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Los océanos alcanzan una temperatura récord este verano y el cambio climático no es el único responsable

El océano ártico fotografiado desde un barco estadounidense, en 2016.

Quienes se bañaron en el Mediterráneo en julio comprobaron de primera mano cómo el agua estaba extremadamente caliente, y quienes vayan cada año al Levante quizás incluso se percataron de que ese calor nunca antes había sido tan exagerado, con temperaturas rondando los 30 grados. Esta ola de calor marina ha afectado también al resto de mares y océanos del mundo, comenzó a mediados de marzo y ha tocado techo esta semana. Este martes, la temperatura media de la superficie marítima en la Tierra era de 21,1 grados, casi un grado por encima de la media del periodo de referencia (1982-2011), según los datos recopilados por la plataforma Climate Reanalizer, de la Universidad de Maine (EE UU). 

Aunque una desviación de un grado pueda parecer pequeña, se trata de una media planetaria, pero en muchas zonas del mundo la temperatura del agua está desbocada, con desviaciones de cinco y seis grados sobre lo normal. A comienzos de abril ya se alcanzó ese récord de 21,1 grados de media que se repite ahora, aunque en esa época del año es cuando las aguas de la Tierra son más cálidas. Mientras que en esta época del año suelen ser más frescas, por eso se ha registrado la mayor anomalía frente a la temperatura promedio desde al menos 1981. 

El mayor desequilibrio en la temperatura del mar se ha producido en las zonas más frías: alrededor de Japón, en la costa norte de Rusia y en el extremo norte de Canadá. Aunque las aguas del Mediterráneo también registran estos días una temperatura entre tres y cuatro grados por encima de la media, especialmente en la costa Brava y la costa francesa. 

El principal culpable de este fenómeno es el cambio climático. El aumento de la temperatura atmosférica —fruto de la contaminación humana— provoca que se caliente la superficie del agua. El problema añadido que presentan mares y océanos es que poco a poco ese calor se filtra hacia las capas profundas del mar, lo que provoca que el calentamiento del océano sea un proceso lento, pero de no retorno. De hecho, en el último medio siglo los océanos han absorbido el 89% del exceso de energía provocada por el calentamiento global.  

El segundo gran motivo que explica esta situación es la llegada de El Niño, un fenómeno relacionado con los cambios en la atmósfera que provoca un aumento general de la temperatura del agua y del aire en el planeta y un aumento de las lluvias torrenciales y la sequía en diferentes regiones. Esta situación suele durar entre nueve y doce meses, y la última vez que ocurrió, en 2016, dejó el que es todavía hoy el año más cálido jamás registrado

En todo caso, El Niño comenzó oficialmente el 4 de julio, por lo que los científicos por ahora discreparan sobre su impacto en el calentamiento reciente de los océanos, ya que la tendencia que comenzó mucho antes que este fenómeno atmosférico. "Este año, los debates sobre los océanos y el clima se han centrado en gran medida en el inicio de El Niño y su potencial para empujar las temperaturas globales a un territorio inexplorado a finales de 2023 y en 2024. Pero la realidad es que ya hemos entrado en territorio desconocido", señalaron a comienzos de julio los técnicos del programa europeo Copernicus, que monitoriza la temperatura global del aire y el mar. 

Manuel Vargas, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO), coincide en que es prematuro atribuir las temperaturas récord del agua a este fenómeno. "Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes e intensas como consecuencia del calentamiento global. Ahora bien, ¿por qué este año en concreto se han producido estas olas de calor tan intensas y continuadas? No creo que haya todavía una hipótesis. Alguien te puede decir que es por el fenómeno de El Niño, pero hemos entrado en esa fase muy recientemente, y las temperaturas altas del Atlántico, el Mediterráneo, y todos los océanos en general, empezaron mucho antes de que empezara este fenómeno", explica el experto. 

Los investigadores del servicio Copernicus también dijeron en julio que "todavía están investigando" por qué el Atlántico Norte alcanza temperaturas tan elevadas este año, que llegaron a ser 8 grados superiores a la media en julio. "Por ahora tenemos varios factores a tener en cuenta: la circulación atmosférica, la contaminación atmosférica y el cambio climático", añadieron. 

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Sobre la situación atmosférica, explican que en el mes de junio el anticiclón de las Azores fue extremadamente débil. La baja presión atmosférica redujo la velocidad del viento sobre el océano Atlántico y, al haber un menor movimiento del agua, las capas superficiales no se podían mezclar con las profundas y eso dificultó su enfriamiento.

El cambio climático debido a la contaminación humana, afirman, también es responsable del calentamiento del agua a largo plazo por el aumento de la temperatura de la Tierra. Sin embargo, también explican que recientemente las emisiones de efecto invernadero se han reducido en algunas regiones del planeta, y eso tiene también un efecto inesperado que calienta el agua. "Aunque la reducción de la contaminación es beneficiosa para el medio ambiente y la salud humana, una menor contaminación también podría repercutir en la cantidad de radiación solar que rebota al espacio, lo que provocaría un mayor calentamiento", dicen los expertos del servicio europeo. Es decir, las partículas contaminantes suspendidas en la atmósfera hacen rebotar la radiación antes de que llegue al agua, pero esas emisiones se están reduciendo poco a poco y ayudan a calentar los océanos ligeramente.

Por último, también citan los cambios en las corrientes oceánicas en el Atlántico Norte, que los científicos ya han constatado que se están debilitando. Estas autopistas submarinas regulan la temperatura de los océanos moviendo el agua de norte a sur, y viceversa, pero el cambio climático ralentiza poco a poco su funcionamiento. 

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