Rufián y Delgado: una esperanza nueva
El intento de estos dos personajes, con la incorporación de Sarah Santaolalla, abre un camino vital para el futuro. La izquierda siempre fue el patito feo de nuestra política porque no fue capaz de unirse. El intento de Pablo Iglesias fue oportuno en aquel 15M, pero su posterior reencarnación como salvadores de la patria no caló y de ahí hemos llegado a la situación actual, con una posición algo revanchista. Este nuevo intento de unión, en el que parece que quieren figurar como la izquierda auténtica, no creo que tenga mucho futuro.
Porque hoy el único extremismo que progresa es el fascismo, que se mueve muy bien por las redes sociales, y eso es lo único que cala en muchos jóvenes que no leen ni ven las noticias del día, ni nada de nada, más allá del móvil y sus apoyos. Salvando, claro está, excepciones de jóvenes muy preparados, quizá más que nunca.
Por ello, el intento de estos “tres en uno” puede ilusionar a quienes estamos preocupados por un futuro nuevamente fascista. Porque el fascismo no es una posición política, es la negación del todo. Y en España se mueve con especial facilidad porque este fue el único país del mundo que lo soportó demasiados años, y ese odio se mantuvo en el tiempo y hoy sigue presente, según vemos en una derecha desplazada ya, sin rubor, hacia los antiguos deseos de Aznar de una sola derecha, que lógicamente acabará en el extremo radical.
El intento de estos tres en uno puede ilusionar a los que estamos preocupados por un futuro fascista de nuevo. Porque el fascismo no es una posición política, es la negación del todo
Y todo esto es el resultado de una izquierda con líder, porque Sánchez lo es, aunque aquí se le machaque, precisamente por eso. Que la derecha no quiera llamar líder a Ayuso es un fallo, incluso gramatical. El presidente está intentando hacer de España un país real, con vascos, con catalanes, con murcianos, con homosexuales o ateos. Todos entramos aquí, aunque a muchos —unos 26 millones, según un militar jubilado— ni siquiera se nos reconozca nuestra nacionalidad.
Téngase en cuenta que los fascistas ganaron la guerra bajo la denominación de “nacionales”, algo que quizá sea la causa de esa confusión creada por ellos. Pero es que Sánchez va por el mundo y se le entiende lo que dice, mantiene sus ideas sociales y planta cara a Trump, que es lo mejor que puede hacer un político europeo en este momento. Además, soporta algunos de los mayores insultos que haya usado la derecha en tiempo de paz, intentando ganar como fascistas en vez de luchar dentro de una derecha sensata que defienda sus ideas con sentido común.
Tengo esperanza en este trío si, como parece, tratan de unir en vez de separar; si respetan los partidos actuales pero actúan unidos en su lucha contra ese cáncer que avanza. Es decir, votar siempre frente a quienes quieren imponer su fuerza, comprada en medios y juzgados, para volver a siglos pasados que es mejor no recordar quienes los vivimos de cerca.
Pero para ganarles es completamente necesario introducirse en el móvil, como ellos hacen muy bien, y contar lo que se hizo en España en la posguerra —no en la guerra, donde todos cometen salvajadas—, porque la izquierda no ha sabido defender una ley de memoria vital para que los jóvenes conozcan las atrocidades del dictador cebándose en el vencido. Hay que explicar la cantidad de españoles que huyeron para sobrevivir, la Desbandá, las cunetas con fusilados y otras “hazañas” de aquel que fue el único que rompió España.
Pero hay que contarlo en el móvil, porque si no seguiremos en una lucha baldía. Y Rufián lo sabe bien.
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Cesar Moya Villasante es socio de infoLibre.