El terror y la sangre de la Mafia bañan el lujo inmobiliario de la Costa del Sol

Una de las villas investigadas

La Costa del Sol está manchada con la sangre que la Cosa Nostra provocó en su guerra contra el Estado italiano de los años 90. Esa es la conclusión de la Dirección Antimafia de Palermo y, en concreto, del fiscal jefe de Palermo Maurizio di Lucia que, después de muchísimos años de investigación, ha intervenido un trozo del pastel del gran patrimonio amasado por Matteo Messina Denaro, el último capo di tutti capi de la Cosa Nostra que falleció en 2023. El sistema de infiltración era el esperado: la adquisición a través de terceros de un gran patrimonio inmobiliario gracias a las facilidades que se daban en Marbella y en otras localidades de su entorno.

Los cálculos que se filtraron hace tiempo le estimaban una fortuna de alrededor de 4.000 millones de euros, desde compañías del sector renovable energético, constructoras, restaurantes, supermercados, inmobiliarias y cualquier otro tipo sociedad del sector empresarial que se puedan imaginar.

La Guardia di Finanza ha logrado detectar una porción de ese patrimonio en España, en concreto en la Costa del Sol. Y lo han conseguido gracias a la colaboración de países como Andorra, Luxemburgo o territorios como Gibraltar. La importancia de esta operación es el tesón de las autoridades italianas en tratar de intervenir por todos los medios esos bienes que se están disfrutando gracias al dinero que la Cosa Nostra amasó traficando con todo tipo de drogas, asfixiando al sector empresarial italiano cobrando pizzo –una especia de impuesto revolucionario que se exigía a comerciantes y empresarios a cambio de no sufrir daños, robos o violencia–y arrebatando miles de licitaciones públicas a competidores legales mediante sus clásicos métodos mafiosos.

Esta operación dirigida desde la Fiscalía Antimafia de Palermo tiene mucho simbolismo. Como se sabe, Matteo Messina Denaro falleció de cáncer de colon el 25 de septiembre de 2023. Pese a los esfuerzos de la hacienda italiana, el patrimonio de su clan mafioso de Castelvetrano no fue encontrado en su totalidad.

Messina Denaro es uno de los principales responsables de la campaña de atentados terroristas que la Cosa Nostra perpetró en los años 90, y hay muchos recuerdos de esa ola de terror en los Tribunales de Palermo. Desde los asesinatos del juez Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo y sus escoltas, hasta el de Paolo Borsellino, o el atentado del 27 de julio de 1993 en Milán cerca del centro de arte contemporáneo de la ciudad en el que murieron asesinados los bomberos Carlo La Catena, Sergio Pasotto y Stefano Picerno, el agente de policía local Alessandro Ferrari, y el ciudadano marroquí Moussafir Driss, que era un indigente que falleció al ser alcanzado por una lámina de metal mientras dormía en un banco cerca del coche bomba que explotó.

Este último atentado está borrado de la memoria colectiva fuera de Italia, pero en esos términos la Mafia atacaba a sus propios ciudadanos, con Toto Riina, Bernardo Provenzano y Matteo Messina Denaro decidiendo que la Cosa Nostra iba a sostenerse gracias a una auténtica campaña de terror destinada a hacer sucumbir a todo el Estado italiano bajo sus intereses.

Pero no lo consiguieron, y tras caer detenidos Toto Riina en 1993 y Bernardo Provenzano en 2006, sólo quedó libre de ese triunvirato Messina Denaro, que logró esquivar a la justicia italiana desde el año 1993 a 2013.

Con él decidiendo por encima de todos los miembros de la Mafia, hubo un cambio de rumbo en la que ha sido la organización criminal más poderosa en el siglo XX. No hay que olvidar que las famosas familias de Nueva York, y la mafia italoamericana no sólo descendían de la Cosa Nostra; también gran parte de sus decisiones a corto y largo plazo estaban supeditadas a las decisiones de la Cosa Nostra siciliana.

Y como Giovanni Falcone daba instrucciones a sus colegas en su día, los fiscales de Palermo han seguido con métodos de trabajo parecidos: seguir el rastro del dinero. Ahí es donde radica el verdadero poder del crimen organizado, y en él se sostiene un imperio criminal. Por eso, la intervención de estos 200 millones de euros en bienes repartidos por sociedades en las Islas Caimán, Andorra, Mónaco, Luxemburgo y Marbella es un buen ejemplo de la capacidad económica que posee un clan criminal del nivel de la familia Messina Denaro.

