesivos gobiernos desde 2004, y Javier Fernández (Turismo), considerado muy próximo a Susana Díaz. El PSOE preside además seis diputaciones. Las provincias en las que el PSOE es más fuerte son Sevilla y Jaén, donde el líder provincial y presidente de Diputación es Francisco Reyes. Fuera del Gobierno andaluz y del Parlamento, el representante institucional de mayor rango del PSOE en Andalucía es Juan Espadas, alcalde de Sevilla.

No obstante, mirar al Gobierno andaluz o a los dirigentes con mayor proyección o poder para adivinar al posible futuro presidente supone estrechar mucho el foco: primero, porque Díaz no tiene la menor intención de dimitir mientras pueda evitarlo; segundo, porque cualquier diputado socialista podría técnicamente ocupar el cargo si Díaz dimite y C's lo apoya. Lo interesante está en ver qué socialistas darán el paso de presentarse a la secretaría general del PSOE andaluz si gana Díaz, y cuál lo hará con el apoyo de la presidenta.

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Griñán fue señalado como presidente por Chaves, que dimitió cuando el PSOE aún tenía mayoría absoluta, y Díaz fue señalada por Griñán, que dimitió cuando el PSOE ya sólo se sostenía en el poder gracias un pacto de gobierno con IU. La coalición de izquierdas accedió con sus votos a investir a Díaz en septiembre de 2013. Se convertía así, con 38 años, en la primera presidenta de la comunidad más poblada de España.

Menos de un año y medio después, con Díaz en la cima de su popularidad e IU debilitada por la irrupción de Podemos, la presidenta dio por acabado el pacto y convocó elecciones. Cogió a Podemos a medio hacer en Andalucía; y al PP, muy debilitado. Así que a Díaz, que mantuvo los 47 diputados del PSOE en 2011 pese a la entrada de dos nuevos partidos, le salieron las cuentas de la legislatura gracias al apoyo de Ciudadanos. Desde entonces es la política del PSOE con mayor poder institucional. Sus pretensiones de ser secretaria general han sido uno de los grandes temas de la política nacional desde 2014. No se presentó a las primarias de 2014, en las que el PSOE andaluz apoyó a Sánchez.

El PSOE ha ganado en Andalucía, siendo ella líder del partido, las elecciones europeas de 2014 y las autonómicas, municipales y generales de 2015, pero perdió las generales de 2016. La valoración de Díaz entre los andaluces, que alcanzó su pico en 2014, ha perdido enteros, según puso de relieve la última Encuesta General de Opinión Pública (Egopa), elaborada por el Centro de Documentación Política y Electoral de Andalucía.

La candidatura de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE dará una fuerte sacudida al tablero político andaluz, que no podrá volver a ser el mismo. Si no consigue su objetivo, sufrirá una merma de su crédito político, cimentado sobre un aura de ganadora. Si lo consigue, el PSOE andaluz deberá elegir un nuevo secretario general en un proceso en el que previsiblemente habrá más de un candidato, ya que el entorno de Pedro Sánchez ya ha anunciado que también en el congreso andaluz habrá disputa. Díaz, aunque se haga con el liderazgo del partido, seguirá siendo presidenta de la Junta de Andalucía mientras sea políticamente viable.

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