'El chiringuito' de Georgie Dann, himno veraniego inspirado por la Ley de costas

Actuación en televisión de Georgie Dann

No hace ni un año que se marchó y sigue siendo el dios del verano. Qué tontería, lo será siempre. Nadie ha cantado con tanta picardía y el ritmo tan bien cogido al son de las playas y las vigilias estivales en las que no solo todo puede pasar, sino que da igual lo que pase. Georgie Dann es El Cid Campeador y seguirá ganando batallas muchos veranos más, basta con que alguien le dé al play y la música empiece a sonar. 

Desde Si yo canto (1964) hasta Buen rollinski (2018), Georges Mayer Dahan (París, 1940 - Majadahonda, 2021) lanzó al mundo una treintena de himnos jaraneros y risueños con el sorprendente poder común de ponernos a danzar espontáneamente mientras ardemos en el epicentro de la canícula sin que nada más importe. La banda sonora perfecta cuando no hay horarios ni rutinas y es el hedonismo lo que fugazmente dirige nuestras vidas.

Abruma enumerar algunos de sus títulos, imposible escapar de las melodías que no sabíamos que recordábamos y que reaparecen en nuestra cabeza sin previo aviso: Ay mama Mallorca (1966), Casatschock (1969), El Bimbó (1975), Mi cafetal (1977), Carnaval carnaval (1983), El africano (1985), Macumba (1986), El negro no puede (1987), El chiringuito (1988), La barbacoa (1994), Mecaguento (2007), La cerveza (2013) o Viva el vino (2017).

Icono popular de la canción más ligera de cascos, muchas de sus letras y sus dobles sentidos granujillas nos ruborizan más ahora que antes. Con semejante descaro verbenero se grabó a fuego en nuestra cultura popular durante los ochenta y los noventa con estribillos de los que era inútil intentar escapar. Como un Atila Pop que arrasaba con todo a su paso, Georgie Dann no hacía prisioneros: reconvertía impíos a su religión pagana del disfrute y el cachondeo

"He hecho muchísimos éxitos y sigo haciendo éxitos", justificaba hace poco más de un lustro en una entrevista con Europa Press. Porque, aunque él era una moda en sí misma, con el paso de los años tuvo que defenderse en demasía de quienes le consideraban un rescoldo de vacaciones pasadas. "Mi música no es hortera, en el sentido de si es peyorativo, si eso quiere decir vulgar o lo que sea", alegaba entonces.

Y vaya si los hizo. Contra todo pronóstico en no pocos casos. Como El chiringuito, por escoger uno aleatoriamente. "Me dijeron de todo, que no tenía nada en la cabeza y por eso los productores decidieron no hacer promoción de la canción. Pero al final ésta se hizo sola y fue número uno en todas partes", comentaba en la mencionada entrevista con lógico orgullo y satisfacción, pues también fue un exitazo en países tan improbables como Alemania, Suiza o Italia.

Este clásico, encima, tiene historia, pues la inspiración le llegó a Georgie buscando precisamente un chiringuito por las costas malagueñas para invitar a todo su equipo tras una actuación especialmente buena. "Señores, vamos a comer al chiringuito, que invito yo. Fuimos a uno y estaba cerrado. Preguntamos por otro al que pudiésemos ir, cogimos el coche otra vez y cuando llegamos, cerrado. Y digo ‘está pasando algo aquí”, recordaba hace un par de temporadas en charla con LOS40.com.

Lo que pasaba y ninguno de ellos sabía es que pronto entraba en vigor la Ley de costas de 1988 y estaban todos los chiringuitos de reformas para cumplir la nueva normativa o directamente cerrados: “Al ver que estaba todo cerrado, ¿qué se me pasó a mí por la cabeza? Joder, un chiringuito, el chiringuito, un chiringuito... y surgió la canción”. Esa es la anécdota y no, no tiene nada que ver con la Oficina del Español de Toni Cantó, aunque seguro que él también la bailó.

Porque es un sinsentido hablar de la canción del verano como concepto y no aupar a Georgie Dann allá arriba, a lo más alto. Te guste más o te guste menos, te ha hecho bailar sin remedio. Un poquito al menos. Y él lo sabía más que de sobra, pues remataba tal que así la conversación con EP: "La actual canción del verano es aquella música que pasado mañana nadie va a cantar. Yo tengo la suerte de que mis canciones pasan de generación en generación en la familia".

La canción del verano

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