Labor de zapa

Fernando Sagaseta de Ilurdóz López

La labor de zapa o trabajo de zapa es una expresión que define el trabajo que se realiza de forma oculta, sutil y progresiva para conseguir un fin, especialmente si busca debilitar o socavar los intereses de alguien.

La dignidad de los partidos y sus contextos oportunistas sin visión global están centrados en la pesca del voto y no en programas o idearios, en la conquista por asientos o privilegios que el poder facilita. Sin instrucción será difícil hallar la convicción.

Cuando la oposición consiste en el descrédito personal sin sustanciar alternativas políticas, no es progreso lo que se busca para la sociedad. Es poder presupuestario lo que se busca, y prueba de ello la tenemos en las acciones de privatización de sectores públicos, que se llevan a cabo por los partidos políticos que alientan la discordia, incluso refugiándose en etapas superadas ya en nuestra historia común.

En este país nuestro, las sospechas se nos quieren presentar como evidencias

El afán por demonizar, en esta ocasión a Zapatero, nos conduce a un escenario revelador de la condición humana y sus motivaciones.

Dicen que Aristóteles ya habló de ello cuando señaló que: “El ser humano, en su mejor momento, es el más noble de todos los animales; separado de la ley y la justicia, es el peor”. Ya sabemos que no es lo mismo tener tabulado a un animal en un “Goro” que bajo una Constitución.

Gian María Volante, en Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, protagonizó a un importante funcionario de la policía que asesina a su amante, pero pone en evidencia pruebas contra sí mismo por que no soporta que se burle el orden establecido y que los culpables queden impunes.

Finalmente, el comisario confiesa desesperadamente el crimen ante sus superiores, en un intento por no subvertir la esencia de la autoridad, pero todos se niegan a creerle, obligándolo a retractarse de su confesión, con la aprobación del jefe de la policía. Es aquello de que no sólo hay que serlo, sino parecerlo.

La narración desde la insidiosa interpretación de los investigadores, donde se indica lo que se quiere decir, o se apunta lo que se quiere construir, y no lo que se dice o se hace, no debe ser acogida a las primeras de cambio.

En este país nuestro, las sospechas se nos quieren presentar como evidencias, teniendo las mismas la aprobación por los supervisores de las indagaciones. Pero se va más allá. Desde la denominada política, se ilumina el camino a los jueces, llegando en el presente caso a instar la prisión provisional o retiradas de pasaporte, u otras medidas cautelares, con el único fin de generar un ambiente de urgencia social.

Ahora sí, Z es Zapatero, y, M. Rajoy es un ignoto presidente con quien esa misma policía, que en aquel momento fue estigmatizada como “patriótica”, colaboró y participó en la demonización de adversarios políticos y en la destrucción de pruebas que imputaban a los miembros del Partido Popular, e intentó la inmolación de Bárcenas con aquella sentencia: “Luis, sé fuerte”. Estoy por ver en qué momento judicial se llevará a cabo la deducción de testimonios incriminatorios para con M. Rajoy, quien afirma: “Yo me llamo como me llamo y cada uno me llama como quiere”.

La cautela conlleva tiempo para la reflexión, el acomodo, y lo más certero

La difamación como pretexto, usando el auto inculpatorio contra el principio de inocencia, se desluce por la precipitación de sus autores e intérpretes para el desgaste político de los adversarios, buscando la portada periodística que ya queda indeleble. ¡Difama, que algo queda!

El poder económico ya fue aventado por el disparo de salida de Aznar, al pronunciarse como lo hizo: “Quien pueda hacer, que haga”. Sólo se da la salida si los corredores están preparados y coordinados para ello, y la articulación mediática cuesta dinero; luego, abonado con subvenciones o acuerdos de explotación de lo público.

Existen excepciones conocidas, como la que encarna Àngels Barceló, protagonista de un periodismo no discursivo, sino indagatorio, y quien no se ha plegado a los requerimientos de su grupo editorial; y habrá otras voces por dar a luz.

La precipitación suele marcarnos los pasos más intuidos que precisos.  La cautela conlleva tiempo para la reflexión, el acomodo y lo más certero. Da tiempo al tiempo, que este te dará tiempo.

Me vino a la memoria la película Zorba el griego, en la que la disputa entre la lógica y la razón se enfrentan a la visión de disfrutar de la vida, subyaciendo a su vez la realidad de otra constante que no terminamos por vencer, cual es que “el hombre es un lobo para el hombre”, como enunciara Thomas Hobbes. Hay una escena en esta película en la que se muestra con toda crudeza, tras fallecer Madame Hortensia, una cortesana francesa retirada y propietaria de un pequeño hotel en el pueblo cretense donde se desarrolla la historia. Ella vivía aferrada a sus recuerdos de juventud y a un mundo de fantasía sobre sus antiguos romances con oficiales de la marina... Llegó su hora, y tras su entierro, su casa, sus objetos y recuerdos fueron desvalijados para mejor encomio de sus depredadores.

Hoy la comunidad cristiana debe estar consternada. ¿Quién les iba a decir que Zapatero iba a ser otro líder supuesto, pero visible, y guía intelectual de la trama? Uno y trino. ¡Qué zozobra intelectual!

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Fernando Sagaseta es socio de infoLibre.

Fernando Sagaseta de Ilurdóz López

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