Cuba en la diana imperialista de Trump Jesús A. Núñez Villaverde
Lo que pasa en Andalucía se queda en Andalucía. Lo afirmamos la semana pasada. Que nadie busque extrapolar resultados de unas autonómicas a unas generales. Nadie conduce por carreteras secundarias a la misma velocidad que en una autopista sin salirse de la curva. En cualquier caso, las elecciones del domingo, primera vuelta de las generales (Vol.1), dibujaron un resultado previsible para el PSOE, que se desplomó hasta los 28 diputados; confirmaron la pájara de Vox, que sólo ha crecido cuatro décimas respeto de 2022; anticiparon el error de estrategia de Antonio Maíllo; y nos anuncian —esto sí es interesante— el peor escenario de Feijóo.
El barrigazo de María Jesús Montero el pasado 17 de mayo nos cuenta más cosas del temple de Juan Manuel Moreno Bonilla, que de la debilidad de Pedro Sánchez en Andalucía. La inmolación de Montero es el colofón a una crisis de gobierno en diferido que comenzó hace dos años con los llamados cinco días de abril, cuando el presidente del Gobierno vivió sus días más solitarios, cuando nadie a su alrededor (cuántos corchos flotan) se sintió capaz de contener el asedio judicial que sufría el inquilino de La Moncloa, cuando el PSOE caoba daba por muerto a Young Sánchez y amenazaba con la llegada del futuro terror.
La cadena de demandas e imputaciones que saeteaban su entorno familiar propició que el Secretario General mudara de piel. No sería la primera ni tampoco la última vez que lo haría. Cuanto más ha pedido Feijóo la convocatoria anticipada de elecciones, más fuerte se hacía el presidente desde su trinchera, convertido en adalid de la democracia liberal. Entonces, como ahora, desde esta guillotina afirmamos que habría legislatura larga, con presupuestos o sin ellos. El gallego y su cuadrilla siguen sin tener votos suficientes para parir una moción de censura. El futuro terror tendrá que esperar, así que apunten fecha electoral en el calendario: julio de 2027.
El resultado de María Jesús Montero ha despertado al PSOE caoba, que trata desesperadamente de articularse a través de algunos ayuntamientos (A Coruña, Palencia) y otros tantos gobiernos autonómicos (Asturias y Castilla La Mancha). Barbón se distancia de Sánchez mientras Page alimenta el antisanchismo, el mejor alpiste del que dispone en su comunidad para garantizarse otra mayoría absoluta. Unos y otros saben que lo que se vota en locales y autonómicas nada tiene que ver con lo que pase en unas generales. Que cada palo aguante su vela.
El 17 de mayo también ofrece una lectura interesante, a este lado del Mississipi. Parece ser que el país se ha derechizado, dicen algunos diarios. ¿Es la sociedad o es la industria de la actualidad la que se ha deslizado elegantemente hacia la derecha? Ser o no ser, esa es la cuestión. O no. Querido y desocupado lector, la única certeza que tenemos es que hay un millón de votos dispuestos a ser movilizados si se les ofrece un propósito que los empuje a entregar su papeleta a una candidatura de izquierdas. Ese millón de españoles descansa hoy en la abstención. No se ha ido al PP. A todos ellos sumen también otros 400.000 que sí se fueron al partido de Feijóo y que pueden regresar otra vez al PSOE. Y por cerrar este asunto: en Catalunya habrá presupuestos.
Llegados a este punto, vamos a dejar las cosas claras. PP y Vox no van a sumar el 55% de los votos dentro de 14 meses. El partido está abierto y la izquierda puede volver a gobernar. Dicho de otra manera. La pájara de Abascal persiste desde las elecciones de Castilla y León. Tras la celebración de los últimos caucus de la derecha, el vector autoritario sólo ha crecido cuatro décimas en Andalucía, incluso con la bandera vacía de la prioridad nacional, y el peor resultado del PSOE andaluz con María Jesús Montero está por encima del 22% que logró Moreno Bonilla en las elecciones de 2018, cuando se hizo por primera vez con el gobierno de San Telmo merced al apoyo de Vox y Ciudadanos. Y apunten otro dato importante: si hace cuatro meses no había medio de comunicación que no alertara del 20% de Vox, hoy apenas llega al 17%. En Bambú han pedido tiempo.
Recuerden: lo que pasa en Andalucía se queda en Andalucía, pero también es cierto que tras unas elecciones andaluzas, siempre suceden cosas
Ganar es perseverar y para ganar se necesita tiempo. Lo ha entendido muy bien Adelante Andalucía. Cuatriplica su representación parlamentaria con ocho escaños en la Junta de Andalucía. La gran lección del partido que fundó Teresa Rodríguez y hoy encabeza José Ignacio García nos habla de la importancia del tiempo para que arraiguen las ideas y crezcan los propósitos entre los electores. Lo comprobamos también en Extremadura, donde el tiempo dio sus frutos y los votantes respaldaron un sólido resultado para la candidatura de Irene de Miguel. Los andaluces como los extremeños valoran los proyectos consolidados, que crecen sobre bases y alianzas fuertes y esa es la gran lección que debe aprender Antonio Maíllo. La izquierda también necesita dirigentes que irradien firmeza. No se puede cambiar de estrategia electoral a golpe de resultado. El disparo en el pie de Magariños corre el serio riesgo de volver a repetirse catorce meses después. En Vallecas, no obstante, late una esperanza. Atentos.
La fortaleza de Pedro Sánchez está en la debilidad de Feijóo. Los 53 diputados de Juan Manuel Moreno Bonilla ofrecen el peor de los escenarios para el presidente del PP. El Madrid D.F. vive un momento de decadencia. Ayuso, por primera vez desde que es presidenta, vive desenchufada de la industria de la actualidad tras su regreso de Cancún. El Real Madrid de Florentino Pérez parece haber entrado en pánico y Vox parece sufrir una severa astenia primaveral con alguna crisis alérgica sin que haya puesto fin a su intento de reemplazar al PP. Vox también busca tiempo, minutos muertos, en el partido electoral para reordenar sus cartas y rehacer su estrategia.
Recuerden: lo que pasa en Andalucía se queda en Andalucía, pero también es cierto que tras unas elecciones andaluzas, siempre suceden cosas. Sucede que Ayuso no tiene garantizada una mayoría absoluta, sucede que Feijóo continúa capturado por Vox, sucede que el resultado de Moreno Bonilla asimila al guardián de San Telmo al resto de barones que se han visto obligados a pactar con los ultras. ¿Acaso el presidente de Andalucía no va a seguir la disciplina marcada por Santiago Abascal? Y sucede que José Luis Rodríguez Zapatero ha sido imputado.
Vive y deja morir. Esa ha sido la mejor estrategia de Pedro Sánchez desde los cinco días de abril, mientras Aznar alentaba a mover y a hacer a los jueces y a los periodistas contra el presidente del gobierno. El último tiro al agua, dos días después de las elecciones andaluzas, lo ha disparado el juez Calama contra Bambi. Mientras Víctor de Aldama se pasea impunemente por el Madrid D.F. se produce la imputación de Zapatero. Si los peones negros logran encarcelar al alma del PSOE, es posible que Feijóo se sienta presionado a ir a una moción de censura. Caballo de Troya. Si no la activa, veremos a Sol y a FAES exigirla. Y si va a la moción, es muy posible que la pierda y que Pedro Sánchez se lo lleve por delante. El último caso contra Zapatero ¿es una estrategia de la caterva antipolítica o una trampa de Marchena, Miguel Ángel Rodríguez y Aznar para rematar a Feijóo? Pronto lo sabremos.
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