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‘Salvar al rey’, un valioso repaso a los mecanismos secretos para proteger a Juan Carlos I

El rey Juan Carlos I, junto al general Francisco Franco en el desfile militar de 1974

Se ha abierto la veda para cazar al rey, al emérito, de momento. Tras el exitoso y comentado podcast Xrey, se ha estrenado la no menos renombrada miniserie de tres episodios Salvar al rey. Y están en marcha varios proyectos audiovisuales más sobre su figura.

La autocensura de la prensa española para preservar un complicado retorno pacífico a la democracia, primero, y una tradición y una inercia más difíciles de explicar, después, mantuvieron la figura de Juan Carlos I a salvo de una serie de crisis. A veces se publicaban, pero se extinguían rápidamente, y a veces no llegaban ni a publicarse.

Un elefante en Botsuana, una amante locuaz, una abdicación, el fin de la inviolabilidad y un exilio voluntario han llevado el péndulo al otro extremo. Mucha gente tiene ahora ganas de hablar y el material narrativo que el protagonista ha acumulado durante su vida por haber estado oculto da para numerosas aproximaciones.

Repaso a los escándalos

HBO Max emite esta serie documental que repasa los principales escándalos de Juan Carlos I y aporta algunas interesantes exclusivas. Algunos de los mayores estudiosos de la figura del monarca residente en Abu Dabi reprochan al reportaje la falta de novedades, pero el grueso de los espectadores podemos sin duda descubrir datos y testimonios importantes durante el desarrollo de la investigación. Avanza además a buen ritmo y sin molestas repeticiones como ya se ve en otras muchas series documentales.

Santiago Acosta dirige la pieza, que hila su argumento a través de las operaciones de los aparatos del Estado para proteger a Juan Carlos I. La producción es correcta, con numerosísimos testimonios de políticos, escritores, periodistas o personas implicadas en los hechos.

Puede percibirse la experiencia del equipo responsable de la serie en el mundo del corazón. Santiago Botello y Álvaro García Pelayo figuran como productores ejecutivos desde su empresa Producciones Mandarina, perteneciente a Mediaset. Gran parte de sus carreras ha estado relacionada con la información social emitida en Telecinco. Quizá por ello han logrado hacerse con testimonios especialmente novedosos en ese campo.

Operaciones para proteger a Juan Carlos I

Sin embargo, el hilo conductor responde a una pregunta que mucha gente se ha hecho durante años: cómo se protegía la figura del rey Juan Carlos. Han sido muchas operaciones a lo largo de su vida, y comienzan desde su infancia.

Franco fue el primero empeñado en salvaguardar a Juan Carlos como heredero al trono por encima de su padre, don Juan, quien ostentaba los derechos dinásticos, pero a quien era mucho más difícil controlar que a quien entonces era un niño.

Escandaloso, aunque ya más conocido, fue el disparo mortal con el que un joven Juan Carlos acabó con la vida de su hermano menor. Terrible el hecho de que su propio padre le hiciese jurar que no había sido a propósito. Antonio Eraso, amigo de la familia real presente el fatídico día, lo cuenta como testigo directo en la serie.

En este caso era imposible tapar por completo el hecho, ocurrido además en Portugal. Pero en España se habló de un accidente sin mencionar a Juan Carlos. Durante los años de la transición el suceso se contaba como si Juan Carlos I hubiera disparado siendo niño. Nada que ver con la edad del luego rey, dieciocho años, ni con que ocurriera sin más testigos en una habitación dentro de una casa y con un revólver.

Salvar al rey repasa también algunas de las relaciones románticas del emérito vividas durante su matrimonio con la reina Sofía. Su relación con Corinna zu Sayn-Wittgenstein merece capítulo aparte. Antes de ella hubo otras mujeres, tema del que ha empezado a hablarse libremente hace ya algunos años.

La voz en exclusiva de una amante del rey

El documental aporta sin embargo un testimonio exclusivo, el de la fallecida en 2015 Queca (Angélica) Campillo. La fotoperiodista comenzó a grabar sus memorias, primero en video y después en cintas de audio, y su hija, Carmen Gutiérrez, ha puesto este valioso documento en manos de los autores del reportaje.

