Diez años después

“Cambiar los muebles de sitio trae suerte”. Recuerdo este mantra del pensamiento mágico que escuchaba decir a mi madre cuando yo era niña y que, tal vez, ella había oído decir a mi abuela

No sé medir en newtons la fuerza que ejerce en nuestro pensamiento infantil lo que escuchamos en boca de nuestros adultos de confianza, pero lo cierto es que, de vez en cuando, sentía la necesidad de cambiar algo de sitio en el dormitorio que compartía con mi hermana. Y aunque contábamos con poco margen para redecorar en aquel territorio ocupado por dos camas y dos escritorios abatibles, cada cierto tiempo intentábamos alguna ligera transformación.

La verdad es que nunca creí que alterar el orden de los elementos de nuestro dormitorio fuera a propiciar un golpe de suerte, era más bien un inocente modo de intentar que las cosas fueran distintas o que, al menos, lo parecieran.

El Feng Shui, esa técnica tradicional china que hemos trasladado a nuestro presente occidental como una brújula, con la ilusión de que nos ayude a encontrar el norte, propone el cambio de muebles de lugar para lograr que fluya el “Chi”, la energía vital

A punto de que este escritorio de nombre 'Muy fan' cumpla diez años, he decidido llevarlo al trastero y poner otro en su lugar que se llamará 'Gente corriente'

Pero no hace falta viajar tan lejos, en el ámbito de la psicología europea hay infinidad de literatura acerca de nuestra relación con los espacios que habitamos. La personalización de la que dotamos a “nuestros lugares” trasciende su uso práctico y dice mucho de cómo somos. Y la decoración, más allá de su sentido estético, adquiere una carga profunda en nuestro recorrido vital. Los objetos con los que convivimos acaban convirtiéndose en símbolos de nuestra experiencia y de nuestras emociones. Es por todo ello, por lo vivido dentro un espacio, que cuesta o libera tanto abandonarlo…

Hoy vengo a contarles que voy a mover un mueble de sitio en esta habitación que comparto con ustedes. A punto de que este escritorio de nombre Muy fan cumpla diez años, he decidido llevarlo al trastero y poner otro en su lugar que se llamará Gente corriente

Siento cierto desgarro, no crean, yo que me encariño hasta con un frasco de perfume y me da pena tirarlo cuando está seco… Y claro, han sido diez años, nada menos. Diez años en los que me he hecho fan de tantos y tantas que estaban ahí fuera, dos lustros en los que me han sucedido tantas cosas por dentro… 

Pero es que siento la necesidad de cambiar algunos objetos entrañables de lugar, como hacía de niña en aquella habitación pequeña. ¿Saben? Un día, en ese afán innovador, se me ocurrió envolver el tubo del radiador en un papel escocés que me había sobrado después de forrar los libros y, cuando se lo enseñé a mis padres toda orgullosa y sonriente, pusieron tales caras de jurado agrio de Masterchef que tardé 30 segundos en despegar aquel papel de cuadros y tirarlo a la basura haciendo pucheros. 

Espero que con ustedes no fracase así... Ojalá sigan queriendo compartir habitación conmigo, al fin y al cabo ustedes y yo somos lo mismo, Gente corriente

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