Cuando Feijóo entienda que Trump es su enemigo

Estaba previsto para esta tarde a las seis un encuentro entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, el primero tras diez meses, después de que el 13 de marzo de 2025 se reunieran para hablar de la situación en Ucrania. Ha quedado suspendido –como es totalmente lógico– ante la gravedad del accidente ferroviario ocurrido en la tarde del domingo en Córdoba.

El escenario de cara a ese encuentro que ahora queda pendiente de nueva fecha es muy distinto al de hace casi un año. Suenan campanas de un posible acuerdo en Ucrania, países europeos se muestran dispuestos a enviar tropas de paz, y nuevas amenazas cobran protagonismo. Un año de Trump en la Casa Blanca ha servido para comprobar cómo es capaz de poner el mundo patas arriba, resucitar la doctrina Monroe e iniciar una guerra por el dominio del planeta –su propio hemisferio y todo lo que caiga– y en especial de las materias primas –petróleo y gas, pero también las tierras raras y los minerales imprescindibles para la revolución digital y la transición energética–, mostrando qué cara tiene el fascismo del siglo XXI. Por cierto, no dejen de leer este alegato de Andrea Rizzi llamando a la resistencia antifascista.

La afrenta de Trump, del trumpismo y sus socios (Vox en España) no es contra la izquierda, ni contra la socialdemocracia, ni contra el buenismo o lo woke. Estos son sólo, para el tirano, chivos expiatorios. La guerra de Trump es contra la democracia, contra los principios de igualdad, libertad y fraternidad, contra las reglas basadas en el reconocimiento del otro, contra la justicia. Contra todo lo que dificulte que acceda a su espacio vital –el Lebensraum de Hitler– y domine territorios y materias primas allá donde le interese en una guerra perpetua contra cualquier otro que ose hacer lo mismo. Su principal enemigo hoy es China y su posición en el mundo, con acceso a buena parte de esas materias primas y una compleja red de alianzas bien trabada, en especial en América Latina y África. 

El día que el señor Nuñez Feijóo y quienes le rodean entiendan esto, entenderán también que ellos forman parte del paquete. Que son también enemigos de Trump y su sucursal española, Vox. Que el que se equivoca de enemigos no es Abascal –como le dijo recientemente–, sino él, que no sabe reconocer que la afrenta le incluye, como jefe de un partido sistémico y defensor del establishment europeo. 

El que se equivoca de enemigos no es Abascal, sino Feijóo, que no sabe reconocer que la afrenta de Trump le incluye, como jefe de un partido sistémico y defensor del ‘establishment’ europeo

El Partido Popular en España está siguiendo la estela de Manfred Weber, como recuerda aquí el periodista Esteban Hernández. Una estrategia suicida que ignora la historia, que obvia las experiencias ya vividas y que aplica una mirada cortoplacista. Directos a los brazos de la ultraderecha con el pretexto de que así les frenarán. No me cansaré de recomendar el libro de Ginzberg, Síndrome 1933, donde recuerda cómo fue la derecha democrática la que le dio el poder a Hitler, no sin antes advertir que la Historia no suele repetirse, pero… ¡rima tanto!

El día que esta parte de la derecha europea (no es todo el PPE, de momento) y en particular la española entiendan que Trump les ha declarado la guerra, que Abascal no quiere ser vicepresidente de España, sino gobernar el conjunto del país arrebatando votos a izquierda  y derecha –como ya empieza a pasar: observen esta encuesta de 40dB donde ya se refleja un 4,8% de votos del PSOE y un 13% del PP que pueden ir a Vox–; ese día, la derecha europea en su conjunto, y en concreto la española, tendrán que ser capaces de plantear una propuesta propia, que no tiene por qué ser la de los socialdemócratas, pero que deberá pasar por subir su apuesta por la democracia, por las libertades, la justicia, y por una Europa que avance en la unión política. Ese día podría llegar tras la reunión pendiente entre Sánchez y Feijóo, pero mucho me temo que a su salida el líder de los populares volverá a hablar de Cataluña, de Koldo, de la mafia… y ‘Pedro Sánchez dimisión’. Ojalá me equivoque. Por el bien de todos, incluidos ellos. 

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