Con la tranquilidad de una confesión voluntaria, la propia Queca explica su relación con el monarca, los servicios que ella misma hacía al rey, bien informándole de lo que se cocía en el mundo de la prensa y de la política bien aconsejándole bien ayudándole si Juan Carlos de Borbón le pedía algún favor.

La hija de la amante del rey ha facilitado también grabaciones del contestador automático de su madre en las que Juan Carlos se dirige a ella con afecto y cercanía. Gutiérrez añade detalles al testimonio de su madre al considerar que la voluntad de esta fue difundirlo.

Aparte del valor intrínseco de conocer la relación privada, las declaraciones están salpicadas por los intereses del monarca y detalles de sus preocupaciones acerca de los problemas o conflictos de la España del momento.

Múltiples grabaciones privadas al monarca

Se vuelve a escuchar al propio Juan Carlos en conversaciones grabadas con Bárbara Rey. En este caso, además del puro cotilleo, se incide en la relación de los servicios secretos españoles con el monarca. Por una parte, los espías grababan al rey, por otra perseguían a quien tuviera grabaciones descontroladas, como las que había efectuado Barbara Rey.

Planea la cuestión en el documental de a quién sirve el CNI, y previamente el CESID, y qué es lo que se pretende salvaguardar: la figura del rey, la monarquía, la estabilidad del Estado o intereses cruzados.

Acusación de haber organizado el 23F

En este trabajo no se profundiza en la participación del rey Juan Carlos I en el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, pero se suelta un misil. Diego Camacho, ex agente del CESID, de quien se apunta que estuvo involucrado en el asalto al Congreso, no se especifica si como participante o como investigador, afirma con claridad: “El rey es el motor del golpe”.

Varios de los flecos darían para nuevos documentales, este es uno de los más evidentes. Viéndolo, viendo la dificultad que tiene España para desclasificar los documentos secretos que aclararían al menos en parte lo sucedido, vuelve a la cabeza el extraordinario especial falso de Jordi Évole, 23F: Operación Palace. Estamos tan faltos de información sobre algunos sucesos importantes que podemos creer una cosa, la contraria y un delirio inventado para provocarnos.

Sabino Fernández Campo, Pedro J. Ramírez y Mario Conde

Otro hilo suelto del documental es la figura de Sabino Fernández Campo. El que fuera secretario general de la Casa Real en algún momento no aclarado decidió que no debía lealtad al rey sino a lo que entendía que era la Corona. No se especifica la postura del Gobierno de Felipe González al respecto durante aquel 1992 y comienzo de 1993.

El caso es que Fernández Campo era quien filtraba comportamientos escandalosos del rey a la prensa, cosa que Mario Conde averiguó de boca de Pedro J. Ramírez, y que se lo dijo al propio monarca, que cesó fulminantemente a su ayudante más destacado. Este incidente se recoge, e intervienen Pedro J., Mario Conde y el biógrafo de Fernández Campo, Manuel Soriano Navarro, pero daría para profundizar más en él.

La relación de Juan Carlos I con los distintos gobiernos

Sabida pero intrigante es la relación de los distintos gobiernos con el rey Juan Carlos I. Su mayor afinidad con Felipe González y después con Rodríguez Zapatero y la distancia con José María Aznar. Sería interesante relacionarla con las disfunciones que se fueron produciendo entre los servicios secretos en cada época.

¿Qué pasa con la inviolabilidad de Juan Carlos I?

¿Qué pasa con la inviolabilidad de Juan Carlos I?

Otro momento significativo del documental pertenece a Javier Ayuso Canals, director de comunicación de la Casa Real los dos últimos años de reinado de Juan Carlos I, de 2012 a 2014. Se declara autor de la famosa declaración del rey: “Lo siento mucho. Me he equivocado. Y no volverá a ocurrir”, más parecida a un meme que a la alocución de un monarca. Ayuso justifica la política comunicativa de esa época.

Estos y otros momentos convierten al documental en una pieza interesante del análisis del reinado de Juan Carlos I y de la sociedad en la que hemos vivido. Varios testimonios de la investigación concluyen que la propia exposición de los pecados del padre es un sacrificio necesario para, una vez, más salvar al rey, esta vez a Felipe VI.

El tiempo dirá si las circunstancias tan distintas en las que ha comenzado a reinar han traído nuevos modos en la prensa, en la política y en el mundo de los espías para salvaguardar su figura.

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