Abascal y los 3 caballos

Diego Míguez Lois

Tras las elecciones extremeñas, alguien escribió que Santiago Abascal cabalgaba a lomos de Alberto Núñez Feijóo. La imagen hizo fortuna. Pero después de los resultados aragoneses, conviene afinarla. Abascal sí cabalga, pero no sobre un solo caballo ni gracias a un solo partido. Cabalga sobre tres: la vivienda, la fiscalidad y  la alimentación. 

El primer caballo: la vivienda

La vivienda se ha convertido en un problema estructural. Los precios no dejan de  subir por ninguna de sus dos vías. En 2025, el precio de la vivienda en compra-venta aumentó un 12,8% interanual, encadenando ya 46 trimestres consecutivos de subidas, según el Instituto Nacional de Estadística. Al mismo tiempo, el mercado del alquiler mantiene una escalada sostenida: el precio medio cerró el año con un  incremento del 6,9%, acumulando subidas continuadas desde 2015, según Fotocasa. Este doble encarecimiento está tensionando el acceso a la vivienda y erosionando las condiciones de vida de amplias capas de la población,  alimentando un malestar social cada vez más visible. 

Sin embargo, este caballo puede convertirse en un troyano para Vox si la izquierda demuestra capacidad de gobierno. En este sentido, es justo reconocer el paso dado por el Parlament de Catalunya al regular los alquileres de temporada y por habitaciones, una modalidad que se estaba utilizando de forma masiva para sortear los límites de la Ley estatal de Vivienda. Pero ese avance legislativo exige ahora una  segunda fase. En Barcelona se ha de impulsar los recargos del IBI previstos en la Ley de Vivienda para movilizar vivienda vacía en manos de grandes propietarios y  adelantar, en la medida de lo posible, la prohibición de los pisos turísticos. No  hacerlo deja un flanco abierto a una crítica recurrente —la supuesta reducción de la oferta en la ciudad condal— y convierte una política pensada para proteger a los  inquilinos en munición para quienes viven del desgaste social. La capital catalana tiene la oportunidad de ser, una vez más, la punta de lanza contra la extrema derecha. 

Es cierto que la izquierda atraviesa un momento de falta de credibilidad y que, en el poco tiempo que queda hasta las próximas elecciones generales, será difícil revertir por completo esta dinámica

El segundo caballo: la fiscalidad 

Con una inflación desbocada, salarios que no dan para llegar a fin de mes y  servicios públicos deteriorados tras años de gestión del Partido Popular, son cada vez más los ciudadanos que se preguntan para qué pagan impuestos

Desde la crisis de 2008, la carga fiscal en España se ha desplazado de forma estructural hacia quienes menos tienen. Subidas de impuestos indirectos y mayor presión sobre las rentas del trabajo. En ese contexto, la recaudación por IRPF se sostiene esencialmente sobre las rentas del trabajo mientras las rentas de capital y los grandes patrimonios aportan menos. Pero no solo las rentas del trabajo cargan con ese peso. Los autónomos afrontan cuotas a la Seguridad Social difíciles de asumir para los tramos más bajos y alquileres comerciales al alza, mientras que muchas pymes soportan una presión efectiva en el Impuesto de Sociedades superior a la de grandes empresas que, además de tipos más favorables, cuentan con mecanismos de ingeniería fiscal para reducir su contribución real. 

Por todo ello, 2026 debería ser el año para abordar una reforma fiscal integral y verdaderamente progresista. Propuestas en esa dirección ya están sobre la mesa, como la de Izquierda Unida hace un par de meses, y que deben apuntar a un objetivo claro: corregir un sistema que hoy castiga al trabajo, a los autónomos y a las pequeñas empresas mientras permite a los grandes actores contribuir menos de lo que les corresponde. 

Además, la apertura de la negociación sobre el modelo de financiación autonómica ofrece una oportunidad que no debería desaprovecharse. Fiscalidad y financiación territorial van de la mano, y repensar una sin la otra limita cualquier intento serio de reforma. Afrontar de forma conjunta ambos modelos permitiría no solo reducir el  sentimiento de injusticia social, sino también el sentimiento de agravio territorial de que unos territorios siempre salen ganando y otros siempre pagando la factura, abriendo un terreno más fértil para el entendimiento político entre fuerzas de  distinto ámbito territorial. 

El tercer caballo: la alimentación 

Este sí es, probablemente, el gran caballo de Vox y de su líder, Santiago Abascal. En un país como España, donde el valor del buen comer y de la calidad de los productos forma parte de la cultura cotidiana, el encarecimiento de los alimentos no se percibe solo como un problema económico, sino casi como una agresión a la  vida diaria. 

Las causas son múltiples y se superponen: el impacto del cambio climático sobre la producción, la debilidad en la aplicación de la Ley de la Cadena Alimentaria, la falta de servicios públicos y oportunidades en el medio rural, y una cadena de distribución cada vez más concentrada. El resultado es una paradoja conocida: el productor cobra poco, el consumidor paga mucho y el malestar se extiende

Afrontar este problema exige un análisis profundo de lo que está ocurriendo en el campo y la valentía de impulsar medidas estructurales, desde reforzar de forma  efectiva la cadena alimentaria hasta explorar fórmulas de intervención pública en la distribución que garanticen precios justos para productores y consumidores. 

Es cierto que la izquierda atraviesa un momento de falta de credibilidad y que, en el poco tiempo que queda hasta las próximas elecciones generales, será difícil revertir por completo esta dinámica. Pero si allí donde gobierna es capaz de empezar a contener el precio de la vivienda y de avanzar hacia una fiscalidad más justa, puede volver a generar confianza en las propuestas que hagan.

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Diego Míguez Lois es socio de infoLibre.

Diego Míguez Lois

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