Pol Guasch: “'Reliquia’ ha situado en los medios el suicidio no como tema, sino como relato de vida”
Pol Guasch (Tarragona, 1997) es autor de uno de los libros más impactantes y comentados de lo que llevamos de año. Hablamos de Reliquia (Anagrama, 2026), el relato del suicidio de su padre, pero mucho más que eso, pues es también la búsqueda para entender cómo se forjan los vínculos familiares, a qué condena el silencio, dónde se esconde la verdad de la intimidad. Un texto sobre la muerte y la ausencia que, sin embargo, conduce a los momentos más deslumbrantes de la amistad y el amor.
Su refinado y profundo uso de la escritura como herramienta para comprender ha convertido a Pol Guasch en una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea en catalán y castellano, pues en esta novela el autor demuestra la capacidad de la literatura para abrir preguntas, desafiar certezas y ampliar los límites de la conversación pública. Por todo ello y por lo que está por venir, recibirá el Premio Joven infoLibre 2026 a la Cultura el próximo 18 de junio, en la gala que tendrá lugar en Barcelona.
¿Quién es Pol Guasch?
Me cuesta mucho presentarme, no sé por dónde empezar. Soy un chico de 28 años que nació en Tarragona, hace diez que vive en Barcelona y se dedica principalmente a escribir.
Perdón por la broma, pero ¿no es acaso uno de los escritores del momento?
Las cosas se hacen muy distintas desde dentro y desde fuera. Intento no pensarme mucho desde la recepción, sino hacerlo desde la cotidianidad de lo que hago. No me fijo especialmente en la percepción externa; procuro fijarme más en la posibilidad de escribir y de leer, y de dedicar el máximo tiempo posible a la escritura, que es algo que he podido ir haciendo en los últimos años, con muchos esfuerzos. Todo lo que hago está de algún modo relacionado con la escritura, lo cual no significa que esté todo el rato dedicándome a escribir mis libros, sino que la mayor parte de mi día a día lo paso escribiendo. De hecho, acabo de depositar mi tesis doctoral, aunque muchos días lo que escribo son emails. Cuando digo que la mayor parte de mi tiempo me dedico a la escritura, no lo digo solo en términos económicos. Hay profesiones en las que, a lo mejor, tienes más feedback, la impresión constante del público. Con la escritura, en cambio, raramente lo percibes. Sabes que te leen porque se reedita tu libro, porque vas a una presentación o a la Feria del Libro de Madrid y acude gente a pedirte firmas. Pero, en realidad, son muy pocos los momentos en los que uno se da cuenta de que su escritura está generando efectos en el mundo. La mayoría del tiempo no hay respuesta. Es una tarea muy silenciosa, como lanzar un grito a un valle y no escuchar eco.
Por curiosidad, ¿de qué trata su tesis doctoral?
He escrito una tesis doctoral en la que me pregunto por qué la sociología del amor ha acabado con la literatura dentro del espacio académico a la hora de pensar las relaciones amorosas. Lo que hago es preguntarme por qué la literatura ya no forma parte de los estudios del amor, cuando literatura y amor siempre han ido de la mano, desde Sartre, Platón, el Poema de Gilgamesh y tantos otros. En un contexto que sólo prima los datos, el análisis y la estadística, me interesa pensar por qué se ha producido una especie de desahucio de la dimensión más mistérica y sugerente de la literatura en esos estudios, particularmente los afectivos. Además, recupero la obra de tres autores del siglo XX que no han sido canonizados como autores del amor e intento indagar en sus poéticas, en sus escrituras, pues realmente están forjando una teoría amorosa que sería interesante recuperar y repensar: Clarice Lispector, Franz Kafka y Marina Tsvetáyeva. Los últimos cuatro años me he dedicado a leer y escribir sobre eso.
El discurso literario llega a lugares a los que no llega el periodístico, sociológico, histórico o científico
infoLibre le premia, entre otros motivos, por "demostrar la capacidad de la cultura para abrir preguntas, desafiar certezas y ampliar los límites de la conversación pública", nada menos. ¿Qué le dice esto?
Bueno, es que la literatura siempre ha sido eso. Es decir, para mí, escribir, y antes de escribir, leer, siempre ha sido un espacio de indagación, nunca de afirmación. De hecho, con la escritura nunca he ido a buscar respuestas, he ido a perderme, a desorientarme y a entregarme a algo desconocido, algo que es siempre diferente e inexacto. Eso lo empecé a hacer al leer, cuando todavía no escribía, y después lo descubrí también en la escritura, como ese espacio donde se podía ir un poco más allá. Y ese más allá no implicaba abstraerse. Siempre me habían dicho que escribir era una forma de despegarse del mundo, de entrar en otra dimensión, pero para mí escribir siempre ha sido una forma de aterrizar distinto. Y leer siempre ha sido una forma de encontrarme con lo que no soy, con la diferencia y la alteridad. Esas palabras de infoLibre me resuenan porque, para mí, tanto la lectura como la escritura, siempre han significado eso.
