Azul
María de los Dolores Dios le Guarde González, Azul para los amigos, terminó de servir copas a impresentables en el Berghain del Kotti berlinés, barrio poco recomendable y caída la noche extremadamente peligroso. Tras colocar el piloto automático en dirección Warschauer Platz, donde compartía un apartamento con Juanito Cuenca, el estéreo de la acera le previno la cercanía de otros pasos, lo que la llevó a retirar el piloto automático y pasar a modo manual. Estaba cansada y aún le quedaba un trecho largo y poco concurrido para que le dieran pista de aterrizaje. Mecánicamente, su mano palpó el perfil de su navaja Victorinox en el bolsillo trasero de su jean. Pintaban bastos y decidió mandarle su geolocalización a Juanito Cuenca mientras decrecía el ritmo de sus pasos.
- Hostias con la tontería del caminar, tenía que haber pillado el bus.
Azul se había criado en el barrio sevillano de la Macarena; hija única de familia pudiente en la que se combinaban la aristocracia tradicional con el empresariado moderno. Cercana a cumplir los 30, alta, de piel morena y con un rostro equilibrado, tenía ese aire a lo Dua Lipa que le había servido para acceder al Berghain sin ninguna dificultad. Su expediente para ingresar en la Universidad de Oxford y cursar un posgrado en Historia y lenguas modernas tampoco le supuso dificultad alguna, aunque quedase solapado por las pintas estilo Guinness y alguna droga ocasional. Cómo fue a parar a Berlín era harina de otro costal.
Azul tenía ese aire a lo Dua Lipa que le había servido para acceder al Berghain sin ninguna dificultad
Giró levemente la cabeza mientras se recogía el pelo para poder observar las características del tipo que la seguía a unos diez metros de distancia; más alto que ella, lo que la situaba en desventaja, encapuchado y corpulento. Pintaba feo, aunque de momento las cámaras de seguridad de la Warschauer Platz le daban un tiempo para pensar y reconocer una vez más el recorrido que hacía prácticamente a diario e intuir dónde pretendía el depredador atacar. Demasiadas variables. Sintió como una tenaza la mano del tipo en su brazo izquierdo, giró sobre sus tacones y le asestó un navajazo que seccionó las venas yugulares interna y externa. Notó cómo decreció la presión de la mano en su brazo al instante. Tardó dos segundos en morir.
-Joder, Azul, a tomar por culo la violencia de género, lo has degollado, hostias, y hay varias cámaras de seguridad.
-No funcionan, Juanito, llevan rotas varios años y el hijoputa lo sabía igual que yo.
-Vamos a retirarlo de la acera.
-Déjalo ahí. Este no violará a ninguna mujer más. Vámonos, Juan, necesito un poco de alcohol. Por cierto, te has retrasado un poco, ¿no?
-Tú te apañas muy bien solita.
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Pako Martí es socio de infoLibre.