Lo que ahora se ha descubierto es que Giacomo Tamburello, narcotraficante siciliano de Campobello di Mazara, ha sido clave para camuflar la fortuna de Matteo Messina Denaro. Varios colaboradores de la justicia de la Cosa Nostra han señalado en distintas ocasiones que Tamburello pagaba a Messina Denaro el diez por ciento de cada alijo de droga que manejaba como muestra de subordinación.

Las sociedades que posee Giacomo Tamburello a través de su hijo y de su exesposa, Maria Antonina Bruno, en España, pasan por inmobiliarias de lujo en la Costa del Sol, manejadas por su hijo Luca, que ahora se encuentra en prisión provisional y que se convirtió en un respetado hombre de negocios de la Costa del Sol.

El presunto testaferro destaca por sus habilidades en el mundo de la banca, ya que según su Linkedin trabajó en Morgan Stanley en Londres, y luego fundó una inmobiliaria en Marbella en 2009 que le sirvió posteriormente para ser la imagen visible en Málaga de la poderosa inmobiliaria de Warren Buffet, Berkshire Hathaway HomeServices.

Esta empresa ya borró el rastro de Tamburello en sus portales tras conocerse la noticia de su detención. En el esquema financiero desarticulado hay sociedades creadas en los años 80 en Gibraltar, algo que no es sorprendente, porque la Cosa Nostra lleva asentada en la Costa del Sol desde que comenzó a despegar como destino turístico a principios de los años 70. Ya en esa época la Fiscalía Antimafia de Palermo conocía las inversiones de blanqueo de los clanes sicilianos e italoamericanos en la Costa del Sol.

Entre Marbella, Málaga y Benahavís se han intervenido 22 propiedades de lujo que se canalizaban a través de sociedades camufladas como inmobiliarias según los investigadores italianos. Las fechas de creación de las sociedades hacen una idea del planeamiento financiero meticuloso de los clanes mafiosos italianos para pasar desapercibidos ante la hacienda española. Todo está estudiado para realizar un crecimiento orgánico empresarial como si se tratase de una empresa normal.

Pero en estos términos, todo era más complejo. Las sociedades de Marbella están interconectadas con otras de Panamá, Gibraltar, Islas Caimán para que el dinero acabase moviéndose hacia Mónaco, Líbano, España, Andorra o Luxemburgo. Todo se realizaba de forma circular para que mover constantemente entre ellas el dinero para complicar la trazabilidad del engranaje. En los tribunales de Palermo confían en que descubrirán aún más millones que pertenecían a Messina Denaro. Saben que el pastel era aún más grande.

La relación tan cercana de Messina Denaro con Giacomo Tamburello, para legarle de alguna forma su herencia en vida y confiarle casi al completo su sustento económico, parte de que Matteo Messina Denaro se escondió muchísimos años en Campobello di Mazara, el pueblo de Tamburello. A tan sólo 8 kilómetros de Castelvetrano.

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Debido a la confianza que se ganó Tamburello de Matteo Messina Denaro, Giacomo pudo trabajar de forma independiente en el narcotráfico internacional sin mediación de los clanes de Cosa Nostra tan sólo pagando diez por ciento del beneficio de cada alijo.

Esta información se conoce por declaraciones de un mafioso arrepentido, en concreto de Vincenzo Spezia. Hijo del capo de Cosa Nostra en Campobello di Mazara, un tipo que por sus antecedentes familiares conocía muy bien a Tamburello y a Messina Denaro. Él declaró a los fiscales de Palermo que Giacomo Tamburello era un testaferro de Messina Denaro y que en Málaga habían abierto varias heladerías gracias a varios millones que ganaron traficando con hachís.

Esa sólo fue un avance, pues supuestamente Messina Denaro poseía villas de más de tres millones de euros en Marbella. Pero todo por ahora está en el aire hasta que el hijo y la exesposa de Tamburello sean extraditados a Italia y puedan ser juzgados. Por ahora a la Justicia española le queda resguardar ese patrimonio intervenido aquí y evitar que se repitan más errores procesales flagrantes que merman la confianza internacional de colaborar con las autoridades españolas.

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