Revistas educativas: el boletín de la ILE
En los centros educativos abundan las revistas escolares. Son experiencias pedagógicas que recopilan actividades del centro, reflexiones de docentes y de alumnas y alumnos, prácticas que enriquecen a la comunidad educativa, junto a reflexiones que vienen de otros lugares, de otros espacios educativos y que enmarcan y contextualizan el trabajo que realizamos. Las revistas educativas no vienen de ningún limbo, sino de una larga trayectoria educativa y pedagógica.
La historia de la educación en España ha estado marcada por experiencias como la de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Hace 150 años, los gobiernos conservadores de la Restauración Borbónica se pusieron en marcha para acabar con la libertad de cátedra, la libertad de enseñanza en España, y provocaron el cese y expulsión de la universidad española de un grupo de profesores. Entendían que la libertad de esos profesores atentaba contra los dogmas de la fe católica.
En octubre de 1876 ese grupo de profesores, encabezados por Francisco Giner de los Ríos, crearon la Institución Libre de Enseñanza (ILE). En el núcleo fundador se encontraban, además de Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate o Nicolás Salmerón, que había sido presidente de la I República.
Desde su fundación la ILE creó institutos y residencias que completaban la formación universitaria y la conectaban con Europa
Por allí pasaron como profesores figuras tan reconocidas en la cultura española como Emilia Pardo Bazán, Castelao, Alejandro Casona, Miguel de Unamuno, Santiago Ramón y Cajal, José Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos o Juan Ramón Jiménez, entre otros muchos. Por allí anduvieron, durante sus visitas a España, Bertrand Russell, Henri Bergson, María Montessori, Werner Heisenberg, Marie Curie, o Albert Einstein.
La Institución Libre de Enseñanza (ILE) marcó, desde entonces, la vida educativa y la innovación pedagógica en nuestro país, hasta que la Guerra Civil y el advenimiento de la Dictadura acabaron con aquella experiencia, encarcelando, fusilando, o condenando al exilio a sus protagonistas.
Desde su fundación la ILE creó institutos y residencias que completaban la formación universitaria y la conectaban con Europa, y con las experiencias más innovadoras y avanzadas en todos los campos del conocimiento.
Por sus aulas, por su residencia de estudiantes, por la residencia de señoritas o por su entorno más inmediato, pasaron Antonio Machado o el propio Manuel Bartolomé Cossío, que sucedería a Giner de los Ríos al frente de la Institución.
Allí se formaron intelectuales, escritores, cineastas, políticos, filósofos, pedagogos, poetas, como Pedro Salinas, María de Maeztu, Luis Cernuda, María Goyri, Rodolfo Llopis, Amparo Cebrián, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Vicente Aleixandre, Maruja Mallo, María Zambrano, Miguel Hernández, María Teresa León y buena parte de las Sinsombrero, su marido Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, José Bergamín, Manuel Altolaguirre. La lista es interminable.
Toda una generación que se preparaba para transformar y modernizar España y que acabó mayoritariamente en el exilio, algunos en las fosas comunes, muchos en las cárceles, depurados y expulsados de la docencia y, otros muchos, en un exilio interior del que resultaría imposible escapar. Muchas novelas y películas como La lengua de las mariposas dan buena muestra del tipo de educación que los institucionalistas querían para España.
El Boletín de la ILE (BILE) comenzó a publicarse cuatro meses después de la fundación de la Institución, encabezado por toda una declaración de intenciones sobre su independencia política, religiosa, filosófica y apostando por la libertad de investigación científica. En el BILE aparecían artículos, textos, extractos, publicados en las más prestigiosas revistas educativas y científicas, europeas y americanas.
Una generación que se preparaba para transformar y modernizar España y que acabó mayoritariamente en el exilio
Informaban sobre las actividades de la Institución y publicaciones de personas vinculadas, o colaboradoras con la ILE, que daban cuenta de sus visiones de la pedagogía, la política, la sociedad, la economía, las ciencias, o las artes de su tiempo. Esa apertura contribuyó a que lo que podría haber sido una revista interiorizada se transformase en revista de vanguardia que trajo a España nuevas ideas de todo tipo.
Por eso, el BILE se ordenaba en torno a tres secciones permanentes: La Pedagogía, por un lado. Las ciencias, artes, filosofía, historia, arqueología, por otro. Y, por último, la propia vida interna de la Institución. La guerra civil acabó con la revista, aunque entre 1961 y 1970 se volvió a publicar en México y, tras la dictadura, a partir de 1977, apareció de nuevo como Boletín de la ILE, dependiente de la Fundación Francisco Giner de los Ríos.
La mayoría de las revistas educativas de nuestro país han seguido las huellas de aquel Boletín, en el que las opiniones sobre los temas más variados se alternan con artículos de divulgación científica, artística, literaria, con informaciones sobre algunas de las actividades desarrolladas, o sobre otras que parecían relevantes en el proceso educativo a lo largo de los años.
Cuando en un centro educativo emprenden la tarea de editar una revista, en formato papel, o en formato digital, estamos asistiendo a la renovación del compromiso histórico de dejar constancia de cuanto otros hicieron para que una labor educativa se viera convertida en narración, poema, artículo, opinión, difusión del aprendizaje cotidiano en nuestras aulas. Este esfuerzo, hoy más que nunca, sigue mereciendo la pena, sigue teniendo sentido, en un país que se encamina hacia el precipicio del sectarismo, la ofensa, la ausencia de diálogo, la incapacidad para trazar proyectos comunes de convivencia y de igualdad en libertad.
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Francisco Javier López Martín fue secretario general de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013.
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