Derogar el sanchismo

Javier C. Fernández Niño

Aquí estamos. A un paso del sueño, ¡qúe digo sueño!, a un paso de la redención de la Patria de un socialismo distorsionado por un presidente felón, traidor, mentiroso, filoterrorista, cómplice de corruptos y disgregador de las Españas.

Ya llegan las fanfarrias acompañadas de un grito unánime (y pobre de aquél que no lo chille): De-Ro-Ga-Ción... ¡Derogación!

Derogaremos el sanchismo y sus nefastas consecuencias, a saber:

¡Pensionistas! Recibiréis en vuestro domicilio una carta muy bien firmadita por nuestro excelentísimo presidente que arribó de allá de las Galicias, en la que se os comunica que la pensión pasará a ser de 664€ mensuales, resultado de incrementar el 0,25% la que teníais en 2018 (gracias, gracias, plas, plas). Ya pensaremos si tenéis que devolver los 200€ que estáis cobrando de más. Por descontado, volverá el co-pago farmaceútico, para que sepáis lo que cuesta la medicación que derrochan, como si fuera suya, estos manirrotos.

En la capital, anunciamos el gran estreno del maravilloso thriller, guión de Miguel Ángel Rodríguez y dirección de Isabel Díaz Ayuso, “No es Madrid para viejos”, en donde se detalla el protocolo a seguir con el fin de lograr la necesaria regeneración demográfica. Dícese por ahí que están todos los jóvenes invitados a unas cañitas en la carpa “Libertad o comunismo”, a cuenta de no sé qué mascarillas.

¡Trabajadores! Volveréis a cobrar 735€ mensuales fijos y para siempre, porque las cláusulas de descuelgue serán preponderantes en los convenios colectivos (rara e insana secuela del sindicalismo mal entendido) que aún queden vigentes: la negociación directa entre empleador y empleado es la mejor de las negociaciones. Eso si tenéis un empleo fijo y a jornada continua, un lujo del que os deberéis ir despidiendo. No os preocupéis, porque os bajaremos los impuestos: ya nos inventaremos alguna mentirijilla piadosa para que os creáis que de una cuota de cero patatero os bajamos algo (con un Padre Nuestro y tres Ave María, pecado venial solucionado).

Derogaremos también el bono de cercanías, que no están las cosas para trenes (quepan o no en los túneles) y podréis entrar en el centro de las ciudades con vuestro diésel del año de la Piquer, siempre y cuando llevéis una plantita en la ventanilla o en el interior. Si hay demasiados coches, tranquilos también: talaremos los árboles que dificulten la circulación y/o el aparcamiento.

Fuera también el “timo ibérico”, el bono energético y demás pesebres que esclavizan el voto. Todos los ciudadanos deben ser iguales, y, por tanto, deben pagar lo mismo por los suministros.

Y qué decir de las “paguitas” a los gandules, y, especialmente, a las gandulas que ni han querido ni quieren trabajar bajo la excusa de que han de ocuparse de cuantos hijos Dios quiera darles, de la casa y del marido, santo varón que lleva el sustento de la familia.

Adiós a las exenciones y ayudas a ganaderos, agricultores, pescadores y transportistas, así la barra de pan podrá sobrepasar la barrera psicológica de los dos euros, igualando el precio de una (y solo una) sardina. De lo que se meta dentro del pan... para las próximas elecciones (ahora no toca).

Derogaremos la ley de vivienda y la ley trans, porque apostamos por la familia tradicional. Fomentaremos la reagrupación familiar a través de una política de vivienda enfocada a la liberación de todo el suelo urbanizable (y el que no lo sea, lo recalificaremos) para que solo unos pocos privilegiados, perdón, desarraigados, puedan vivir independientemente. Abuelos, padres, nietos y demás familia cohabitarán en su pisito de 60 metros cuadrados en paz y armonía, con lo que tantos sueldos y pensiones en una misma unidad familiar dejan sin sentido el tope a los alquileres, que podrán subir tanto como quieran los grandes tenedores. Esta nueva/vieja concepción de la unidad familiar, nos llevará a una educación adecuada, dismimuyendo el impacto que la enfermedad o epidemia de la homosexualidad y demás comportamientos análogos está causando en nuestros jóvenes. Se derogará la posibilidad de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo (a los homosexuales nuestros les dispensaremos con una bula, les convenceremos para que no hagan mucho ruido y a otra cosa mariposa. Si las puertas de los armarios estuvieron abiertas para salir, también lo están para entrar).