Escribir siempre ha sido para mí un espacio de indagación, nunca de afirmación
En ese proceso de encontrarse con lo que uno no es, ¿qué ha aprendido de Reliquia desde su publicación en enero?
Hay dos procesos que es importante diferenciar bien e insistir en que no tienen nada que ver: una es la escritura y otra la publicación. Cuando uno escribe o, al menos, cuando yo escribo, solo pienso en la escritura y en nada más. Me dejo perder, me entrego a ese texto y no pienso en las finalidades ulteriores ni en lo que puede generar, ya que eso sería traicionar a la escritura misma. Yo pienso solo en la escritura y en lo que está pasando en ese espacio que se abre, pero después llega la recepción y ocurren cosas que a uno se le escapan, porque no las había previsto ni calculado. Por eso, el libro puede decir ahora cosas que no podía decir cuando se publicó hace seis meses, ni hace cuatro, ni incluso hace un año, cuando lo estaba escribiendo.
Eso es que el libro está vivo.
Sí. Y tengo la sensación de que ha ocurrido algo interesante, que no pensaba cuando escribía ni cuando publiqué Reliquia, y es que la cuestión del suicidio ha ocupado titulares de entrevistas, de diarios, de medios de comunicación. Eso no ocurre nunca, porque socialmente solo se puede abordar el suicidio desde una noticia o desde un estudio académico. Tengo la sensación de que solo podemos hablar de este tema de una forma analítica, fría, con datos y sin historia. Y, al mismo tiempo, siento que Reliquia ha podido situar la cuestión del suicidio no como tema, sino como historia, como relato de vida, en diarios, en medios digitales, en titulares, en portadas, en contras. Para mí, eso es algo que no calculaba. La escritura de este libro no tenía esa intención para nada, pero es algo que con el paso del tiempo celebro y que, de algún modo, demuestra que estamos sedientos de relatos de vida.
La literatura, ese espacio inexacto y no coincidente con la realidad, abre puertas
¿Relatos de vida?
Hay muchas cuestiones en nuestra sociedad de las que hablamos mucho. En este caso sería la salud mental, sobre la que es casi imposible no encontrar una noticia cada día. Pero es que incluso se ha creado ese concepto de salud mental que nos permite hablar de cuestiones muy profundas de una manera muy fría, muy calculada, desposeída de historia y de verdad. Por eso, creo que, de algún modo, el libro ha permitido una conversación en la que lo importante no es la categoría de salud mental, sino abrir una historia de vida. Eso es lo que la gente necesita y quiere: armar relatos sobre qué ha pasado en sus familias, con sus amistades, con sus vidas. Si tuviera que hacer un balance de lo que ha hecho el libro en estos últimos meses, destacaría eso. Para mí ha sido una sorpresa que obviamente celebro.
La literatura, sea ficción o no ficción, pone en el tablero temas como el suicidio y la salud mental, de los que no somos capaces de hablar con profundidad en otros ámbitos, como sin ir más lejos el periodismo, donde es tan importante el titular.
Claro. Creo que el espacio o el discurso literario llega a lugares a los que no llega el discurso histórico, sociológico, científico o periodístico. Y es así por esa dimensión de apertura, de abrirse a lo desconocido y ponerse a escribir sin cálculo, sin saber exactamente lo que va a ocurrir con ese texto. Lo que ocurre con la literatura, ese espacio inexacto y no coincidente con la realidad, es que abre puertas. Y yo creo que escribo por eso; si no, no escribiría.
La gente necesita y quiere armar relatos sobre qué ha pasado con sus amistades, familias y vidas
¿Están las nuevas generaciones abriendo la conversación pública sobre estos temas? En los medios siguen sin publicarse noticias sobre el suicidio, es una norma no escrita. ¿Nos ayudaría a ser una sociedad más sana hablar más abiertamente de ello y leer más relatos de vida?
Estoy de acuerdo con lo que dices, aunque soy muy reacio a los discursos sobre salud mental. Tengo la sensación de que esta categoría ha servido para fingir que hablamos de un malestar y se ha convertido como una suerte de lugar común, una categoría que ya no significa nada. Me parece que ha pasado algo parecido con palabras como juventud o precariedad, palabras que se han vaciado de sentido, en gran parte por lo que han hecho los poderes económicos y políticos, pero también los medios. No sé si acuñar este concepto ha servido para crear una conversación de historias y de relatos, o si ha servido para hacer un check sobre una cuestión urgente. Es decir, no sé si es más una operación cosmética o una voluntad clara de tener una conversación sobre eso. Hay algo que me dice que esta categoría esconde más de lo que abre. Esto lo digo como respuesta rápida, porque se tendría que matizar muchísimo, pero no sé si normalizar la categoría de salud mental realmente ha ayudado a expresar y profundizar en la cuestión del malestar social y de las pocas ganas de vivir que tiene muchísima gente.
¿De dónde vienen esas pocas ganas de vivir? ¿Es algo social o individual?
