Nadie espera a la Judicatura Española Javier Durán
Empezamos con algo de contexto sobre el título de este artículo:
“Nobody expects the Spanish Inquisition” –Nadie espera a la Inquisición Española– son una serie de sketches de humor del mítico grupo cómico Monty Python.
Cada sketch comenzaba de la misma manera, después de una serie de preguntas inquisitorias alguien decía la frase que desencadenaba el número cómico:
“No esperaba encontrarme a la Inquisición Española”.
Entonces hacían su hilarante aparición en escena por sorpresa y de un salto los tres representantes de la Inquisición Española: los tres cardenales interpretados por Michael Palin, Terry Gillian y Terry Jones –con un surrealista gorro de aviador en la cabeza–.
Los miembros de la “Spanish Inquisition” van anunciando, no sin cómicas dificultades, sus principales armas: comienzan con la sorpresa, a ella se añaden el miedo y una eficacia despiadada, rematando con una devoción fanática por el papa, y unos uniformes rojos preciosos.
Un tribunal que aparece llamando la atención y cuyas armas son la sorpresa, el miedo, la eficacia, despiadada y una devoción fanática.
Si cambiamos el color de las vestimentas del rojo cardenalicio al negro judicatura, el sketch está prácticamente servido en bandeja.
El nuevo Tribunal del Santo Oficio Judicial aparece en escena cada vez más a menudo, lo que reduce drásticamente su efectividad
Los Monty Python siempre unos adelantados a su tiempo. Aunque les faltó visión para hacer sketches para algo tan surrealista y tan loco como utilizar como armas políticas asuntos como las quedadas para cenar o las citas con la peluquería para arreglarse las cejas de expresidentes del Gobierno.
Ni ellos tuvieron imaginación para algo así.
La realidad, una vez más, está superando a la ficción, y en este caso también a la comedia; el nuevo Tribunal del Santo Oficio Judicial aparece en escena cada vez más a menudo, lo que reduce drásticamente su efectividad.
Uno de los puntos fuertes de la comedia es la sorpresa; si la sorpresa se convierte en costumbre, el efecto deseado desaparece completamente.
Lamentablemente vivimos unos tiempos en los que ya no es ninguna sorpresa ver aparecer a los miembros de esta nueva Inquisición Española en escena; la comedia se está empezando a convertir en una tragedia.
Los excesos de celo en perseguir a los herejes que no creen en el sagrado dogma del gobierno de la derecha han pasado de ser un placer culpable para muchos a convertirse en una molestia que cada vez tiene una más complicada justificación, incluso entre los caballeros de las ideas cuadradas y sus locos seguidores.
El refranero español ya lo avisa: “Lo poco agrada y lo mucho enfada”.
Añadiendo un refrán más a la ecuación: “El que avisa no es traidor” y el efecto bumerán de este ataque por tierra, MAR y aire puede conseguir, de hecho ya está consiguiendo, lo contrario de lo pretendido.
Entonces sí que la tragedia con el tiempo se convertirá en comedia y volverá a ser hilarante ver aparecer a los miembros de la Judicatura de un salto anunciándose con su sonrisa diabólica congelada en el rostro y siendo ellos mismos los sorprendidos por haber perdido, otra vez, la oportunidad de repartirse el país.
Su título podría ser: “Everyone hates the Spanish Inquisition” –Todo el mundo odia a la Inquisición Española–.
P.D. En el último sketch de la serie “Spanish Inquisition” es un juez el que juzga a otro juez por “conducta obscena”. El juez juzgado dice la mítica frase: “No esperaba a la Inquisición Española”. Todos esperan la irrupción de los cardenales pero no llegan a tiempo; cuando consiguen llegar por fin a la sala ya vacía, el programa se ha terminado. Justicia poética.
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