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Elecciones catalanas 27-S

Cataluña, muchas incógnitas y pocas certezas

Cientos de personas participan en la cadena humana entre las localidades de Avinyonet del Penedès y Cantallops.

Guillem Martínez

LA DUDA COMO METÁFORA

Las elecciones catalanas han sido planteadas por el Govern catalán como un plebiscito, que vendría a sustituir la consulta por la autodeterminación, no vinculante, meramente consultiva -una bicoca para el Govern y para el Gobierno, vamos-, sobre la que el Gobierno del Estado se negó, en todo momento, a dialogar. ¿Estamos, por tanto, ante un plebiscito, ahora sí vinculante, para la creación de un nuevo Estado? ¿El 27S es, así, un jalón, un punto de no retorno en una fricción entre Cataluña y el Estado? Parece ser que no. O, al menos, parece ser que el 27S no podrá pasar una supervisión homologable internacionalmente como plebiscito.

Unas elecciones, con cuatro demarcaciones diferentes, en las que un voto en, pongamos Vic, es más importante que varios votos en Barcelona, área en la que se concentra más del 50% de la población catalana, carecen del carácter democrático que otorga un referéndum para establecer una respuesta a una pregunta clara. ¿Cómo se establece, por otra parte, la victoria del sí o del no en unas elecciones? ¿Por el mayor número de escaños conseguidos, mediatizados a través de un sistema electoral local, esa joya, que prima el voto rural sobre el urbano? Sería más razonable que, en unas elecciones plebiscitarias, (figura nueva en democracia, tal vez creada para consumo local) contara, por tanto, el número de votos partidarios de formaciones por el sí o por el no. Algo, por otra parte, complicado, pues entre el sí y el no hay una gama de grises notables. Muchos no, es decir, votos no emitidos por la lista Junts pel Sí (agrupa a CDC en su 60%, a ERC en su 40%, y a independientes vinculados a esas dos formaciones, se supone, en un 60% o 40%) podrían ser sí en una consulta razonable. Para acabar de liarlo, el Govern no ha establecido ningún criterio para establecer el sí y el no, la victoria o derrota, en estas elecciones plebiscitarias. Lo que equivale a suponer que no considera estas elecciones, más allá de la propaganda, como algo parecido a un plebiscito. ¿Qué son estas elecciones que no son un plebiscito pero que se presentan como plebiscito? Posíblemente, una continuación lógica del proceso iniciado por el Govern en 2012.

LAS COSAS SON SU FUNCIÓn

Desde que el Govern, entonces CiU, hiciera suya la exigencia ciudadana, defendida en pequeñas consultas municipales y en una manifestación histórica en Barcelona por una consulta por el derecho a decidir, el Procés ganó unas formas y un carácter inapelables, según la prensa (era un proceso imparable e histórico hacia la independecia, según la prensa catalana, pública y concertada; una seria amenaza al pack Unidad Nacional y el fin del mundo, según la prensa española, pública y concertada; ambas prensas conforman, por cierto, lo que el último informe Reuters califica como los medios más deficientes de Europa), pero francamente ambiguas si se observaban con detenimiento. El denominado Procés pareció consistir, así, en un proceso de apropiación gubernamental de una demanda ciudadana, que fue instrumentalizado para ganar unas elecciones (CiU fue el único partido del Sur que, tras realizar recortes estructurales, renovó tras una cita electoral), y para establecer una hoja de ruta, cumplida a regañadientes y superando los plazos marcados.

El Procés y su bombardeo propagandístico sirvieron para neutralizar en parte el 15M y los movimientos anti-austeridad, eclipsados en los medios y en la sociedad, para elaborar políticas de recortes de derechos, y para camuflar, en buena parte, llamativos casos de corrupción en CiU. La operación, en ese sentido, fue un éxito, si bien, en su último tramo, el Procés sufrió un serio ERE.

Así las cosas, ERC e ICV se alejaron de un Govern que había exprimido el Procés sin ningún resultado efectivo. En solitario, con la sola participación de las CUP, el Procés fue salvado, contra todo pronóstico, por la convocatoria de una consulta. Una consulta difícil de valorar. Por una parte no era una consulta ni siquiera consultiva. Era simbólica. Un chollo de consulta, sin repercusiones ni vinculaciones políticas para el Govern. Por otra parte, era un ejercicio de valentía democrática en una sociedad cuyo Gobierno del Estado se negaba a dialogar sobre una (otra) problemática. El Gobierno del Estado, que movilizó a la Fiscalía por esa consulta no oficial y sin funciones, convirtiendo en héroes civiles a políticos emisores de políticas similares a las del PP, quizás fue el gran animador de este tercer acto, y de los dos anteriores.

EL 27S COMO REFUNDACIÓN DE CDC

Tras la consulta, el Procés accedió a su final sin resultado alguno. Algo previsible, pues la gran condición de Mas para encabezarlo consistió en no superar jamás el marco legal del Estado. El juguete con el que CDC había aplazado su muerte, moría tras ser exprimido. Pese a la propaganda gubernamental catalana, la cosa no daba más de sí. El final dejaba en precario a CDC, el único partido redactor de la Constitución que aún mantenía juego y cintura, si bien estaba salpicado por grandes casos de corrupción y con la responsabilidad de haber sido el líder de las reformas postdemocráticas en Cataluña. ERC parecía el sucesor natural de esa CDC desgastada, que se mantenía en el aire por la fe de sus usuarios y una propaganda llamativa. Es en ese momento cuando CDC empieza a pensar en su refundación, es el único partido de la Restauración que no sólo la ha meditado, sino que lleva ese proceso más evolucionado.

