El fantasma de una alianza entre la derecha y los ultras amenaza un Europarlamento noqueado por el ‘Catargate’

El luxemburgués Marc Angel recibe felicitaciones tras ser elegido vicepresidente del Parlamento Europeo.

Ludovic Lamant (Mediapart)

Normalmente, la elección de los 14 vicepresidentes del Parlamento Europeo se desarrolla con una indiferencia casi general. Pero tras las primeras revelaciones sobre las injerencias de Catar y Marruecos en el hemiciclo, el nombramiento del sucesor de Eva Kaili, la socialista griega que sigue detenida en Bélgica acusada de corrupción, era una prueba de fuego.

El socialdemócrata luxemburgués Marc Angel, de 59 años, se impuso en la segunda vuelta de la votación celebrada el miércoles en el pleno de Estrasburgo. Obtuvo 307 votos, por delante de una italiana de la Liga de extrema derecha, Annalisa Tardino, que obtuvo 185 votos, y de una ecologista francesa, Gwendoline Delbos-Corfield (98 votos).

A primera vista, esta elección puede confundir a los ciudadanos que no estén familiarizados con las reglas políticas vigentes en el Parlamento: es un socialdemócrata quien sale vencedor, del grupo más sacudido por los presuntos casos de corrupción desde hace más de un mes.... 

Marc Angel sale beneficiado por un acuerdo de medio mandato que ya se había pactado en enero de 2022 entre los grupos mayoritarios para fijar el equilibrio en la Mesa. Siete vicepresidencias se asignan a grupos de izquierda y centro-izquierda -cinco de ellas para los socialdemócratas-, mientras que otras ocho se asignan a grupos liberales y de derechas (incluida la presidencia, confiada a la maltesa Roberta Metsola).

En virtud de este acuerdo, los socialdemócratas (S&D), pero también el Partido Popular Europeo (derecha, primer grupo en número de diputados) y Renew, el grupo presidido por Stéphane Séjourné (Renaissance, partido de Macron), habían acordado el miércoles por la mañana la elección de Marc Angel.

"Estamos comprometidos con el equilibrio alcanzado durante las negociaciones de medio mandato y la trayectoria de Marc Angel se ajusta plenamente a lo que esperamos de un vicepresidente", declaró Stéphane Séjourné antes de la votación. Marc Angel, que ya había sido el preferido de los socialdemócratas la semana pasada frente al candidato francés Raphaël Glucksmann, considerado demasiado inquieto y un "verso libre" por los socialistas españoles que mantienen el grupo, fue elegido pues sin demasiados problemas.

Los eurodiputados franceses del LR no siguieron las instrucciones de su grupo

Tras la votación, la candidata de Los Verdes franceses, Gwendoline Delbos-Corfield, deploró "los viejos reflejos y alianzas que con demasiada frecuencia son más fuertes que la voluntad de reforma", preocupada por la vuelta a "lo de siempre", apenas unas semanas después de los escándalos del Qatargate y el Marocgate. 

Esta eurodiputada, que hizo de la transparencia el tema principal de su campaña relámpago interna, sólo obtuvo los votos de los ecologistas (71) y los de la mayoría de GUE/NGL, el grupo parlamentario al que pertenece La France Insoumise (38), aunque algunos, probablemente  españoles y griegos, optaron por votar al candidato socialdemócrata en la primera vuelta de las elecciones.

Por parte francesa, los ecologistas no son los únicos que han denunciado este acuerdo. La delegación del partido derechista francés Les Republicains (LR), dirigida por François-Xavier Bellamy, se distanció de la línea oficial del PPE: "Nos parece totalmente inconcebible dar un cheque en blanco a este grupo" de socialdemócratas salpicados por la corrupción, declaró Bellamy. Él, que cuenta con el imputado Brice Hortefeux en su delegación, hizo incluso de esta votación "una cuestión de respeto a los electores (...) que asisten a un espectáculo lamentable". 

Lo que ha pasado es muy grave

Gwendoline Delbos-Corfield, EELV

Pero, ¿qué votaron los representantes electos de LR? ¿Se abstuvieron? Aquí es donde las cosas se complican. Contactados por Mediapart, ni François-Xavier Bellamy ni Arnaud Danjean quisieron revelar su voto, en una sesión celebrada por voto secreto, norma habitual para las elecciones a puestos de responsabilidad en el Parlamento, que se supone garantiza la libertad de voto de los diputados que no desean seguir las instrucciones de su grupo.

En cualquier caso, la aritmética está clara: la candidata de la extrema derecha italiana, Annalisa Tardino, obtuvo los votos de su propio grupo, Identidad y Democracia (que incluye al RN de Le Pen, 64 eurodiputados, pero probablemente votaron menos), y los de un grupo de euroescépticos de extrema derecha (ECR, que incluye a Fratelli d'Italia o al PiS polaco, 63). Pero eso no es todo.

La eurodiputada de la Liga también se benefició de muchos votos del PPE, empezando por los diez eurodiputados de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, y otros. Aunque la elección de Marc Angel estaba anunciada, el resultado obtenido por Annalisa Tardino lo fue mucho menos. "Lo que ha pasado es muy grave, sobre todo porque sucede en un momento en que crecen las amenazas a la democracia en Italia, Suecia, pero también en España y Grecia, ...", dice preocupada Gwendoline Delbos-Corfield.

Los votos a Tardino han reavivado las especulaciones sobre el final inminente del ya maltrecho "cordón sanitario" con el grupo de Le Pen en el Parlamento Europeo. También da crédito a quienes predicen para la próxima legislatura el nacimiento de un grupo que aglutinará a la derecha y a la extrema derecha, en la línea del Gobierno italiano de la posfascista Giorgia Meloni. Y todo ello en un momento en que Suecia, cuyo gobierno depende del apoyo de la extrema derecha en el parlamento, ocupa la presidencia rotatoria de la UE.

En este contexto, se espera que la presidenta Roberta Metsola esté atenta. No convence mucho su plan de acción de 14 puntos que ha presentado, que incluye, por ejemplo, el fin de los grupos de amistad entre eurodiputados y representantes de terceros países.

Muchas de las propuestas de reforma esbozadas en la resolución, aprobada por amplia mayoría a mediados de diciembre por ejemplo, obligar a los eurodiputados a declarar sus ingresos al principio y al final de su mandato, o dar garantías a los asistentes que deseen denunciar internamente el comportamiento problemático de su diputado– ya han sido abandonadas, como lamenta la eurodiputada Manon Aubry.

La propia Metsola no ha respetado en el pasado las normas básicas de transparencia exigidas a los eurodiputados. No regularizó su situación hasta mediados de enero, al declarar cinco viajes que había realizado entre mayo y octubre de 2022, parte de cuya factura fue abonada por un tercero.

Del mismo modo, no declaró hasta la semana pasada la lista de 142 regalos que le habían hecho los invitados desde que asumió la presidencia del Parlamento Europeo, aunque debería haberlo hecho antes con 125 de ellos. En la lista destacan un pañuelo que le regaló la jefa del gobierno francés, Elisabeth Borne, y una reproducción en miniatura de una torre de la ciudad de Rabat, en madera y oro, obsequio de un alto funcionario marroquí, Naam Mayara.

 

Traducción de Miguel López

El insoportable hedor de la corrupción en las instituciones

 

 

 

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