Cine de género español

DANIEL MONZÓN

Antiguamente, cuando entrabas en un videoclub (y digo antiguamente porque los videoclubs son más cosa ya del siglo pasado) veías cómo se agrupaban las películas en los distintos anaqueles según géneros: drama, comedia, aventuras, western, románticas, terror, ciencia-ficción, cine español… En efecto, Cine español estaba considerado un género en sí mismo.Cine español El cartelito que el encargado del videoclub había plastificado e impreso con un tipo de letra tirando a patética daba una pista clara del sentir general: el cine español era percibido como un ente homogéneo de características comunes y definidas que, para más inri, solía estar relegado a la última y mostosa estantería del local, detrás de una columna, o junto al cuartito con cortina en el que aguardaba otro género, este sí muy definido y visitado por los clientes adultos.

En aquellas estanterías del Cine Español se reunían en curiosa convivencia comedias de Pajares y Esteso, películas de Paul Naschy, títulos míticos de Eloy de la Iglesia y del género de pandilleros, musicales de Sara Montiel, Raphael, Joselito o Marisol, adaptaciones literarias como Los santos inocentes, La colmena o La plaza del diamante, estrenos del momento tan dispares como Muertos de risa, Abre los ojos o Juana la loca y clásicos de siempre como Bienvenido Mr. Marshall o Atraco a las tres. ¿Qué tenían que ver todos ellos entre sí? Evidentemente, su nacionalidad. Y nada más.

Desde siempre, desde que Segundo de Chomón dirigiera en 1908 El hotel eléctrico, Luis Buñuel en 1932 Las Hurdes, o Edgar Neville en 1944 La Torre de los Siete jorobados, por citar tres obras históricas de envergadura que me vienen primero a la cabeza, el cine hecho en España ha sido tan variado, arriesgado e interesante como lo es ahora. La lista de directores y títulos gloriosos es muy larga, al igual que la disparidad de géneros, intenciones y sensibilidades. El cine hecho en España es de una riqueza de propuestas casi obscena, no se puede reducir a un tópico, es del todo inclasificable.

Y sin embargo, durante las últimas décadas, en el ánimo del espectador natural del cine español, que no es otro que el nacido en España, la idea fija de que su cine sólo consistía en películas sobre la Guerra Civil o de destape ha prevalecido inquebrantable destapea pesar de que todos los años aparecía un nutrido conjunto de películas bien conocidas y queridas que demostraba exactamente todo lo contrario: Mujeres al borde de un ataque nervios, El viaje a ninguna parte, El día de la bestia, Tesis, Airbag, La buena estrella, Torrente, La niña de tus ojos, El milagro de P. Tinto, Solas, El otro lado de la cama, Siete vírgenes, La comunidad, La caja 507, Volver, El orfanato, El Bola, Los otros, Te doy mis ojos, El laberinto del fauno, REC, y decenas y decenas de títulos demostraban que el tópico era injusto y puede que hasta malintencionado, pero florecía gracias al abono de nuestro carácter desapegado y a la extraña falta de aprecio por lo propio que muchas veces nos define y arrastra.

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El pasado 2014 parece que público y medios de comunicación se han puesto de acuerdo en sentir que algo ha empezado a cambiar en el cine hecho en España, que la eterna letanía de españolada empieza a sucumbir españolada gracias a una serie de películas que han gustado y recuperado a los espectadores. Yo echo la vista atrás y no me parece que sea algo que haya surgido de repente por arte de magia en un año que significa un borrón y cuenta nueva. Esa renovación de la que se habla viene pergeñándose desde hace mucho tiempo, la constante inventiva de nuestro cine diría yo que viene de los tiempos de… Segundo de Chomón, Luis Buñuel o Edgar Neville.

El otro día fui a mandar un paquete a correos y la chica encargada de la oficina me reconoció y me dijo que le encantaba el cine español, que estaba harta de las películas americanas, todas iguales… Varios de los que había en la cola se sumaron al comentario y decían que se lo habían pasado en grande este año con distintas películas españolas. Uno dijo que antes se hablaba de españoladas pero que lo que le resultaba insoportable eran las americanadas… Hoy, los pocos videoclubs que quedan clasifican las películas de otra manera. Y en el ánimo del público natural del cine hecho en España parece que algo también ha cambiado. Y yo me alegro.

Daniel Monzón es director y guionista. Su última película, El Niño, ha conseguido 16 nominaciones a los Goya

Antiguamente, cuando entrabas en un videoclub (y digo antiguamente porque los videoclubs son más cosa ya del siglo pasado) veías cómo se agrupaban las películas en los distintos anaqueles según géneros: drama, comedia, aventuras, western, románticas, terror, ciencia-ficción, cine español… En efecto, Cine español estaba considerado un género en sí mismo.Cine español El cartelito que el encargado del videoclub había plastificado e impreso con un tipo de letra tirando a patética daba una pista clara del sentir general: el cine español era percibido como un ente homogéneo de características comunes y definidas que, para más inri, solía estar relegado a la última y mostosa estantería del local, detrás de una columna, o junto al cuartito con cortina en el que aguardaba otro género, este sí muy definido y visitado por los clientes adultos.

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