Eso es lo que indago en el libro. Te podría decir que mi respuesta a esta pregunta es Reliquia. Supongo que es imposible separar una dimensión social de una pregunta vital, biográfica y existencial. El problema, seguramente, sería darte ahora una respuesta que solo señalara la dimensión social, o una respuesta que solo señalara la dimensión biográfica, personal y existencial. Es imposible responder esto y seguramente por eso escribí ese libro.
Los derechos lingüísticos son los primeros que deberíamos reivindicar, porque sin lengua no hay existencia, y sin lengua no podemos reclamar los otros derechos, ni podemos articular las otras luchas
¿Qué importancia tiene para Pol Guasch escribir en catalán?
Para mí no es una cuestión de importancia, sino de obviedad. Cuando me plantean estas cuestiones, me pregunto: "¿Le preguntarían a una persona que escribe en castellano cómo de importante es para ella escribir en castellano?" Creo que es una pregunta que no le han hecho absolutamente a nadie. ¿Le preguntarían a una persona que escribe en inglés cómo de importante es para él o para ella escribir en inglés? Creo que también es una pregunta que no se le ha formulado a nadie. Socialmente, hay una percepción según la cual quienes escribimos en una lengua minorizada tenemos que dar las gracias o reivindicar el hecho de poder hacerlo. En cambio, muchísima gente está escribiendo en otras lenguas que son igual de valiosas, preciosas e importantes, pero ese cuestionamiento sobre su dimensión no se les plantea.
¿En la propia pregunta está la minusvaloración involuntaria?
Es algo que ocurre y que deberíamos empezar a cuestionarnos y, a la vez, te digo que es normal que me hagas esa pregunta porque también nos la hacemos las personas que escribimos en lenguas minorizadas. Maria Mercè Marçal, una de nuestras grandes poetas, decía que formar parte de una cultura minorizada y oprimida también tiene algo de privilegio, porque implica estar constantemente repensando no solo su futuro, sino también su legado. Uno está constantemente repensando el pasado y el futuro de esa lengua y de esa cultura, en tanto que esa lengua y esa cultura no son obvias o socialmente no están marcadas como culturas y lenguas obvias, naturales y hegemónicas. Eso también te obliga a cuestionarte constantemente qué estás haciendo y cómo lo estás haciendo. Y esta pregunta que me da el hecho de escribir en catalán, ha marcado totalmente mi escritura. Es decir, yo creo que no hubiera escrito lo que he escrito y no hubiera llegado a los sitios donde he llegado si hubiera escrito en una lengua que no es esta.
Igual no tiene mucho que ver, pero los medios preguntamos mucho a los grupos de música de chicas, por ejemplo, cómo es ser un grupo de chicas, pero no se lo preguntamos a los grupos de chicos.
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Exacto, y sí que tiene muchísimo que ver. Lo que ocurre con la lengua es que estamos todos muy sensibilizados con cuestiones de racialización, de género, de sexualidad y, cada vez más, de clase. Pero, en cambio, no estamos nada socializados, y menos en este país, con cuestiones que tienen que ver con lengua y con cultura. Parece que la violencia lingüística y cultural no existen o es algo menor. En realidad, y eso lo dice Elena Yásnaya Aguilar, una lingüista que me fascina, los derechos lingüísticos son los primeros por los que deberíamos luchar y que deberíamos reivindicar, porque sin lengua no hay existencia, y sin lengua no podemos reclamar los otros derechos, ni podemos articular las otras luchas. La primera lucha que deberíamos tomar política y socialmente es la lingüística y la cultural, porque sin lengua no hay comunidad, y sin lengua no hay exigencias, no existe la posibilidad de articular las otras luchas.
Para terminar, dijo antes que uno toma conciencia de cómo va el libro porque se reedita o porque la gente va a las firmas. ¿Son las firmas lugares en los que la literatura cobra vida al encontrarse el autor y el lector? ¿Qué ha aprendido de sus encuentros con los lectores de Reliquia?
Sí, totalmente. Para mí, lo bonito de estos últimos meses es que las firmas, los clubes de lectura y las presentaciones han sido espacios de encuentro y de compartir muchas historias con los lectores. La gente me ha contado cómo el libro ha resonado en sus biografías y en sus historias personales, así que de estos meses me llevo muchas cosas y me siento cargado de historias. Han sido meses en los que he podido leer muy poco y no he escrito nada, pero, en cambio, tengo la sensación de haber leído muchos libros por lo que la gente ha compartido conmigo. Esto es muy valioso, ya que me tomo el proceso de publicación y recepción como un momento en el que el libro se sigue escribiendo. Cuando imprimes el libro, todavía no está terminado. A mí me gusta acabar de escribirlo con los lectores, porque es cuando lo que has escrito realmente se eleva y cobra un nuevo sentido. Ahora tengo la sensación que es imposible separar Reliquia, y la historia que se cuenta en ese libro, de todas las historias que me han contado los lectores en estos encuentros. De hecho, cuando pienso en Reliquia, hay veces en las que pienso más en estas historias que se han invocado en los últimos meses que en la historia que aparece en el propio libro.