Para los jóvenes, tenemos un ambicioso plan de extensión de las redes, y, en especial, del 5G, con lo que podrán dar rienda suelta a su creatividad tiktokera, incluyendo caricias (algunas tontas feministas las llaman bofetón o agresión) más o menos intensas. Para cubrir sus necesidades de expansión y divertimento, podrán acudir libremente a experimentar el riesgo y el subidón de adrenalina que se siente al ingresar en las casas de juego que libremente podrán instalarse en cualquier lugar de nuestras ciudades.

Queda mucho por derogar aún, hasta conseguir que vuelva a haber dos clases sociales muy determinadas: “los nosotros” y los demás

Derogaremos la Ley de Educación socialetarracomunista. Garantizaremos la libertad de elección de alumnos; esto es, que los colegios puedan elegir libremente a los alumnos que quieran admitir. La política de becas se concentrará en que aquellos alumnos elegidos puedan asistir a esos centros, con independencia de si sus padres tienen ingresos millonarios. Se subvencionarán aquellos centros que incluyan en sus proyectos curriculares una educación moral, religiosa y política adecuada, huyendo de adoctrinamientos (otros adictrinamientos). Por supuesto, esa educación será toda en español (¡casi ná!). Se creará una división de logopedas para todos los alumnos que hablen raro. El resto de niños tendrá libertad de elegir los barracones a los que quieran asistir, en los que se garantiza una ratio profesor/alumno de un mínimo de 50 y un máximo de 500.

Potenciaremos la sanidad a través de la implementación de los seguros de sanidad privada, cediendo o vendiendo nuestra red de hospitales y ambulatorios a empresas de acreditada solvencia y rentabilidad. Se buscará la eficiencia de los recursos con medidas de racionalización de los servicios. Por ejemplo, no se podrá realizar más de una radiografía por paciente y mes. Crearemos una red de beneficencia sanitaria para el resto de españoles y solo españoles (los emigrantes no importan, que hay muchos), en donde hallarán consuelo espiritual, al estar atendida básicamente por religiosas de las distintas congregaciones.

Revitalizaremos la vida municipal, tomando como ejemplo los eventos pasados en la ciudad de Valencia. Volverán las Copas de América, la Fórmula 1 (a precios PoPulares de 200€ la entrada) y las visitas del Papa (Francisco no, que es filocomunista). Con ello garantizaremos el lucro personal de unos cuantos, imprescindibles para seguir derogando al Sanchismo, al mismo tiempo que el déficit y la deuda se elevarán hasta ahogar el presupuesto municipal.

Derogaremos también esos milloncicos de euros que Europa nos ha dado y que solo han servido para crear unos cuantos empleos para paniaguados y sospechosos de connivencia con Sánchez y sus secuaces. Derogaremos a los más de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social, que pasarán a ser buscadores activos de emprendimiento sin ningún tipo de subsidio ni prestación.

Y, por fin, para mayor gloria de nuestra (y solo nuestra) España, derogaremos los partidos políticos que no se ajusten a nuestros (y solo nuestros) principios constitucionales. Empezaremos por EH Bildu. Que terminemos con el PSOE, dependerá de si éste se comporta como buenos socialistas, es decir, liberales, socioconservadores y neopseudofascistas.

Queda mucho por derogar aún, hasta conseguir que vuelva a haber dos clases sociales muy determinadas: “los nosotros” y los demás. Para ello necesitamos el voto de todos los españoles de bien (y los de no tan bien, también nos valen de momento), y, a tal fin, estableceremos una red de tweets y eslóganes sin contenido ni sentido alguno.

Y entre los muros de Génova 13 rememoraremos entre risotadas a Polanski: “votad, votad, malditos”.

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Javier C. Fernández Niño es socio de infoLibre.

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