Hay que condenar a Begoña

De los cuatro delitos que Peinado ha imputado a Begoña Gómez, hay apuestas en el ámbito judicial por acertar cuál será por el que se la puede condenar finalmente. Por muy surrealista que haya resultado una instrucción que ha durado dos años, la realidad es que no ha logrado minar tanto la imagen del presidente como estaba previsto. Estirar el caso para desgastar al Gobierno, tratando de implicar sin base que lo sostenga al propio ministro de Presidencia y Justicia, ha servido más para desprestigiar al instructor que para generar rechazo en los votantes progresistas, que a estas alturas lo consideran ya una persecución en toda regla. 

Sin embargo, no se ha llegado hasta aquí para nada. El caso del ex fiscal general evidencia que es posible condenar sin pruebas sólidas. Los juristas consultados descartan una condena por los cuatro delitos que se le atribuyen pero no una condena por debajo de los dos años por alguno de ellos. Quizá por la carta de recomendación a Barrabés, aunque formaba parte de más de 30 cartas que presentó su empresa, entre las que se incluía alguna del ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PP. Los jueces y fiscales que pensaban que era imposible que saliera adelante el juicio contra García Ortiz tienen claro ahora que algo le va a caer. 

“Peinado es un ignorante, un atrabiliario fuera de su tiempo, pero es juez. ¿Y qué ha hecho el órgano que tendría que controlarle? Tirar p'alante. Las cartas están marcadísimas. Begoña irá al banquillo. Ya no van a dar marcha atrás. Desautorizar a este hombre es condenarle, porque está prevaricando todos los días un poco y esto no se arreglará hasta que una mayoría suficiente sitúe a los jueces ante el juzgado popular”, dice un colega indignado por el daño y el descrédito que este tipo de casos provoca en la Justicia, a la que pertenece. Y es precisamente un jurado popular quien debería juzgar a los jueces, porque está demostrado que entre compañeros se es muy benevolente. 

No estamos hablando de un magistrado de la Sala II del Supremo sino de un juez que copia y pega en sus argumentaciones y al que sus propios colegas consideran de segunda fila

Incluso la ultraderecha judicial, por mucho que lo pueda aprovechar, sabe que el juez responsable del caso carece de nivel intelectual y profesional. Hasta considera que es una lástima que no recayera en otro instructor más cualificado porque Peinado ha restado credibilidad al caso. No estamos hablando de un magistrado de la Sala II del Supremo sino de un juez que copia y pega en sus argumentaciones y al que sus propios colegas consideran de segunda fila. Sin embargo, hay un chat de los juzgados de Madrid donde se le anima y se le felicita por su determinación con la mujer del presidente. Nunca se vio en otra igual, aclamado por los suyos. Resulta que se va a jubilar con medallas

Hay que reconocer que él solo no podría haberlo hecho. Ha contado con la inestimable guía de la Audiencia Provincial de Madrid, que ha ido permitiendo avanzar un caso que no tiene pies ni cabeza. Nadie confía en que ahora se cargue un caso que ha estado tutelando, echando abajo la resolución, pues a pesar de haberle corregido en ocasiones, le ha ido dando la razón dotando de consistencia la nada. Ahora dictará los pasos a seguir. 

Lo lógico sería que se afine un poco más, porque si van por la vía normal es una absolución de libro, pero ante un jurado popular será más fácil una condena. Solo así se cumpliría el objetivo del esperpento bendecido por una justicia controlada por el PP.

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