Su refundación consiste en ensayarla en las próximas elecciones autonómicas, a través del liderazgo de una lista que agrupe a todo el soberanismo. Omnium y Assemblea Nacional Catalana, organizaciones vinculadas a CDC, se prestan al asunto. La CUP se niega a participar en una lista con los autores de los recortes. La sorpresa es que ERC acepta. Acepta por dos razones. Por una parte, la hegemonía del catalanismo es de CDC. Enfrentarse a ella, apartarse del proyecto, sería algo difícil de explicar en una sociedad que podría entender que ERC traiciona el Procés. Por otra parte, Mas condicionó la convocatoria de elecciones en septiembre a que hubiera una lista única. Es decir, condicionó las elecciones y el hipotético Procés a su refundación, a sus necesidades internas. ERC consideró que aplazar las elecciones supondría dar por muerto el Procés, reconocer que había sido una política de consumo interno. Aceptó. Nace Junts pel Sí (Juntos por el sí), una lista que agrupa a todos los participantes del Procés inicial, en 2012, salvo ICV-EUiA y la CUP. Un objeto raro, poco transparente y fascinante.

MÁS NOVEDADES, MÁS DUDAS

El número 1 de la lista es Raül Romeva, hasta ahora un discreto exdiputado europeo por ICV. El hecho de que Mas, que va en número cuatro, pero que a su vez es el candidato real a la presidencia, no lidere la lista, se interpreta como una maniobra para que el presidente, muy valorado en unas partes del territorio, pero que literalmente no puede ir a un colegio o un hospital en Barcelona, quede camuflado. Otra posibilidad se refiere a que la presencia de un profesional de la izquierda supla la ausencia de políticas sociales. En la lista, por otra parte, hay diversas personas independientes. No pertenecen a asociaciones que se hayan significado contra los recortes. Se trata de personajes mediáticos, artistas, intelectuales y escritores. En esta ocasión, la hoja de ruta hacia la independencia está planificada, como en la anterior edición, para 18 meses.

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Sinopsis: a) la consulta para la autodeterminación desaparece, b) se accede al Estado vía DUI (Declaració Unilateral de Independència) emitida por el Parlament. Es poco probable que la UE sea sensible a ella, si bien desde la lista se informa, y no es un chiste, que “la UE será inclusiva con Cataluña, como lo ha sido con Grecia”. Lo más llamativo es la culminación del proceso, c), una Constitución que el electorado aceptará o no en referéndum. Un bonito final que recuerda el inicio del Régimen del 78, edificio que se está desmoronando en todo el Estado, y la cultura en la que CDC se ha movido como pez en el agua. Otras novedades de esta segunda edición del Procés son su vocabulario (los partidos recortadores en Catalunya utilizan el léxico del 15M) y las formas de propaganda, que sin renunciar a las posibilidades de los medios públicos y subvencionados, apuestan decididamente por el voluntariado, como el 15M o como Barcelona en Comú. ¿Junts pel sí es entonces un proceso de ruptura e independencia en Cataluña, o una Grosse Koalition (gran coalición), que agrupa al partido conservador e izquierdista que ha emitido los recortes? ¿Es radicalidad democrática o la refundación de un partido? ¿Se traducirá nuevamente en nada o, en esta ocasión, se traducirá en cambios políticos en el Estado europeo con ciclos más largos sin cambios? ¿Es una apuesta por la independencia o es una espera hasta que haya otro gobierno en Madrid, un diálogo, una reforma constitucional y, con ella, una mejora en la financiación, el reconocimiento de la nación catalana y un Estado federado, victorias, en fin, sensibles a ser capitalizadas por CDC?

LAS CERTEZAS

Francamente, no creo que lo sepa nadie. Los medios catalanes (por supuesto, con excepciones) no han controlado el Procés, sólo han informado sobre las declaraciones de sus emisores, sin verificarlas o controlarlas. No han informado del cambio radical, en la democracia y los derechos, que ha coincidido con el Procés. Los medios españoles (por supuesto, con excepciones) han asistido a la explicación de la cosa utilizando los mismos puntos de vista y criterios propagandísticos que en los noventa, defendiendo una Constitución, que desde la reforma exprés ya no existe, creando una cruzada donde debería haber habido un diálogo democrático e intercambio de ideas.El Gobierno del PP ha sido conscientemente insensible al tema. Su cerrazón es, posiblemente, la causante de toda esta huida hacia adelante de un partido que, quizás, solamente quería mantener su rol de importancia en este cambio de época. La única certeza entre tantas dudas que ha planteado la emisión del Procés, su recepción, su trato en la prensa, es que miles de personas en Cataluña creen honestamente que España es un Estado irreformable, que un Estado propio, disponer de las herramientas de las que ya dispone España, Grecia, Portugal, Italia... supondría volver al bienestar. En el fondo, posíblemente, en Cataluña se vive otra batalla por el bienestar y la democracia, dramática. Las patologías políticas e informativas de por aquí abajo impiden a la ciudadanía saber con certeza cuál es su bando, saber si, en efecto, esto es un proceso independentista o un enfrentamiento entre élites españolas y catalanas y la refundación de un partido.

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