Dejad que me acerque a los niños
Tras haber abandonado Galilea, se hallaba Jesucristo en Perea, una región situada al este del río Jordán, en la actual Jordania. Corría el año 30 d. E. –después de Él– y el Maestro mantenía un acalorado debate con los fariseos sobre el matrimonio, el divorcio y el fuera de juego. Había mucha gente congregada, pues era el Mesías una celebridad local, como lo podría ser hoy en España, Detective Murciano.
El Verbo estaba acompañado por sus discípulos, quienes, al ver que era mucha la gente que traía a sus hijos para que el Ungido orara por ellos, se enojaron y reprendieron a las familias diciendo que estaban molestando a Yahvé. Pero el Hijo de Dios se irritó y pronunció su famosa frase: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
Mateo, Marcos y Lucas recogieron la reprimenda por separado en la segunda parte del libro de frases célebres del Rey de Reyes, conocido popularmente como la Biblia. Frases que también pueden atribuirse a un triángulo con un ojo dentro y una paloma. Sé que cuesta entender esto. Yo estudié con los Agustinos hasta los 18 años y no lo terminé de pillar.
Pero vayamos al asunto que luego me sobran caracteres.
La semana pasada, el diario El País publicaba que “el Vaticano había dado un portazo de difícil explicación a la acusación contra el último obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, por agresión continuada a un menor en los años noventa”.
Resulta que el Dicasterio de Doctrina de la Fe –otra cosa no, pero esta gente se curra los nombres– se agarraba a un tecnicismo jurídico de su normativa canónica interna que resulta confuso y controvertido: que la víctima era mayor de edad.
Yo creo que no. Que el “tecnicismo” al que se refiere el Vaticano es la frase del Hijo Unigénito: "Dejad que los niños se acerquen a mí". Si somos rigurosos, en ella no se especifica la distancia mínima a la que un niño se puede acercar a un cura, un obispo, un cardenal o un Papa. O viceversa. Es más, deja a la libre interpretación del Vaticano, de cualquier autoridad eclesiástica o judicial o de esa patulea guardiana de los sentimientos religiosos que es Abogados Cristianos que se pueda, incluso, “entrar” en el niño.
Y aprovecho la mención a esta agrupación folclórico-religiosa-inquisitorial para reproducir el 'zasca' que, según Lucas, les soltó el Nazareno a los abogados de la época al entender que su interpretación de la Ley de Dios oscurecía su verdadero significado ante los ojos del pueblo:
“¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! Porque habéis quitado la llave del conocimiento de la verdadera Ley de Dios; vosotros mismos no entrasteis y, a los que querían entrar, se lo impedisteis”.
Lucas se refería a entrar en el Reino del Todopoderoso, porque entonces no existía el Vega Members Club. Y, si existía, no se llamaba así ni Tamara Falcó era socia.
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Alfredo Díaz es socio de infoLibre.